Acostumbrarse a las situaciones excepcionales lleva a que, muchas veces, se descalifique a quien se atreve a llamar la atención sobre el hecho. Es precisamente lo que le ocurrió al expresidente César Gaviria al denunciar que hay listas uribistas al Congreso plagadas de paramilitares que aspiran a una curul.
Gaviria, uno de los pocos frenteros de los pesos pesados de la política actual, no ha tenido pelos en la lengua para hacer esta denuncia. Y le han llovido rayos y centellas. Lo grave es que esa lluvia no ha llegado desde las gargantas de los jefes políticos de las listas señaladas, que serían los naturalmente llamados a hacerlas. Han llegado desde el curubito del propio gobierno, en cabeza del vicepresidente.
¿Por qué sale el vicepresidente, un funcionario del Estado, a intervenir en un tema que es esencialmente político? El no está legitimado. Al fin y al cabo no se ha inscrito formalmente como candidato a nada. ¿Entonces?
Por otro lado, si ya es raro y sospechoso que Santos salga a defender a Uribe, más lo es la manera en que lo hace: descalificando en términos electorales el llamado de atención del jefe del liberalismo. Es probable que Gaviria al hacer la denuncia tenga una intención política. Pero es que no sólo tiene derecho a tenerla sino que su trabajo consiste en hacer política y evitar que se la hagan en contra a su partido, sobre todo, a punta ilegalidades.
Adicionalmente, hay que decir que la postura trasciende lo electoral. No es sólo grave en términos de votos para lo opositores de Uribe que el paramilitarismo incluya sus hombres en las listas que apoyan al presidente, sino que lo es para el país en términos de civilización. Esto, así a muchos les parezca normal o algo propio de nuestra política o nuestra cultura.
Gaviria ha puesto el dedo en la llaga gritando a los cuatro vientos que hay paras en listas uribistas y que el presidente debería tener una postura pública frente al tema y muy pocos lo han apoyado en el debate. ¿En dónde están los candidatos a la presidencia respaldando la evidente realidad de lo denunciado? ¿En dónde los medios o la sociedad?
El expresidente liberal, como parte de la oposición, se ha convertido en un llanero solitario en la lucha política de los grandes temas. Ha tenido la fuerza y la valentía para enfrentar el dedo juzgador del uribismo y cargar con la respectiva cuota de impopularidad. Mejor dicho, es el único que está actuando como verdadero candidato a la presidencia, sin serlo.
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