25 junio 2005

Misión para Andrés

Este viernes que pasó apareció un artículo en El País de Cali sobre el Partido Conservador, escrito por Marcela Mosquera Vásquez. La verdad es que el escrito me sorprendió mucho pues, además de estar bien escrito, deja sobre el tapete el interrogante de cuál puede ser el papel de Andrés Pastrana en las próximas elecciones.

Algunos dicen que Pastrana no tiene nada que hacer con la situación actual del país. Otros opinan que los índices de popularidad de Andrés son realmente bajos y que eso puede hacerle daño a quienes gocen de su apoyo. Y otros aseguran que los expresidentes ya no tienen juego en la política nacional. Quienes opinan así se equivocan de cabo a rabo.

Por una parte, le guste o no a algunos, las bases de la seguridad democrática, que es lo único que mantiene popular a Álvaro Uribe, se pusieron durante el cuatrenio anterior. El fortalecimiento del ejército es obra de Andrés. Además, las finanzas públicas que han medio sobreaguado durante estos años de intenso uribismo, son fruto del manejo de sus ministros de hacienda. Y como si fuera poco, en materia de buena imagen internacional del país, Pastrana recibió un país destrozado y alejado de la comunidad internacional y lo entregó jugando en la delantera latinoamericana.

Se me podrá argumentar que está bien, que eso es lo que hizo Andrés, pero que, al fin y al cabo, es algo pasado. Puede ser, pero precisamente de esa gestión que se ha querido soslayar es que surge la figura del expresidente como opción política presente y futura. Y no me refiero a que si hay reelección Andrés tenga ganas u oportunidad de lanzarse a la presidencia nuevamente. Evidentemente ese no es tema de nuestros días. Me refiero es a que Andrés Pastrana es el único que puede reorganizar el partido conservador para convertirlo, como dice el artículo de El País de Cali, en verdadera fuerza política.

El ejemplo de los expresidentes recomponiendo lo que la dinámica política nacional ha desorganizado es claro y está en frente. Así como Gaviria volvió al país y armó al liberalismo, Pastrana puede hacer lo propio con el conservatismo. Los ejércitos azules están listos, fuertes y de lo único que carecen es de liderazgo. Afortunadamente en el expresidente Pastrana, el liderazgo es algo natural.

El problema sin embargo, no es sólo que Andrés haga presencia en Colombia y se dedique a organizar sus huestes. Si viene le va a tocar lidiar con Carlos Holguín, quien quiere convertir el partido en el soporte de campaña de Uribe. Sin embargo, hacerlo no debe ser tan difícil. Al fin y al cabo, si algo le queda a Holguín en política, es la posibilidad de buscar la candidatura del conservatismo en cabeza propia.

La misión de Andrés puede verse como algo imposible, pero no lo es tanto. De hecho, sólo él puede generar un ambiente y una estructura que permita que el conservatismo deje de estar colinchado de la popularidad de Uribe y vuelva a tener vocación de poder.

!Ruge Cardenal¡

Esta semana hubo mucha política. Terminó la legislatura, el proceso con los paras se calentó, Clinton se paseó por Bogotá y le dijo a Uribe que lo apoyaba como presidente pero más como expresidente, en fin, hubo de todo. Sin embargo y con la venia de la dirección de este semanario, hoy no habrá análisis político. ¿La razón? Una frase de hincha que se me grabó de niño en la mente y que, aunque al presidente Uribe seguro le suena subversiva, la suelto aquí: “La patria por encima de todo y Santa fe por encima de la patria”.

Santa fe es finalista después de 30 años y por cosas del destino terminé incrustado el miércoles pasado en la mitad de la barra brava en el partido de la final contra Nacional. Mi atuendo cardenal: camiseta oficial, un sombrero rojo con el escudo en la frente y los cauchos colorados de un tratamiento de ortodoncia que me inventaron cuando me volví presentador de Caracol Noticias. Llegué tarde al estadio y a punta de nadar en un río de banderas rojas fui a parar detrás del arco, en pleno territorio de la Guardia Albirroja Sur.

El recuerdo de las escenas que semanas atrás terminaron en tragedia en el Campín me rondaba la cabeza. Sin embargo y sin querer exculpar a nadie, viví todo el partido entre jóvenes alegres que no han visto campeón a su equipo pero que lo idolatran como si les hubiera deparado esa alegría muchas veces. Muchachos que se identifican a través de sus tatuajes, sus piercings, sus expresiones y su pasión roja.

