30 diciembre 2005

El Nuevo Centro

Este es el último análisis del año y es el momento en que los columnistas hacemos balances, resúmenes, damos premios y tiramos tomates. Las páginas están llenas de “Lo mejor de 2005”, “Los más destacados del año”, etc. Sin embargo, me voy a alejar de semejante tentación. La verdad es que si alguien se merece algún premio, son los lectores que, nuevamente, nos han aguantado pacientemente enfrentándose día a día a una realidad que, a pesar de tanta tinta utilizada, no cambia.

A lo largo de estos doce meses, algunos de ellos me han preguntado muchas cosas. He tratado de contestar siempre, pero hay una pregunta que se repite y a la cuál no he dado aún respuesta: ¿Usted es de izquierda o de derecha? Voy a aprovechar el final de año para dejar sentado el planteamiento que la responde.

En Colombia los partidos están divorciados de las ideologías y lo que aquí se entiende por conservatismo o liberalismo nada tiene que ver con lo que ocurre en el mundo. Este divorcio generó dos cosas nefastas. La primera es que el caudillismo se apoderó de la política y la segunda es que las colectividades se convirtieron en máquinas electorales que no responden a las necesidades de los ciudadanos.

Ante esa realidad, mientras no se den procesos que generen un aggiornamento de las ideas políticas locales al mundo contemporáneo, no vale la pena hacer ningún tipo de esfuerzo partidista. Dicho de otro modo, mientras conservadores y liberales sigan pensando como se pensaba hace un siglo, nuestros partidos seguirán teniendo una talla menos que nuestra sociedad.

En el mundo complejo de hoy, hay realidades producto de la madurez de la humanidad. Una primera es el Estado social, que parte de la realidad de la desigualdad y promueve la igualdad material. Otra es la necesidad de proteger la dignidad de la persona humana y evitar que el individuo se convierta en un medio del Estado. Y una tercera: La base de la sociedad es la libertad, que impone la necesidad de que las posturas no sean totales. En Colombia, sin embargo, algunos siguen pensando que estas son máximas ideológicas. Pero están equivocados. Se trata del simple desarrollo humano.

Con lo anterior claro, el siguiente paso es tratar de tener una postura frente a cada tema particular. Por ejemplo, no toda interrupción de un embarazo debe ser un delito. Una unión homosexual no daña la sociedad mientras que una adopción sí puede hacerlo. Cualquier política antidroga tiene componentes económicos y de salud pública. No se pueden imponer los valores por la fuerza, especialmente a grupos culturalmente diversos. La religión es una opción para todos, menos para el Estado. Los conflictos se solucionan hablando. La libertad implica una responsabilidad personal y colectiva.

Las posiciones totales no son para los tiempos actuales en los que la diversidad se ha impuesto como parte de la condición humana. Menos aún en Colombia, en donde esa diversidad hace parte de la riqueza nacional. Culturalmente nos expresamos de mil formas. Políticamente, lástima, nos expresamos de manera muy anacrónica. Sin embargo, interpretar la realidad en cada caso es una opción. Muestra que no todo es blanco o negro. Muestra que hay un centro. Un nuevo centro. Feliz 2006.

23 diciembre 2005

¿Por qué va a perder Uribe?

Desde que las encuestas entraron al mundo de la política todo cambió. Los resultados que antes se veían al final de los conteos empezaron a ser relativamente predecibles aplicando técnicas matemáticas y porcentajes. Pero ojo: estos sondeos no sólo fallan a veces, sino que en algunos casos generan dinámicas que pueden llevar a quien vaya encabezando las preferencias a una derrota. Esto es, precisamente, lo que tiene preocupado a Álvaro Uribe.

Existen un fenómeno que, en el caso del presidente, lo puede dejar sin un nuevo cuatrenio y que consiste en que cuando un candidato tiene unos porcentajes muy altos en las encuestas, las variaciones que se presentan en las cifras son siempre hacia abajo. Cuando esto sucede, el candidato entra en una carrera contra el tiempo. Ejemplos se han visto aquí y afuera.

El ejemplo local por excelencia fue la elección del propio Uribe. Horacio Serpa, quien parecía imbatible, terminó mordiendo el polvo por este fenómeno. Luego vino la elección por la Alcaldía de Bogotá. Juan Lozano tenía todo a su favor cuando Lucho empezó a quitarle puntos. Al final, Lozano rezaba para que llegara el día de las elecciones. Pero se demoró. Su variación porcentual fue siempre fue hacia abajo y terminó derrotado.

El mejor ejemplo externo es el de la reciente elección en Alemania. Las encuestas indicaban que Angela Merckel destrozaría a Gerhard Schröder y al final su porcentaje empezó a bajar a tal velocidad, que una semana más de campaña la habría derrotado.

Lo anterior en el plano de las elecciones presidenciales que se avecinan tiene una connotación muy importante. Uribe lleva cuatro años en campaña con todos los recursos a su disposición y tiene el 70% de preferencia. Sin embargo, ninguno de sus contendores ha empezado a hacer campaña. Cuando comiencen sus porcentajes empezarán a subir y el de Uribe, a bajar. Será una carrera contra reloj.

El tiempo no alcanza para que Uribe baje tanto como para que alguien lo sobrepase. Además, el porcentaje restante se dividirá entre varios aspirantes. Pero ese mismo tiempo sí va a alcanzar para reducir la votación del presidente a menos del 50%. Si esto sucede, terminará perdiendo por una sencilla razón: tendrá que enfrentarse en segunda vuelta a quien quede de segundo y ese candidato, sin importar su nombre, unirá en torno a él al país que no quiere que haya segunda parte de la película uribista.

Bueno, tolo lo anterior es un análisis que no incluye la influencia que el tema de la paz y de la guerra tiene en la política colombiana. Porque si se le agrega ese componente que, dicho sea de paso es el que puso a Pastrana y a Uribe en Palacio, la cosa puede resultar aún peor.

La paradoja es que la batalla electoral de Uribe no será por quedar de primero, sino de ganar con el porcentaje necesario. Una batalla contra los números, como lo fue la del referendo. Lo dijeron entonces los medios: “A pesar de sacar más votos a favor, el presidente, molesto, se tomó unas gotas y dijo: ‘Lina, vámonos ya que esta vaina se perdió’".

17 diciembre 2005

El llanero solitario

En Colombia lo inusual, a fuerza de repetirse, termina pareciéndonos normal. Hay un gran ejemplo histórico. En buena parte del siglo pasado lo normal fue vivir en Estado de sitio que, por definición, era un estado de excepción. Y hay otro gran ejemplo actual. La sociedad se acostumbró tanto a los paramilitares, que en muchos casos se les considera algo simplemente normal.

Acostumbrarse a las situaciones excepcionales lleva a que, muchas veces, se descalifique a quien se atreve a llamar la atención sobre el hecho. Es precisamente lo que le ocurrió al expresidente César Gaviria al denunciar que hay listas uribistas al Congreso plagadas de paramilitares que aspiran a una curul.

Gaviria, uno de los pocos frenteros de los pesos pesados de la política actual, no ha tenido pelos en la lengua para hacer esta denuncia. Y le han llovido rayos y centellas. Lo grave es que esa lluvia no ha llegado desde las gargantas de los jefes políticos de las listas señaladas, que serían los naturalmente llamados a hacerlas. Han llegado desde el curubito del propio gobierno, en cabeza del vicepresidente.

¿Por qué sale el vicepresidente, un funcionario del Estado, a intervenir en un tema que es esencialmente político? El no está legitimado. Al fin y al cabo no se ha inscrito formalmente como candidato a nada. ¿Entonces?

Por otro lado, si ya es raro y sospechoso que Santos salga a defender a Uribe, más lo es la manera en que lo hace: descalificando en términos electorales el llamado de atención del jefe del liberalismo. Es probable que Gaviria al hacer la denuncia tenga una intención política. Pero es que no sólo tiene derecho a tenerla sino que su trabajo consiste en hacer política y evitar que se la hagan en contra a su partido, sobre todo, a punta ilegalidades.

Adicionalmente, hay que decir que la postura trasciende lo electoral. No es sólo grave en términos de votos para lo opositores de Uribe que el paramilitarismo incluya sus hombres en las listas que apoyan al presidente, sino que lo es para el país en términos de civilización. Esto, así a muchos les parezca normal o algo propio de nuestra política o nuestra cultura.

Gaviria ha puesto el dedo en la llaga gritando a los cuatro vientos que hay paras en listas uribistas y que el presidente debería tener una postura pública frente al tema y muy pocos lo han apoyado en el debate. ¿En dónde están los candidatos a la presidencia respaldando la evidente realidad de lo denunciado? ¿En dónde los medios o la sociedad?

El expresidente liberal, como parte de la oposición, se ha convertido en un llanero solitario en la lucha política de los grandes temas. Ha tenido la fuerza y la valentía para enfrentar el dedo juzgador del uribismo y cargar con la respectiva cuota de impopularidad. Mejor dicho, es el único que está actuando como verdadero candidato a la presidencia, sin serlo.

