Desde hace casi cuatro años el mundo se acostumbró a ver el ejército americano enfrentando los peores peligros de la guerra. Los Estados Unidos decidieron hacerle frente a un enemigo invisible en las tierras en las que creían se encontraba y asumieron las consecuencias. Entraron a los territorios en donde no fueron recibidos precisamente con abrazos y flores, como esperaban.
En cada una de esas avanzadas militar ha habido una crisis humanitaria. En Afganistán el hambre azotó al pueblo y los Estados Unidos respondieron rápidamente. En Irak pasó lo mismo. Junto con las balas y los tanques llegan el agua y los víveres. Es la manera integral de ganar la guerra y los Estados Unidos lo saben y por eso siempre lo han hecho bien. Pero por eso mismo ahora que la crisis humanitaria está en su propia casa, no se explica por qué la han manejado tan mal.
El huracán Katrina es uno de los fenómenos más devastadores de los últimos tiempos. Apenas el mundo se reponía del desastre que dejó el Tsunami asiático la naturaleza arremetió de nuevo, esta vez en el corazón del imperio. El dolor y desolación son los protagonistas de la historia y el gobierno de Bush, lamentablemente para el pueblo americano y para las víctimas, no ha podido dar la talla.
Es asombroso pero lo mismo pasó con el Tsunami. Los americanos se movieron muy lentamente. Es como si el gobierno de Bush pudiera atender las crisis humanitarias solamente cuando hay un objetivo militar de por medio. Porque cuando es la naturaleza la que causa el desastre, la ayuda llega tarde, llega a medias o no llega.
La imagen de Bush con su padre a su izquierda y Clinton a la derecha pidiéndoles paciencia a sus conciudadanos que llevan cuatro días aguantando hambre y sed es bastante particular. Pretende unir al pueblo americano en un sólo esfuerzo pero ya es muy tarde. Los habitantes de las zonas desoladas y buena parte de los de aquellas que salieron ilesas ya vieron que su gobierno falló. No se trataba de ayudar sino de hacerlo a tiempo. Y por eso la popularidad de Bush va en picada.
Katrina logró lo que el terrorismo no pudo. Acabar con la imagen del presidente Bush. Afortunadamente las víctimas ya están siendo atendidas y el mundo se ha unido en este esfuerzo humanitario. Sin embargo, la imagen del mandatario más poderoso del planeta parece haberse evaporado definitivamente con el viento.
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