Apareció Nacional en el campo y subió la tensión. Se aproximaba la salida del local y la barra empezó a rugir: “Sale el leoooón, sale el leoooón”. Y yo con ellos: “Sale el leoooón, sale el leoooón”. Y así, lentamente, vi emerger a los jugadores que a punta de esfuerzo y garra nos tenían a todos allí esa noche. El Campín estaba a reventar y yo era parte de ello.

Durante el partido la barra brinca y canta incansable. Aguantar es cuestión de método. “El que no salte, no es del león”, se oye a mil voces cada cierto tiempo, y así no hay escapatoria. Cuando empezó el partido yo ya estaba poseído. Mi brazo arremetía solo contra el aire, mis oídos retumbaban con los coros, me había convertido, sin saber a qué horas, en un soldado invencible de ese ejército rojo.

Al final, cuando se bajaron los ánimos, entendí que estar en la barra es un regalo para la experiencia de ir a fútbol. Allí el partido es una fiesta en la que hasta el sufrimiento se goza. El empate a ceros me privó, para bien o para mal, de vivir la “Avalancha”, que se da cuando hay un gol cardenal y la barra entera se vuelca feliz a la primera fila. La verdad es que el partido no estuvo bueno, pero fui parte de una fiesta inolvidable.

Santa fe viaja a Medellín el domingo, un día después de que aparezca publicada esta columna, para definir quién será el campeón. Puede perder o ganar. Para mí, sin embargo, lo vivido esa noche ya me entrega a mi equipo vencedor. ¿Cómo explicarlo? Tal vez con un coro de la barra: “El Rojo es la locura, la pasioooón… al rojo yo lo quiero ver campeoooón…”. Ojo: Sale el león. ¡Ruge Cardenal!

18 junio 2005

El ejemplo liberal

Durante mucho tiempo el Congreso Liberal despertó gran expectativa. Algunos pensaron que sería una reunión de nostálgicos que echarían unos discursos que al final no dirían nada. Otros, que se trataría de un evento para reencauchar líderes olvidados. Y al final todos se equivocaron porque el Congreso Liberal de la semana anterior terminó siendo lo más importante que le ha pasado al país en los últimos cuatro años.

La reunión de los liberales tuvo dos efectos fundamentales para el reacomodamiento de las fichas en el tablero del ajedrez político preelectoral. El primero fue interno, a nivel del propio partido liberal y consistió en que en menos de dos días que duró el Congreso, el liberalismo hizo una reingeniería que lo dejó bien parado y muy fuerte.

En este proceso de limpiar la casa el protagonista principal fue Horacio Serpa quien entendió que para seguir vigente debía jugarse una carambola a dos bandas. Se tragó el sapo de la jefatura única que lo dejaba por fuera del puesto de mando del partido, pero se posicionó como adalid del programa social demócrata que se adoptó.

Este movimiento de tahúr electoral de Serpa tuvo, de pasada, un tercer efecto. Se trata de una tercera carambola: dejó tirados en el camino al dúo dinámico conformado por Piedad Córdoba y Gómez Méndez, quienes debieron resignarse a ver cómo Serpa les dijo adiós. Se quedaron viendo un chispero y con el rabo entre las piernas.

El segundo efecto que tuvo el Congreso liberal fue el de poner al partido como interlocutor principal del gobierno en los grandes temas de la política. Hasta ahora el ejecutivo no tenía con quién vérselas de tú a tú. Al liberalismo y al Polo los ignoraba y al conservatismo lo cuadraba con puestos. Ahora al Polo y al conservatismo los tranza pero el liberalismo ya le sale al ruedo y le revira y duro. Semejante milagro se lo debe el país a César Gaviria.

Con la experiencia de los ires y venires de la democracia, vividos y padecidos en carne propia en los años en que ocupó ese cargo, el exsecretario de la OEA se creció y se fajó. Con ejemplos mostró que Uribe ha empequeñecido la política. Señaló cómo a los temas de Estado los reemplazaron las minucias electorales, a la vocación de poder para el desarrollo la reemplazaron la soberbia y el egocentrismo, y a la política la reemplazó la politiquería.

En torno a Gaviria se está uniendo el establecimiento que entiende que, para que Colombia sea viable, se debe hacer política mirando más allá de la obsesión colectiva de derrotar a la subversión. A eso hay que sumarle el ejemplo de organización y dignidad que el expresidente y el liberalismo les están dando a los demás partidos.

Pero el beneficio de tener a Gaviria al frente de la oposición no es sólo bueno para el país. La verdad es que quienes nos hemos atrevido a decir que, a pesar de las cosas buenas del gobierno el presidente comete errores como el de apostarle a la reelección, nos sentimos menos solos; hoy nos sabemos menos equivocados y más respaldados.