10 diciembre 2005

Vaivén humanitario

Los políticos, así sean presidentes, hacen política. Eso no tiene nada de inusual. Por eso a nadie le puede parecer raro que el presidente Uribe haya hecho política desde que se posesionó y más ahora que se volvió candidato. Pero, en palabras del filósofo de Buga, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Sí, porque una cosa es que cada acto del gobierno de Uribe tenga una intención electoral y otra muy diferente es que la política frente al secuestro se acomode a las malas para lograr réditos en las urnas.

La posición de Uribe frente al intercambio humanitario había sido clara desde que lo eligieron: No rotundo. El presidente, consecuente, incluso perdió amigos suyos en intentos de rescate que terminaron en tragedia. Pero al acercarse las elecciones, esa coherencia se ha ido perdiendo y el gobierno ha comenzado a revolver el río para ver qué pesca.

¿Cómo puede ser posible que a medida que se van acercando las elecciones comience Uribe a abrirse más y más a la posibilidad de un intercambio humanitario y a ir dejando de lado las exigencias que siempre mantuvo? Las explicaciones son todas electorales y se resumen en dos.

La primera es que así puede ayudar a mantener la ilusión. Los resultados de la política de seguridad son más mediáticos que reales y su supuesto éxito radica en que se han logrado crear burbujas dentro de las cuales las clases más favorecidas se sienten seguras; van a sus fincas escoltados por la fuerza pública o se mueven en zonas donde los paramilitares, que muchos han financiado, han creado una paz ficticia a punta de miedo.

Como por fuera de esas burbujas todo está igual o peor que antes y el gobierno lo sabe, la nueva postura es útil. Ahí, donde se siente y padece la guerra en toda su magnitud, donde se ve la realidad del asunto, hay que hablar de paz para atrapar votos.

La segunda explicación es que con el cambio de postura el presidente manda el mensaje de que el corazón grande sí existe. La impresión que se pretende dar es que Uribe es un presidente que ya no solamente reparte mercados, da dinero y ayudas e inaugura obras sino que ahora, además de todo eso, le extiende la mano a los secuestrados.

Se podría tratar de justificar esta actitud diciendo que Colombia es un país en el que la guerra juega un papel electoral y se podrían mencionar los casos de Andrés Pastrana y del propio Uribe, que ganaron por sus posturas frente al tema. Pero esos ejemplos no sirven porque ni Pastrana ni Uribe eran presidentes antes de que los eligieran ni venían implementando una política de Estado propia frente al asunto.

Ahora, sin embargo, la cosa es distinta. Uribe es presidente y candidato también y mientras como presidente juega a que ni habla ni hace el acuerdo, como candidato dice que con todo gusto. El problema es que en semejante vaivén de posiciones a los secuestrados se les pasan los días en el monte y se les va la vida minuto a minuto entre la manigua.

03 diciembre 2005

Sin trapo rojo

Tal vez la última elección presidencial en la que al Partido liberal le sirvió eso de agitar el trapo rojo fue aquella en la que ganó Virgilio Barco. El contrincante fue Álvaro Gómez y todos los fantasmas del sectarismo, propios de las épocas anteriores al Frente Nacional, fueron invocados para darle a Barco una amplísima victoria.

Desde entonces los presidentes han llegado a Palacio en virtud de factores diferentes del partidista. Gaviria ganó impulsado por el sentimiento que despertó el magnicidio de Galán, Samper, antes de los escándalos, porque representaba la democracia social, Pastrana por ser esperanza de paz y Uribe por ser esperanza de guerra.

Por lo anterior es que a muchos les sorprende que el expresidente Alfonso López, a sus años, se juegue para que el liberal vuelva a ser un partido de mayorías. Sin embargo, nadie debería rasgarse las vestiduras. Si algo está haciendo López es tener en cuenta los factores que, como está la política, se deben entender con prioridad.

Con el nuevo sistema electoral, lo importante son los partidos. No se trata de un llamado al sectarismo sino del uso del sentido común en la política. Las colectividades tradicionales tienen que echar mano de lo que está a su alcance para fortalecerse. Lo que pasa es que lo han hecho de manera muy diferente. Mientras el Partido conservador acudió al trueque de las genuflexiones por los puestos, el Partido liberal está acudiendo a la batalla electoral.

Esta elección de los liberales de dar la pelea en las urnas es un acierto. Sin embargo, su éxito se puede ver empañado por quienes ponen sus aspiraciones personales por encima de lo que más conviene al partido. El ejemplo más claro es Horacio Serpa. En él confluyen dos condiciones muy particulares: lo tiene todo para ganar la consulta interna del partido, pero también para perder la presidencia. Seguramente barrerá a sus oponentes en la elección interna del liberalismo, pero como hace cuatro años, Uribe lo molerá en la urnas.

Por eso la apuesta liberal debería ser otra. Con la fuerza que tiene, Serpa debería encabezar la lista del partido al Senado. Eso aseguraría un bloque parlamentario que le permitiría al liberalismo consolidarse. Por otro lado, la carta a la presidencia debería ser César Gaviria, uno de los pocos que en la Colombia extrema de hoy se atreve a cantarle la tabla al presidente Uribe. Su visión del Estado es amplia y no local y es la antítesis de la política al detal. Con él el liberalismo tendría una oportunidad de reconquistar la presidencia.

Lo anterior es el resultado del análisis frío. Pero la política, en la práctica, es todo menos fría. Por eso es muy probable que Serpa gane la candidatura y que al final no llegue a la segunda vuelta. En ese momento el liberalismo terminará apoyando a quien se enfrente a Uribe en definitiva. Como ahí todos se unirán contra el presidente, el resultado puede ser sorpresivo. Serpa derrotado se volverá a retirar para siempre, volverá a ser embajador y a los cuatro años querrá repetir como candidato. No lo logrará. ¿Por qué? Elemental: porque para ese momento el candidato será César Gaviria.

25 noviembre 2005

El conejo azul

La semana pasada hice referencia a la consulta popular del Partido Conservador para decidir si tiene candidato propio y recibí unos mensajes en los que se me pedía aclarar por qué ese mecanismo me parece una farsa y por qué creo que ese partido carece de vocación de poder. Veo que lo que se me hizo obvio no lo es para muchos y por eso reitero lo dicho agregando que el análisis parte de la teoría política, de la realidad nacional y de la ley.

De la teoría política porque, desde que se inventaron que la lucha por el poder se podía estudiar científicamente, los politólogos, una vez más, descubrieron el agua tibia: que la democracia se potencializa a través de los partidos cuyo objetivo es llegar al cargo de mayor decisión en el Estado. Es lo que se llama vocación de poder.

Los partidos buscan el poder con uno de sus miembros o con una coalición, dependiendo de la realidad en un momento dado. Y la realidad en este momento es que el país está destrozado y necesita opciones. Crece el desplazamiento, se aumenta la desigualdad y la supuesta seguridad tiene que ver más con las sensaciones y menos con las situaciones. Frente a estos desafíos el conservatismo está paralizado y con la consulta la única opción que presenta es la de “conservar” el statu quo de miseria económica y política.

Ante la ley la situación no es mejor. La Constitución establece que los estatutos de los partidos son su legislación y los del conservatismo disponen que, en la consulta popular, se debe preguntar “si el partido desea tener candidato propio o candidato de coalición”. Sin embargo, en el tarjetón se preguntará sólo si el partido quiere un candidato de alianza y no si quiere un candidato propio. Por lo tanto la pregunta está incompleta e induce al error.

Lo anterior no es especulación. Ahí están los libros, las cifras y el tarjetón para demostrarlo. Y eso sin tener en cuenta el punto de vista político. Porque si se tiene en cuenta, es obvio que se inventaron la consulta para legitimar una decisión ya tomada. Se quiere que los conservadores se vayan con Uribe porque eso les asegura burocracia. Por eso se amañó la redacción de la pregunta y se incluyó en el tarjetón una leyenda, que al final parece se tuvo que suprimir por puro pudor, que decía: “Si quiere apoyar a Álvaro Uribe Vélez, marque SI”. ¡Qué horror!

Como si fuera poco, se ha promovido la consulta pidiendo que se vote por Uribe. ¿Quién paga la pauta? ¿El directorio conservador? ¿El Estado? Y dos perlas más: la primera, en la consulta puede participar cualquiera así no pertenezca al partido. Y la segunda, uno puede votar varias veces tan sólo cambiando de puesto de votación. Muy democrático.

El conservatismo perdió su vocación de poder, no le responde al país, promueve una consulta ilegal y se burla de la democracia. La dirigencia azul no puede seguir “poniéndole conejo” a su electorado, hipotecando el partido y metiendo la mentira de que sólo habrá futuro dentro del bolsillo del Presidente. ¿En dónde están acaso las autoridades electorales? ¿Quién es el encargado en la Colombia de Uribe de controlar este tipo de cosas?

19 noviembre 2005

Democracia de verdad

La política es, por excelencia, un escenario de confrontación en el que la palabra es la punta de lanza. Claro, a veces la cosa se va a las manos como sucede en muchos países asiáticos, o a las balas, como pasa en Colombia. Pero esas son excepciones. La mayoría de las veces la lucha se gesta con ideas en los parlamentos o en los medios y el debate, por más que se caliente, se dirime en las urnas en términos democráticos.

En la política la polarización es un fenómeno natural. La realidad es que, entre grupos opuestos, a mayor distancia ideológica, el debate se va a extremos. Sin embargo, esto no implica que la política no pueda ser un punto de encuentro a favor de los pueblos. El mejor ejemplo es Alemania. Luego de más de dos meses de negociaciones, los partidos mayoritarios de ese país, férreos opositores entre si, firmaron ayer viernes un “Contrato de coalición” para gobernar conjuntamente.

El llamado Koalitionsvertrag es un ejemplo de civilización para muchos. Para Colombia en particular, la lección de democracia cae como anillo al dedo. Parte de la enseñanza es para el gobierno de Uribe y consiste en que las coaliciones no pueden basarse en acuerdos burocráticos para granjearse apoyo parlamentario. Lo primero a la hora de hacer un pacto político debe ser el país y no, como ha sucedido en Colombia, las aspiraciones personales.

Por otro lado la lección también es para los partidos políticos. En Alemania, por más pequeños que sean, por más insignificantes que puedan parecer frente a los grupos mayoritarios, todos se juegan en las urnas y con base en los resultados es que se sientan en la mesa de negociación. En Colombia, con contadas excepciones, es distinto.

El ejemplo es el Partido Conservador que le teme a las urnas y se arrodilló para colincharse del bus uribista. Para legitimarse quiere hacer una consulta popular a la carrera, mecanismo que no es más que una puesta en escena mediática y bufa para que sus dirigentes puedan sonreír ante las cámaras y tratar así de explicar lo inexplicable: que el partido moribundo carece de vocación de poder. Ojalá alguien con dos dedos de frente y uno de valentía se revelara contra semejante comedia.

Finalmente, la lección también es para el Estado como estructura. Alemania llevaba dos meses con un gobierno de papel y la posibilidad de que ese tiempo se extendiera más. Sin embargo, todo marchó en el engranaje estatal mientras se resolvían las cosas. Funcionaron los ministerios, las dependencias despacharon a pleno vapor y nada se detuvo a pesar de la zozobra. Una prueba de que el Estado es siempre más importante que el gobierno y de que sí es posible poner “la patria por encima de los partidos”.

Se me puede contradecir con el viejo argumento de que estamos en Cundinamarca y no en Dinamarca. Es cierto. Pero precisamente por eso es que hay que aprender la lección. Para que algún día Cundinamarca pueda ser como Dinamarca y para que esta democracia que tanto queremos y por eso tanto aporreamos, sea una democracia de verdad verdad.

05 noviembre 2005

Del dicho al hecho

En Colombia la violencia siempre ha estado unida a la política. El fenómeno es casi inherente a nuestra democracia. El recuento de asesinatos políticos va desde el de Sucre, hasta el de Álvaro Gómez, pasando por los de Uribe Uribe, Gaitán, Galán, Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro. Si algo ha habido en la política colombiana, es crimen e intimidación.

La lista de desconocidos caídos en la confrontación es mayor. En ella están los soldados, los guerrilleros, los paramilitares, todos los que han sido víctimas y victimarios. Al fin y al cabo, todos son colombianos y el conflicto es, esencialmente, político.

La violencia ha influido electoralmente de dos maneras. La primera es con su materialización. Cuando las balas ha cambiado el panorama político y han llevado a que se elija más con el corazón que con la razón. El ejemplo es la campaña de 1989. En ella cayeron Pizarro, Jaramillo Ossa y Galán. El sentimiento y la frustración llevaron finalmente a Gaviria a la presidencia.

La segunda forma de influencia electoral de la violencia es la de la decisión de enfrentar el problema de una manera determinada. También hay ejemplos. Uno es el de Andrés Pastrana, quien se la jugó por la paz negociada en plena campaña e inclinó la balanza a su favor. Y otro es el de Álvaro Uribe, quien también en campaña se montó sobre la ola de la guerra total y remontó las encuestas hasta que ganó.

En la gesta electoral que se avecina la cosa parece ser más compleja pues parecieran estar surgiendo nuevos fenómenos. Uno es la influencia paramilitar en el congreso. Aunque en algunos casos puede trazarse una línea clara entre congresistas y paras, en otros no. La situación es tal, que paramilitares conocidos más por su alias que por su nombre están apareciendo en renglones de listas al Congreso. Hacer política contra ellos será un suicidio.

Otro fenómeno es la supuesta infiltración paramilitar en el estamento Estatal. Si las denuncias y escándalos de los últimos días resultan ciertos, estaríamos ante la paramilitarización del Estado. Así, no sólo hacer política sería imposible, sino que pensar y opinar distinto de una determinada línea para-oficial lo pondría a uno en la mira.

Por eso es tan importante la intención reciente del gobierno de enfrentar el problema. Gobernar en Colombia consiste en tratar de generar un desarrollo social y económico que permita la igualdad de condiciones sociales y el progreso general de la sociedad. Pero para eso se debe descontaminar la política del mal reciente que la aqueja.

Hay que celebrar la intención de limpiar la campaña. Pero la doble condición de presidente y candidato de Uribe le imponen la tarea de no quedarse en la retórica. No basta con darle la orden al general Castro de capturar a lo paramilitares que dentro del proceso de paz hagan política. Hay que pasar del dicho al hecho y mostrar resultados para que, en estas elecciones, puedan sobrevivir los candidatos, la política y la democracia.

29 octubre 2005

Conflicto interno

Se supone que la lucha por la presidencia va a ser pelea de toche y guayaba madura. De un lado Álvaro Uribe y sus grandes electores, desde el poder, gobernando en campaña y asegurando la reelección. Del otro, los disidentes que aspiran a una votación aceptable a pesar detener en frente la aplanadora oficial.

Esto que parece tan claro puede no serlo. La razón es que no ha empezado oficialmente la campaña y en el uribismo ya empezaron los roces. La pelea hoy en día está casada entre dos grandes grupos. En una esquina el del senador Germán Vargas Lleras, Cambio Radical, y en la otra el Partido de la “U”, que es un intento de Juan Manuel Santos por aglutinar a los demás uribistas.

Santos ha querido lograr una unión de las fuerzas leales al presidente para enfrentar la campaña e invitó a Vargas Lleras a hacer listas conjuntas. Lo que pasa es que al senador no le puede sonar la cosa porque no puede endosar su trabajo de ocho años, que al fin y al cabo, es la base de su aspiración presidencial.

Ni Santos ni Vargas Lleras son realmente uribistas. Su tendencia a favor del presidente es básicamente electoral. Ambos querían ser candidatos bendecidos por la mano de Uribe, pero con la reelección, les tocó aplazar la aspiración y ahora tienen que acomodarse.

Su condición política es muy diferente y por eso no caben fácilmente en la misma olla. Mientras que Santos no es senador Vargas Lleras sí. El exministro tiene la fuerza en su capacidad de aglutinar parlamentarios que por cuenta propia no tiene acceso a ciertos sectores de poder, mientras que Vargas Lleras la tiene en las urnas. Los congresistas de la “U” no son de Santos. Los de Cambio Radical, sí son de Vargas Lleras.

Esta es una diferencia fundamental a la hora de buscar el mejor lugar en el equipo de campaña del presidente. Ambos quieren ser la niña bonita del Uribismo y ocupar los puestos de honor. Pero para Uribe no representan lo mismo. Santos cubre necesidades del presidente que no llena Vargas Lleras, quien a su vez, tiene un manejo electoral del cual el ex ministro carece.

Uribe tiene que manejar el tema con mucho tino. Es probable que el Presidente logre apaciguar un poco las fricciones y tratar de pegar la cosa. Sin embargo, esa será una unión siempre débil. ¿Le ofrecerá a alguno de ellos la fórmula a la vicepresidencia? ¿Preferirán ser ministros y llegar al final del segundo periodo mejor posicionados?

La pelea interna no es nueva. ¿Se acuerdan del Nuevo Partido? Lo que pasa es que antes de la reelección lo peor que podía pasarle al uribismo era hacer el oso. Hoy la cosa es diferente. Ahora el mal cálculo puede terminar teniendo un costo electoral que, por muy posicionado que esté Uribe como candidato, frente a lo rara que es la política en Colombia, puede llega a ser muy alto.

22 octubre 2005

Palabra de Dios

Aprobada la reelección quedó despejado el panorama y quienes nos opusimos a ella, calladitos, por lo menos en lo que a su constitucionalidad se refiere. Eso sí, hay un proverbio que dice que el salvamento de voto de hoy será la jurisprudencia del mañana. Pero hoy es hoy y no mañana así que a enfrentar la realidad y a no llorar sobre la leche derramada.

Es momento de decirle adiós al derecho. Atrás hay que dejar los argumentos jurídicos que tanta tinta hicieron correr el último año. Lo que hay ahora, lo que tenemos en frente, es política pura y dura. ¿Qué se puede esperar? ¿Que los uribistas arrasen? Es probable aunque hasta hoy sólo ellos han hecho campaña de verdad y las encuestas están bajando. Claro que desde el miércoles el gobierno tiene una bendición suprema para meterle la mano al presupuesto y politizar más el poder público. Así que quién sabe...

La preocupación mayor es la falta de garantías. No sólo la desigualdad en la campaña es un hecho sino que Colombia es un país en el que la política se hace con votos y con plomo. A eso hay que sumarle que la fuerza pública es parte del ahora Estado uribista. Ojo con eso. Y a propósito, nada de raro tiene que desde el gobierno se empiece ya a plantear que, como las fuerzas del orden son las que ponen el pecho, deberían ser deliberantes y votar.

Por otro lado, ¿quién puede darle la pelea a Uribe? Una posibilidad es que sea un candidato de coalición apoyado por todas las otras fuerzas. Nombres hay, pero falta uno que agrupe y aglutine. Aunque hay otra posibilidad quizá más clara y efectiva: César Gaviria. El puede ser el hombre que derrote a Uribe. Tiene la experiencia, la visión de Estado y la capacidad. Sabe y puede. Falta que quiera y que los liberales entiendan que este es un momento para dejar atrás los personalismos y pensar en Colombia.

De resto el país seguirá siendo testigo de las expresiones propias de la cultura uribista. Diminutivos, banderas, sombreros, medios y más medios y esa rara manera de comportarse de algunos, a propósito de la cual una corresponsal me cuenta:

Se dice que cuando Dios creó el mundo, para que los hombres prosperasen, decidió concederles dos virtudes. A los suizos los hizo ordenados y cumplidores de la ley. A los ingleses, persistentes y estudiosos. A los japoneses, trabajadores y pacientes. A los italianos, alegres y románticos. A los franceses, cultos y refinados. Cuando llegó el turno de los colombianos, Dios se volvió hacia el ángel que tomaba nota y le dijo: Los colombianos van a ser inteligentes, buenas personas y uribistas.

Cuando terminó la creación el ángel le dijo a Dios: Señor, a todos los pueblos les diste dos virtudes pero a los colombianos tres. Tienes razón, contestó Dios. Y siguió: pero ten en cuenta que ser uribista no es precisamente una virtud y que cada colombiano tendrá tres, pero no podrá tener más de dos a la vez. El ángel se rascó la cabeza, sacudió un ala y dijo: A ver si entiendo… El colombiano uribista y buena persona, no podrá ser inteligente. El que sea inteligente y uribista, no podrá ser buena persona. Y el que sea inteligente y buena persona, no podrá ser uribista. Dios sonrió y contestó: entendiste mi buen ángel… entendiste.


15 octubre 2005

Hipótesis bomba

Mucho se ha especulado sobre si el atentado al senador Germán Vargas tiene algo que ver con la reelección. Yo, en lo personal, creo que no. Sin embargo, eso no indica que eventualmente no haya tenido que ver con las elecciones que están a la vuelta de la esquina.

Una hipótesis es que fue la guerrilla. No hace falta ser Sherlock Holmmes para pensarlo aunque tampoco para entender que Vargas Lleras no es el mal mayor de la insurgencia en estos momentos. Cierto, que el atentado haya sido con una bomba parecida a la de El Nogal es un indicio fuerte. Pero por esa misma razón, la hipótesis parece demasiado obvia.

Otra teoría es que el intento de asesinato provino de una alianza narcopolítica. Y aquí hay que preguntarse: ¿Narcopolítica? ¿Cómo así? ¿Qué quiere decir eso exactamente?

En las épocas en que el Cartel de Cali tenía en su nómina al poder público, la Narcopolítica era una alianza de conveniencia en la que los políticos recibían plata a cambio de favores. Pero con los Rodríguez Orejuela en Miami y la situación actual del país como está, hay que enfocar la cosa por otro lado.

El factor de poder ilegal más ligado a la política ya no es el tráfico de drogas sino el paramilitar. Hace años la política estaba embadurnada hasta el tuétano de narcotráfico y hoy lo está es de paramilitarismo. Antes el Congreso era en su gran mayoría del Cartel y hoy lo es de las AUC. Donde antes mandaba don Miguel ahora parece mandar Don Berna. La triste leyenda de la Narcodemocracia ha dado paso a la de la Paracocracia.

Al final, la paradoja es que sabiendo cómo se financian los paras, todo termina siendo prácticamente lo mismo. Y por eso la alianza narcopolítica que habría atentado contra Vargas Lleras sería entre paras y políticos.

¿Pero por qué el atentado precisamente contra Vargas Lleras? Por una parte su movimiento pinta electoralmente arrollador y varias curules “paras” peligran. Por otra, fue él quién primero rechazó el apoyo de congresistas por vínculos “paras”. Lógicamente nada de esto le ha gustado a los muchachos de Ralito. Pero hay algo más: la muerte del congresista llevaría a un repudio nacional que fortalecería las posiciones extremas de las autodefensas.

Es cierto, si algo ha tenido Vargas Lleras es una postura frente a las FARC y las AUC que a ambos grupos les debe molestar mucho. La diferencia parece ser que para la guerrilla el senador como tal no es su mayor piedra en el zapato, mientras que para los paras puede significar una pérdida real de poder político, que pueden no estar dispuestos a soportar así como así.

***

Me imagino que a los Uribistas les habrá parecido un acto de profundo patriotismo que el presidente haya aprovechado el atentado para hacer campaña…

08 octubre 2005

Mala puntería

El país está a la expectativa de lo que decida la Corte Constitucional sobre la reelección. Mientras tanto, quienes opinamos por profesión, nos estamos deleitando. El problema es que el tema no es solamente político, lo que daría para que todo el mundo hablara con propiedad, sino que es fundamentalmente constitucional, lo cual es más complejo y se presta, válgame Dios, para grandes equivocaciones.

Una de ellas fue la del exministro Juan Carlos Esguerra hace unos días, cuando por radio criticó a la Corte Constitucional por aplicar teorías del derecho alemán. El error está en que a Esguerra, como a muchos otros, se le olvidó que el constitucionalismo en Alemania se ha desarrollado de la mano de la humanidad y que Colombia ya es parte de ese desarrollo. ¿No recuerda el exministro de dónde salió la acción de tutela?

El derecho público alemán no está basado en el poder sino en la libertad y por eso no se apoya en Estado como estructura sino en el individuo como fin. Esto, para muchos, es difícil de entender. Pero esa falta de comprensión no cambia la realidad: cuando por cuenta de la trágica y dolorosa historia del siglo 20 avanzó el derecho en Alemania, lo que avanzó fue el derecho en el mundo.

Hoy en día el examen de constitucionalidad no consiste en comparar dos textos o verificar si se siguieron unos requisitos para hacer una reforma. Por eso nuestra Corte, que sí entiende, tiene como herramienta principal la interpretación. Como el individuo y su dignidad son el fin último del Estado, aquello por y para lo cual existe, en el examen de constitucionalidad el resultado debe ser siempre la interpretación que mejor proteja esa dignidad. Eso es derecho humanista contemporáneo. Alemán, si se quiere, español, si se quiere, pero también y sobre todo, colombiano.

¿Qué tiene que ver esto con la reelección? Que la interpretación le da a la Corte la posibilidad de mirar el fondo de la reforma y no sólo su forma. Y allí, en el fondo hay muchas cosas que la entierran. ¿Ejemplos? Se daña el equilibrio de poder, se rompe la igualdad, sufre el sistema electoral y como si fuera poco, se afecta la democracia.

Eso sin tener en cuenta un fenómeno político que consiste en que los partidos pueden perder su vocación de poder, que finalmente es su razón de ser. Basta mirar al partido conservador, olvidando la responsabilidad que tienen con sus electores y aferrándose moribundo a la esperanza de que pase la reforma.

Por lo anterior es que los defensores de la reelección últimamente están tan nerviosos y tirándole tanto rayo a la Corte. El problema es que muchos, al tratar de pescar con palabras y tinta en semejante río revuelto, han terminado demostrado por lo menos dos cosas. La primera, que aparentemente los dejó el tren del derecho. Y la segunda, que tienen mala puntería. Porque por lo menos en este tema, por mucho esfuerzo que hagan, realmente le están apuntando muy mal al tiesto.

01 octubre 2005

Ojo pues...

Se acerca la sentencia de la Corte constitucional sobre la reelección y aunque se ha pedido prudencia en todos los frentes, algunos siguen abogando por la “resistencia civil” frente a una decisión que impida que el presidente Uribe repita.

Por eso nunca como ahora encuentro tan pertinente un pedazo de historia centroamericana, que, ya verán, habla por si mismo. Resulta que el 25 de mayo de 1993, el entonces presidente de Guatemala Jorge Antonio Serrano Elías, apoyado por varios amigos, derogó parte de la constitución, disolvió el Congreso, la Corte Suprema de justicia y asumió poderes legislativos.

La Corte constitucional guatemalteca, ese mismo día, decidió intervenir en el asunto. Según la constitución, el fin de la Corte era guardar el orden institucional y a juicio de los magistrados, esa norma bastaba para que ellos tomaran cartas en el asunto. Por eso sacaron una sentencia diciendo que el presidente no podía hacer nada de lo que hizo y que, por lo tanto, esas medidas quedaban sin efecto.

Bueno, pues el presidente Serrano y sus amigos decidieron pasarse por la faja la sentencia y hacer como si nada. En términos nuestros, decidieron hacer “resistencia civil” contra la decisión, según ellos, porque iba en contra de lo que “el pueblo” quería.

Bueno, pues lo que siguió es hoy uno de los mayores hitos del constitucionalismo contemporáneo. El 31 de mayo, seis días después de que comenzara la “resistencia civil”, la Corte dijo que como el presidente Serrano seguía como si nada, le ordenaba a los ministros de gobierno y defensa que hicieran cumplir la sentencia. Esto, en la práctica, fue un llamado a los poderes civil y militar para que hicieran respetar la institucionalidad.

Pues el ejército guatemalteco, en un comunicado digno de admirar, dijo que acataba la orden y que haría respetar la Constitución. Claro, al presidente Serrano y sus amigos se les enredó la cosa. El mandatario entendió el mensaje y renunció. Pero entonces “el Vice” asumió el poder. Obvio, al ratico él también vio que el desacato no era un chiste y del mismo modo también se fue.

Pero la Corte no paró ahí. El 4 de junio, semana y media después de que comenzara la “resistencia civil”, dijo que como el país estaba volviendo a la normalidad, ahora había que ver quién sería presidente. Que Serrano ya no podía por ser el autor del golpe y que “el Vice” tampoco por ser su cómplice. Y que como la constitución decía ante ese vacío que el Congreso debía escoger un nuevo presidente, pues que los legisladores tenían 24 horas para eso. Ramiro de León Carpio fue entonces escogido y gobernó hasta enero de 1996.

¿Moraleja? Ojo pues con eso de llamar a la “resistencia civil”. A nadie, y menos a una Corte constitucional que tiene el deber de hacerse respetar, le gusta que desde el gobierno, el congreso o la calle, le hagan cosquillitas en mala parte.

30 septiembre 2005

Lo que el viento se llevó

crisis humanitarias siempre han estado de la mano de las guerras. Los ejemplos son varios. Basta Las recordar el sitio de Berlín, recién terminada la segunda guerra mundial. La Unión Soviética cerró todas las entradas a los víveres para presionar al resto de los aliados y los americanos, con un puente aéreo sin precedentes, terminaron rompiendo el cerco. Sin duda fue el principio de la guerra fría, pero también el anuncio de que tendría un final feliz. Otro ejemplo y para no ir más lejos, está en las calles de nuestras ciudades.

Desde hace casi cuatro años el mundo se acostumbró a ver el ejército americano enfrentando los peores peligros de la guerra. Los Estados Unidos decidieron hacerle frente a un enemigo invisible en las tierras en las que creían se encontraba y asumieron las consecuencias. Entraron a los territorios en donde no fueron recibidos precisamente con abrazos y flores, como esperaban.

En cada una de esas avanzadas militar ha habido una crisis humanitaria. En Afganistán el hambre azotó al pueblo y los Estados Unidos respondieron rápidamente. En Irak pasó lo mismo. Junto con las balas y los tanques llegan el agua y los víveres. Es la manera integral de ganar la guerra y los Estados Unidos lo saben y por eso siempre lo han hecho bien. Pero por eso mismo ahora que la crisis humanitaria está en su propia casa, no se explica por qué la han manejado tan mal.

El huracán Katrina es uno de los fenómenos más devastadores de los últimos tiempos. Apenas el mundo se reponía del desastre que dejó el Tsunami asiático la naturaleza arremetió de nuevo, esta vez en el corazón del imperio. El dolor y desolación son los protagonistas de la historia y el gobierno de Bush, lamentablemente para el pueblo americano y para las víctimas, no ha podido dar la talla.

Es asombroso pero lo mismo pasó con el Tsunami. Los americanos se movieron muy lentamente. Es como si el gobierno de Bush pudiera atender las crisis humanitarias solamente cuando hay un objetivo militar de por medio. Porque cuando es la naturaleza la que causa el desastre, la ayuda llega tarde, llega a medias o no llega.

La imagen de Bush con su padre a su izquierda y Clinton a la derecha pidiéndoles paciencia a sus conciudadanos que llevan cuatro días aguantando hambre y sed es bastante particular. Pretende unir al pueblo americano en un sólo esfuerzo pero ya es muy tarde. Los habitantes de las zonas desoladas y buena parte de los de aquellas que salieron ilesas ya vieron que su gobierno falló. No se trataba de ayudar sino de hacerlo a tiempo. Y por eso la popularidad de Bush va en picada.

Katrina logró lo que el terrorismo no pudo. Acabar con la imagen del presidente Bush. Afortunadamente las víctimas ya están siendo atendidas y el mundo se ha unido en este esfuerzo humanitario. Sin embargo, la imagen del mandatario más poderoso del planeta parece haberse evaporado definitivamente con el viento.

24 septiembre 2005

Mariogus

Además del privilegio de escribir en las páginas de este semanario, tengo el de también hacerlo en “La Patria” de la ciudad de Manizales. Los lectores de ambos medios, para mi fortuna, me escriben constantemente con comentarios, críticas y sugerencias.

En mi último artículo en el diario caldense plasmé algunas ideas sobre el llamamiento a la desobediencia civil que hizo el senador Ciro Ramírez en caso de que la reelección presidencial se caiga. Escribí: “El senador Ciro Ramírez, propuso desde su mandato de Senador de la República, que la gente se rebele contra la decisión de la Corte Constitucional si es adversa a la reelección. Qué barbaridad. También a él, como dice otra canción, se le «fueron las luces». ¿Quien juró cumplir y hacer cumplir la Constitución promoviendo ahora que se viole?

Bueno, pues el mismo día de la publicación me llegaron varios comentarios, dentro de los cuales seleccioné uno de quien firma Mariogus. Dice: Acatar el llamamiento del político Ciro Ramírez a la "desobediencia civil" frente a un posible fallo de la Corte Constitucional adverso a la reelección, sin duda equivaldría a un llamamiento a las armas, a la guerra civil, para quienes se encuentren dispuestos a DEFENDER LAS INSTITUCIONES incluso a sangre y fuego si llegare a requerirse.”.

El comentario de mi corresponsal tuvo en mí varios efectos. Por una parte, me mostró el grado de polarización al que hemos llegado en el país. Pensar que hay gente, hasta ahora no armada, dispuesta a tomar las armas para defender “a sangre y fuego” la reelección, no deja de ser síntoma de algo complicado.

Por otra parte, la nota me recordó otras, llenas de epítetos y amenazas, que durante el tiempo que llevo escribiendo he recibido. Gajes del oficio, supongo, como los que esta semana tuvieron que vivir algunos colegas de otros medios. Esta es una profesión en la que se está permanentemente expuesto a la agresión.

Pero lo que más me impactó del comentario es que evidencia la necesidad de que el gobierno sea totalmente cauteloso a la hora de hacer planteamientos sobre sus ganas de repetir. La confrontación social, producto del momento político, no resiste que se le eche más leña al fuego. No se puede incentivar a que haya más “Marioguses”. Por eso hay que celebrar y aplaudir la actitud del Presidente Uribe de decirles a sus funcionarios que no se refieran más al tema de la Corte y que él es el único interlocutor. Con eso Uribe asumió el control y la responsabilidad de lo que pueda pasar.

Los fallos judiciales son para respetarlos, aunque no se compartan. Por eso quienes escribimos y nos hemos opuesto a la reelección, si ésta finalmente se da, seguiremos haciéndolo midiendo y plasmando en el papel lo que sentimos. Si en cambio la reelección se cae, pues haremos lo mismo. Claro, no sobra que las autoridades empiecen a pensar cómo defendernos en la calle, por lo menos de personajes como mi amigo Mariogus.

10 septiembre 2005

Cosa compleja

Esta semana hubo tres hechos políticos muy importantes. El primero fue la creación de un nuevo Partido Uribista (sí, otra vez). El segundo fue el lanzamiento del libro de Andrés Pastrana que incluyó una tirada de línea fuerte de parte del expresidente a sus amigos. Y el tercero fue el nuevo gancho al hígado del procurador a la reelección.

Sobre el primero es necesario empezar haciendo historia. Los intentos por crear un partido uribista han sido varios y el resultado siempre ha sido el mismo: muchos caciques, pocos indios y al final, una gran decepción. Partido uribista no hay ni va a haber. ¿Por qué? Porque el uribismo no es una ideología, no es una postura política, ni siquiera es una idea. El uribismo es un impulso caudillista sostenido por una mezcla de burocracia y populismo patriótico, a la larga, simplemente sentimental.

Mientras haya puestos y la posibilidad de que los siga habiendo (léase reelección) habrá uribismo. Bueno, esto dentro de la clase política. Porque por fuera de ella, todo se apoya es en un embrujo creado con propaganda. De ahí las encuestas y la popularidad “ochentera” (no me refiero a una década sino a un porcentaje). Por eso es probable que haya unas listas al congreso que apoyen a Uribe, pero todos buscarán es colincharse de la popularidad. Eso sí, ida ésta, idos ellos.

Sobre el libro de Pastrana, más importante aún que la publicación, es lo que pasó en el Gun Club ese día. El expresidente mostró una gran capacidad de convocatoria. Al evento asistió la pesada de la política, empezando por el presidente Uribe y el expresidente López. Pastrana demostró, que si quiere, reúne fuerzas y une.

En su discurso Andrés dejó claro que una cosa es que haya aceptado ser embajador y otra es que esté dando su aval para que el conservatismo sea parte del gobierno y acepte la reelección. Por eso sus amigos están enfilándose hacia una nueva política, ajena a la derecha sin contenido del gobierno y a la izquierda reaccionaria. Se percibe el impulso de un nuevo centro. Una fuerza que le hace falta al país y que ojalá se concretice.

Por último está el concepto del Procurador Edgardo Maya sobre la ley que reglamenta el acto legislativo de reelección presidencial. La posición es coherente en lo político y acertada en lo jurídico. Toda la ley echa por la borda el principio de igualdad, por más que quienes la defiendan hagan mil y un piruetas argumentativas para ello.

Se ha abierto la puerta a algo sin precedentes. Cuando se estrenó la Constitución, varios de sus artículos quedaron suspendidos mientras se reglamentaban. Incluso hoy en día, algunos siguen así. Con la reelección pasa lo mismo. Sin reglamentación no se puede aplicar la reforma hasta que no haya ley. En la práctica, esto equivale a posponer la reelección mientras un nuevo congreso, con un nuevo presidente, legisla al respecto.

Si esto sucede la Corte habrá instituido una reelección no inmediatamente inmediata. Así quedaría bien con todos, a la vez que mostraría una gran independencia. Uribe no repetiría ahora; cierto. Pero en cuatro años su sucesor, Gaviria, Pastrana, Samper y él mismo, podrían eventualmente, lanzarse a alcanzar la presidencia. Ah cosa compleja.

20 agosto 2005

El primer paso

Muchos consideran que el gobierno de Álvaro Uribe lo ha hecho todo bien. Otros, creo yo también que muchos, consideran que tiene miles de lunares y que sólo el efecto teflón, producto de la coyuntura de orden público, le ha permitido tanta cosa al presidente. Sin embargo, más allá de lo que piensen unos o de lo que opinen otros hay una cosa que nadie puede negar: en materia del manejo que se le ha dado a Telecom, la cosa difícilmente hubiera podido ser mejor.

Bastante revuelo ha habido por el hecho de que Telecom, después de haber tratado de asociarse de alguna manera con alguien en Colombia, haya terminado haciendo el negocio con un extranjero. Ante esto se pueden decir dos cosas. La primera es que a las administraciones locales de Bogotá y Medellín les pasó lo que a la novia bonita, que por hacerse escasa para hacerse desear, le encuentran reemplazo. Después de ese ojo afuera, no hay Santa Lucía que valga.

La segunda es que afortunadamente, en esta materia el gobierno se quitó la camiseta del patriotismo electoral. Habiendo podido reforzar su posición en el partidor si finalmente hay reelección, el Presidente entendió que el negocio de la telefonía ha tomado un rumbo en el mundo entero muy definido y que el que no lo siga, desaparece. Dejó de lado la política y sin problema aceptó la inversión extranjera. Muy bien.

La telefonía fija está en picada y está siendo desplazada por la celular, que a su vez compite con la transmisión de voz a través de Internet a móviles o a otros computadores. Con este panorama, Telecom no tenía más remedio que dar el salto a las grandes ligas, fuera como fuera y lo dio. La empresa, además de los muchos negocios que pueda generar con sus redes por su reciente matrimonio, tiene los ojos puestos en la comunicación móvil y ya dio el primer paso.

Los críticos se han quedado sin argumentos. Hoy en día los grupos de telefonía celular más grandes del continente hacen presencia en el país y en franca lid se disputan los clientes. Comcel y Telefónica, dos empresas sólidas, poderosas y con excelente servicio y tecnología, se han lanzado a mantener e incrementar sus ventas. Por otro lado, Colombia Móvil ha encontrado un nicho en el mercado con mucha creatividad y apuntándole a segmentos distintos. En esta competencia, el gran ganador es uno sólo: el consumidor, es decir, el país.

¿Qué viene ahora para Telecom? La definición de cómo será el negocio. ¿Y después? Competir. Y como eso de vender minutos ya está inventado, los ojos de empresas y consumidores estarán puestos en los servicios de valor agregado. Ahí habrá otro gran campo para que las compañías de telefonía celular sigan prestando un buen servicio.

*****

El caso de Kaleth Morales en Colombia es similar al de Nino Bravo en España. Trágicamente muere el hombre, pero su música empieza a vivir para siempre.

Cruce de cables

Hace varios años la vida me dio la oportunidad de acercarme a los medios de comunicación de varias maneras y conocerlos por dentro y por fuera. Primero tuve que hacer como abogado una acérrima defensa judicial muy enredada y me tocó lidiar una avalancha mediática verdaderamente salvaje. Conocí la gloria y el infierno. Pero hoy sé que los medios actúan, la mayoría de las veces, buscando interpretar la verdad.

Terminados esos episodios me dejé seducir por aquello que conocí. Desde entonces he hecho prensa escrita informativa y de opinión, periodismo en televisión, en Internet y también, esporádicamente, radio. Todo en el periodismo me apasiona y de alguna manera me es natural. Eso lo saben quienes me conocen y por eso la periodista Cecilia Orozco, hace ya más de un año, me invitó a conocer a dos colegas, uno de ellos, el hoy presidente del CPB, César Mauricio Velásquez.

Nos reunimos en compañía de otro amigo, miembro de la junta de esa agremiación. Mis contertulios me contaban de sus experiencias en diferentes medios de comunicación y yo oía apasionado. La noche se fue yendo con la velocidad propia de los buenos ratos. Casi al final, César Mauricio y Cecilia, me alentaron a hacerme miembro del CPB, lo cual desde entonces, a pesar de no haberse concretado, siempre sentí como una obligación moral muy pendiente.

Por eso esta semana no podía yo dar crédito a lo que pasó. Cecilia renunció al CPB por su desacuerdo con la presidencia y Cesar Mauricio salió por radio, institucionalmente, a cuestionar el hecho de que el periodista Daniel Coronel se exiliara por haber sido él y su familia, amenazados de muerte. ¿La agremiación de periodistas más antigua del país con ambigüedades frente semejante situación? ¿El Círculo fundado por los comunicadores más importantes del país en los últimos 50 años con semejante actitud?

A César Mauricio, literalmente, se le fueron las luces y se le cruzaron los cables. Lo de las luces lo digo porque por más cuestionamientos que se tengan sobre las posturas públicas de un colega, lo cual hace parte de la libertad de pensamiento y de expresión, cuando el presidente del CPB habla, el que habla es el Círculo. Y que institucionalmente se le quite importancia a las amenazas de muerte a un periodista no sólo habla mal del país, sino del gremio.

Y ahí es donde entiende uno lo de los cables. El director del CPB tiene varios: el de su muy respetable vocación religiosa, el de su antigua enemistad con Daniel Coronel, el de su facultad de comunicación y más recientemente, el del uribismo. Al tratar de hacer de todos uno sólo, se le cruzaron. Y así César Mauricio, a quien con cariño recuerdo alentándome a ingresar al CPB, terminó dando el ejemplo que dio. Lo triste es que al final los sacrificados fueron el Círculo y otro periodista más de oposición.

Para mí hacer parte algún día del CPB, será un verdadero privilegio. Sin embargo, por ahora, lo seguiré considerando una obligación moral, muy pendiente.

Nota: Que no se olvide que recientemente Alvaro Uribe le ofreció la embajada en Canadá al anterior presidente del CPB y que él, valientemente, dijo que no.

13 agosto 2005

Poder desde el poder

Los últimos quince días estuvieron llenos de política. Como lo estarán todos los días del año. Cuando la sensación general era que el presidente se estaba quedando sólo, desde Palacio, sin ningún tipo de pudor, se gestaron los movimientos que tienen a Uribe otra vez en la batalla por quedarse, atornillarse y perpetuarse en el poder. Algunos han sido legítimos y corresponden a la realidad de que el poder es para poder. Sin embargo, otros han dejado mucho qué desear y no le auguran nada bueno al país.

La encuesta de los medios de comunicación le despertó al presidente nuevamente el bicho electoral. Lo primero que hizo fue neutralizar a Pastrana que iba a ser su gran dolor de cabeza, especialmente con el tema de la paz y el acuerdo humanitario. Andrés podía reivindicarse poniendo a su gente a hacer política y demostrar que siempre tuvo razón en esos temas. Pero Uribe, hábilmente, con esa habilidad turbayista prestada, cambió las reglas del béisbol y con el primer lanzamiento lo dejó out. Luego miró cómo quedaba la cosa y se enfocó en Peñalosa.

Al exalcalde le vieron desde la casa de Nariño la incomodidad y lo calibraron. Se la vieron en el Congreso liberal cuando Gaviria se despachó contra el presidente. Se la vieron en cada reunión de precandidatos del Partido liberal a la que asistió. Vieron que se sentía como mosco en leche. Supieron que con un empujoncito se bajaría del Trasmilenio de la oposición liberal y se subiría al del gobierno. No sé de dónde vino el empujoncito ni quién hizo la llamada. Pero Enrique dijo no voy más y prefirió la comodidad de la cercanía de Palacio que la dura vida de la oposición.

Como semejante reculada implica necesariamente aceptar la reelección, el exalcalde ya encontró dónde acomodarse. Aspirará de nuevo a la alcaldía de la capital y lógicamente todo el mundo ya está considerando ese escenario: un presidente candidato, dueño de un exalcalde candidato a alcalde. Muy bonito. Todo, mientras el Polo democrático se prepara para dar la pelea al ver amenazado su poder en la capital.

Digamos que hasta ahí todo había sido relativamente normal, por lo menos en este país en dónde, repito, el poder es para poder. Lo que vino después, sin embargo, sí se pasó de la raya. El presidente de manera irresponsable había atacado los resultados de la ETB en un foro público. Luego, como si nada, desde el curubito de Palacio salieron correos electrónicos desprestigiando la empresa bogotana. Cuando el alcalde mayor reviró con toda la razón y la cosa se puso caliente en los medios, el propio presidente decidió intervenir llamando a la W para trancar la polémica y de paso dejarse oír nuevamente ante “el pueblo de la Patria”.

El periodista Felix De Bedout, fue incisivo. Uribe, apoyándose en que todo lo que dice lo aplaude la gente, lo menospreció y básicamente le dijo que no hiciera una tormenta en un vaso de agua. Lo que pasa, es que esto no es un vaso de agua. Por eso muy bien por el periodista. Repito: no es un vaso de agua. Es la política colombiana en la que están de por medio muchas cosas. Entre ellas la legitimidad, la institucionalidad, el derecho a informar libremente, y como si fuera poco, la democracia.

06 agosto 2005

Imaginarium

El tema puede ser algo trasnochado porque al fin y al cabo se ha dicho de todo al respecto. Pero no puedo pasar en blanco sin tocarlo. Y es que cuando supe que se le ofreció a Pastrana que fuera embajador en Washington me alegré mucho. Muchísimo. Dije qué maravilla, un papayazo así no se lo ponían al expresidente hace rato.

Primero fue Samper cuando era presidente. Para quitarse a Andrés de encima lo invitó a hacer un pacto con el gobierno. Andrés lo mandó al chorizo. Luego fue el exfiscal Gómez Méndez cuando, siendo Andrés presidente, decidió hacerle control político al proceso de paz. Pastrana le contestó y lo dejó calladito. Por eso ahora, durante el fin de semana que siguió al ofrecimiento, imaginé lo que se estaría cocinando y me despaché varios globos.

Dilucidé un escenario en el cual Pastrana se tomaba unos días para pensar la respuesta. Durante ellos, imaginé, se cocinaría el salto más perfecto hacia el liderazgo de la oposición en la Colombia de Uribe. Con los planteamientos que venía haciendo El Siglo, con la contundencia de las declaraciones del ala no gobiernista del conservatismo, el trampolín hacia el estrellato estaba listo. Una respuesta de Pastrana en el tono de los últimos tres años, anunciando su llegada definitiva al país para hacer política, lo consagraría.

Imaginé una lista fuerte y cerrada al senado encabezada por Juan Camilo Restrepo. Desbaratará el avispero del voto preferente pensé. Renovará el Senado, le meterá calidad y altura, volverá el debate de ideas y se acabará el trueque de votos por puestos. Imaginé unas listas a la Cámara con Andrés tirando línea. En la batalla. En el barro de la política. Repartiendo carisma y experiencia por los departamentos.

Pensé en la posibilidad de la unión del conservatismo y la escogencia de un candidato propio. Tal vez en una consulta popular azul, soñé. Vi un partido conservador con vocación de poder queriendo tener presidente propio. Destrozando el raro invento de Carlos Holguín.

Esta será una campaña magnífica, dije. Con Gaviria y sus ejércitos rojos de un lado y Pastrana y sus soldados azules del otro, tratando ambos de recobrar la institucionalidad. Luchando por la salvación de una Constitución que llevó a Colombia a la vanguardia del constitucionalismo de posguerra y que ha aguantado cuanto golpe se le ha querido dar desde el poder. Metiéndole democracia a este país polarizado. Creando consensos, haciendo política, reconciliándonos a todos, demostrando que es posible acabar la guerra por la guerra por la vía del diálogo.

En esas andaba cuando el lunes pasado recibí la noticia de que Andrés había aceptado ser el nuevo embajador en Washington. El martes, esta columna se escribió sola en mi mente. Cuando el viernes me senté a ponerla en papel, salió de un jalón y sólo me varé en el final. En esas andaba, cuando entendí que lo que había que hacer ahora era no pensar con el deseo. Era tiempo de afrontar la realidad, felicitar a Uribe y desearle al presidente Pastrana en su gestión, buen viento y buena mar.

30 julio 2005

Uribe, invencible

quienes les guste la política les va a tocar aceptar definitivamente que hay que quitarse el sombrero ante el presidente Álvaro Uribe. Pero no tanto por los resultados de su gestión que, al fin y al cabo no ha sido nada del otro mundo. Tampoco por su desempeño en plano internacional. Afuera, nos guste o no, la imagen del gobierno no la mejor. Sino por un razón muy sencilla: el presidente es un gran político.

Los resultados de la encuesta contratada por lo medios de comunicación y recientemente divulgados, lo demuestran. Una favorabilidad del 79,9%, posibilidades de barrer en la primera vuelta con un 70,2% y unos opositores que, sumados todos, ni siquiera alcanzan la mitad de ese porcentaje. Y como si fuera poco, se ve una aceptación del 58% a la reelección.

Lo anterior muestra que para los encuestados parece no contar la realidad. Es como si el liderazgo basado en la propaganda hubiera seducido a todos. La gente no juzga al presidente por sus resultados sino por su esfuerzo. Y por eso no se tiene en cuenta la realidad sino el sueño de un país mejor. Porque de haberse tenido en cuenta la realidad, le guste a uno o no Uribe, esté uno o no de acuerdo con él, el resultado de la encuesta tendría que haber sido muy distinto. Para eso basta mirar las cosas como son.

Para empezar, la seguridad democrática, que es la niña bonita del gobierno, cada día está menos vigente. De un tiempo para acá la guerrilla acata en un lado y otro, mostrando que eso de que está derrotada no es tan claro. El Plan Patriota parece extenderse en el tiempo sin resultados concretos mientras se sigue desconociendo, desde Palacio, que en Colombia hay un conflicto armado.

Por otro lado, la paramilitarización del país no resiste un análisis. Paras aquí y allá. Congresistas que se declaran abiertamente partidarios de ellos, exviceministros que se desmovilizan, finqueros que sacan pecho por contar con grupos armados en sus potreros. El paramilitarismo parece haber creado una nueva clase social basada en la capacidad de defenderse a sangre y fuego. Quien mire de cera verá que en realidad, nuestra democracia se ha convirtiendo, lentamente, en una paracocracia. Sin embargo, cuando de mirar la gestión del presidente se tata, todos aplauden.

Sin embargo el gobierno hizo dos planteamientos recientemente que muestran que entiende que la popularidad de papel puede no ser suficiente. El primero fue asumir el acuerdo humanitario como una forma de liberación de los secuestrados. Uribe siempre dijo que esto era una locura y ahora no le parece tanto. Y el segundo fue haberle ofrecido a Andrés Pastrana la embajada de Wahington. Un cabezazo a lo Maradona que aniquila parte de la oposición, si Andrés le dice que sí. Por eso, presidente, otra vez, Chapeau.

23 julio 2005

Fase de calentamiento

La selección de fútbol de Colombia se sentía campeona del torneo Copa Oro que se juega en Estados Unido pero el jueves Panamá le metió tres goles y la eliminó. Leí los editoriales y recordé entonces la frase de que en cada colombiano hay un director técnico de fútbol. Luego caí en cuenta de que la única actividad en el país en dónde este fenómeno se repite y en mayores proporciones, es la política.

La política se está poniendo buena con la proximidad de las elecciones. Hemos entrado, si se quiere, en la fase de calentamiento. Quienes aspiran a que los elijan en algún cargo, se están acomodando. Como buenos directores de fútbol han empezado a calcular, a montar su esquema propio, a crear tácticas y estrategias, en fin, a prepararse.

El candidato con mayores posibilidades es Uribe: tiene el poder, la televisión, el presupuesto, la maquinaria y la popularidad. Sin embargo, también es el que más fácilmente puede quedarse por fuera: está frente a una Corte Constitucional que, ante cualquier posibilidad de hacerlo, tumbará la reelección para salvar la institucionalidad.

Aunque no parezca, Uribe hoy está más solo que nunca. Apenas los funcionarios menores de Palacio (alguien me dijo el otro día que en Colombia sólo hay viceministros) están con él, así como algunos congresistas. De resto, quienes lo rodean le están apostando todo a que la reelección se caiga porque sienten que pueden eventualmente convertirse en los elegidos para la recta final.

En este grupo están personas como Juan Manuel Santos y Germán Vargas Lleras, entre otros, que se muestran muy uribistas, pero que en realidad aspiran a lanzarse al agua ungidos por el presidente. El problema es que Colombia es un país políticamente muy raro. Aquí las enemistades se heredan pero la popularidad no se endosa. Y menos la de Uribe que poco tiene que ver con su gestión y más con la persona y el sentimiento.

En la otra orilla están quienes se han opuesto al presidente y tienen los dedos cruzados para que se caiga la reelección y así no tener que enfrentarse a él. Serpa, luego de hipotecar su pensamiento social demócrata, anda buscando ser nuevamente el adalid de la rosa roja. Eso sí, no ha pagado la hipoteca y la cuenta le puede salir bien cara. Luego están los demás precandidatos liberales buscando salir victoriosos en la Consulta liberal. Y después está Antonio Navarro con el “Maillot jaune” del Polo organizando la resistencia.

En esta fase de calentamiento todo es cálculo para los precandidatos. No hay nada de fondo todavía. Pero ellos saben que la etapa del contenido, cuando llegue, será la definitiva porque traerá los temas grandes: el de la guerra y la paz, el del narcotráfico, el de la economía, el del empleo y el de la pobreza. Y cuando eso pase, también lo saben, la cosa será a otro precio y todo el mundo tendrá que estar preparado. No vaya a ser que llegue alguien, parecido a Panamá y les meta a todos tres goles.

16 julio 2005

Tiempo de refelxión

Durante los últimos tres años el país se acostumbró a que, con cada viaje presidencial a Europa, las críticas fueran y vinieran por cuenta de la actitud del gobierno frente al conflicto interno. Cada paseo de Uribe por el Viejo continente era siempre todo un víacrucis. Las ONG enfilaban sus baterías, los gobiernos aunque diplomáticos permanecían llenos de reservas y hasta la gente en la calle se manifestaba.

¿Cómo olvidar el Parlamento europeo vacío frente al presidente? ¿Cómo no recordar las salidas en falso de Uribe haciendo referencias a Hitler para justificarse? ¿Cómo dejar atrás la imagen del presidente pretendiendo entrar en un debate callejero con una contradictora suya en un andén cualquiera de Europa? Son imágenes dolorosas que están ahí.

Esta vez, sin embargo, parece que todo ha cambiado y que en su gira el presidente ha encontrado menos voces en contra. ¿La razón? Una sola: los repugnables atentados terroristas contra Londres. Y es lógico. No sólo el mundo se ha levantado a una sola voz en contra de semejante barbarie, sino que entre más se siente y se vive su dolor, las posiciones fuertes como la de Uribe, se comprenden y se reciben mejor.

A nadie le puede caber duda de que hay que hacerle frente al terrorismo con firmeza y decisión. Todos rechazamos los bombazos indiscriminados. Sin embargo, hay algo que no se puede perder de vista y es que la firmeza de ese repudio y ese rechazo no son suficientes para derrotar a un enemigo que puede golpear a su antojo donde quiera y para el cual la guerra es atemporal. Por eso precisamente es que los países europeos que no han sido tocados por la barbarie están aterrorizados.

Frente a este planteamiento caben algunas reflexiones. Una es que es posible que la respuesta dada hasta ahora por los países que han sufrido los ataques no sea la correcta y que en lugar de parar la amenaza, su actitud la esté incrementado. Para citar algunos ejemplos de los que ya se oye hablar, es posible que la invasión de Afganistán haya generado un fanatismo que hoy esté alimentando al terrorismo.

Mantener prisioneros encarcelados en la cárcel de Guantánamo privándolos, por lo menos hasta hace poco, del debido proceso judicial, puede estar despertando un gran odio por occidente. Mucho más si los señalamientos que se les hacen tienen un sesgo religioso. Las dudas sobre la legitimidad de la invasión a Irak y las torturas contra los presos en ese país pueden no haber ayudado tampoco. Y mucho menos la ecuación que se pretende hacer muchas veces entre Islam y terrorismo.

Cabe preguntarse entonces si habrá otra manera de enfrentar el tema. Y la respuesta no es nada simple porque la cosa parece no tener por dónde cogerse. ¿Tal vez alentando una cruzada islámica contra el terrorismo? ¿Aceptando que puede haber un problema de arrogancia en ciertas actitudes? ¿Cabe pensar en una diplomacia contra el terrorismo? No sé. Son algunas reflexiones nada más. Pero son válidas frente a la realidad de que la cosa se ha salido de las manos. A pesar de que nuestras posiciones fuertes encuentren menos resistencia en este ambiente tan caldeado, puede ser tiempo de pensar que las cosas en el mundo y en el país, pueden tener otra solución.

09 julio 2005

Grandes decisiones

La semana termina con dos hechos muy significativos. El primero es el retiro del ministro de defensa y el segundo es la presentación, por parte del presidente Uribe, de la terna para Fiscal general de la nación. Ambos son hechos de los que dependerán, en buena medida, el futuro del país y la imagen del presidente.

Sobre el adiós del ministro puede decirse que, aunque él dice que se trata de una decisión tomada desde el principio del año, la verdad es que la cosa no está tan clara. Si así fuera habría que preguntarse por qué esperó seis meses para ejecutarla exponiéndose, de paso, a la censura del Congreso. Cabe recordar que, aunque no terminó censurado, sí salió con un ala rota.

Al ministro se le veía mal. Más que cansado, lo cual es lógico con el ritmo endemoniado del gobierno, se notaba golpeado. Tal vez es que una cosa es presidir una empresa o una junta directiva y otra es montar el potro más bravo del gobierno. Su ministerio no fue malo, pero al final, la sensación que queda es que ese potro se la estaba pudiendo y que él decidió bajarse antes de darse un porrazo.

Camilo Ospina es su reemplazo. La importancia de esta decisión es que él tiene ahora la responsabilidad de apuntalar la política de seguridad. De lo bien o mal que lo haga dependerá la imagen final del presidente. Porque este gobierno le apostó todo su prestigio a la seguridad y el enemigo sigue por ahí haciendo daño. Y como si fuera poco, la reelección quedó malherida con el navajazo del procurador, lo que augura que no habrá segunda parte. Así que el reto del nuevo ministro es grande. Para él, buen viento y buena mar.

Sobre la Fiscalía hay que decir que Luis Camilo Osorio tuvo la titánica labor de depurarla y descontaminarla. Y no le tembló la mano a pesar de los rayos y las centellas que le llovieron. Además, entendió que esa institución tenía un poder desmedido y, contra viento y marea, lo redujo. Osorio le quitó a la Fiscalía su condición de herramienta inquisitiva a servicio del régimen de turno. El país le debe semejante beneficio, así como la implantación del sistema oral de justicia penal que está dando muy buenos resultados.

El sucesor de Osorio tiene que estar a la altura de la nueva institución. Y por eso hay que celebrar el cabezazo del presidente de incluir en la terna al abogado Jorge Pretelt. Este monteriano se ha movido en los terrenos de la academia como profesor doctorado en la Universidad española Alfonso X el Sabio. También en los del poder público como magistrado del Consejo Nacional electoral y conjuez del Consejo Superior de la Judicatura. No es un político; es un jurista. No saldrá de la Fiscalía aspirando a la presidencia. Y sobre todo, no trabaja como penalista, lo que garantiza que no tiene socios que litigarán ante él.

Esta fue una semana de grandes decisiones. Ahora, habrá que ver qué pasa.