11 junio 2005

Serpatizante

El día en que Álvaro Uribe ganó las elecciones presidenciales Horacio Serpa se paró ante un grupo de seguidores y anunció que nunca volvería a ser candidato presidencial. Eso significaba que, ante la muenda que le había dado el disidente que había comenzado con un 1% en las encuestas y luego se había hecho con el 55%, él abandonaba la política y se dedicaría a otras actividades. Eso también significaba que estaba diciendo mentiras.

Serpa había llevado a la derrota al liberalismo por segunda vez consecutiva y desde ese punto de vista sus palabras eran coherentes. Pero esa responsabilidad política electoral, la de colgar los guantes cuando se conduce al partido a la derrota, en Colombia, es pura teoría. Aquí, de tanto tratar, hay algunos candidatos que al fin lograron ser presidentes.

Alfonso López se enfrentó valerosamente al frente nacional, perdió, y luego, lo logró. Belisario Betancur ensayó varias veces y al final también lo logró. Andrés Pastrana fue derrotado la primera vez y la segunda (contra Serpa) salió elegido. Y sin duda Galán, después de haber perdido lo habría logrado también, si lo le hubieran quitado la vida las balas untadas de política de Pablo Escobar.

Serpa, luego de la derrota contra Uribe, entendió que tenía que reinventarse. Para eso se fue a Estados Unidos, aprendió a pedir Big Mac en inglés en Mac Donalds, y aceptó el cargo de embajador ante la OEA. Después de denigrar hasta por los codos del hoy candidato-presidente, terminó siendo su empleado y haciéndole venias a todas las iniciativas que su ideología socialdemócrata ha debido rechazar. Sin embargo, al sentir cerca el pitazo inicial de la campaña presidencial, renunció y se vino a hacer política.

Al llegar se le vio perdido, sin norte. Trató de hacer propuestas pero no sólo le quedaba difícil atacar de frente a su antiguo jefe, sino que todo lo que decía tenía sabor a viejo, a pretérito, a derrota. Luego llegó Gaviria a recomponer el liberalismo y de manera natural opacó el poco liderato que todavía le quedaba a Serpa en su partido. Horacio, sin embargo, guerrero, entendió que no se podía dejar ganar así como así. Se inventó entonces un Homenaje Nacional en el Hotel Tequendama con mucha gente que lo aplaudiera.

Allí dijo de todo. Le echó vainas a Uribe, arremetió por los laditos contra Gaviria, se mandó otra vez con el vibrato ese de su voz que se hizo famoso en las épocas en que defendía a Samper y de ahí salió para el congreso Liberal a tratar de no quedarse del bus de la modernidad.

A la hora de terminar esta columna nada se sabía de los resultados de ese congreso. Pero lo que sí es claro son las ganas de Serpa de volver a ser candidato. Ojo liberales: si Horacio vuelve a tratar, terminará acompañando a Álvaro Gómez en el recuerdo de los colombianos, como uno de los que trató y trató pero nunca llegó. Uno de los que no se supo cortar la coleta de la política y a los que el pueblo siempre terminó diciéndoles “Mamola”.

04 junio 2005

Politik, Politique y Política

En mi análisis del 7 de mayo en un artículo titulado “Enredo mundial” hice un par de predicciones que resultaron acertadas. La primera, sobre la Politik, tenía que ver con la suerte del gobierno alemán. Y la segunda, sobre la Politique, tenía que ver con el referendo francés de la Constitución europea.

Sobre el primer tema dije: “el gobierno alemán de socialistas y ecologistas (rojo-verde), encabezado por Gerhard Schröder, parece tener los días contados. La unión de democristianos y socialcristianos (CDU-CSU) se va haciendo Land tras Land con el poder regional”. Bueno, pues mediados del mes se celebraron las elecciones regionales en Renania del Norte-Westfalia y el resultado fue el peor para los socialdemócratas en 50 años. Inmediatamente Schröeder decidió convocar elecciones generales en septiembre de este año anticipando las previstas para 2006.

La unión cristiana entendió que con ese golpe mortal al gobierno socialista tenía que prepararse y la semana pasada escogió a Angela Merkel como su candidata. Predicción: Frau Merkel va a ganar no sólo porque es buena en la política y porque el cuarto de hora de Schröeder ya se agotó, sino también porque rompe con el molde tradicional de los candidatos conservadores. Tiene su origen en Alemania Oriental (nació en Hamburgo), es una mujer protestante, separada y sin hijos, que está representando un partido dirigido históricamente por hombres conservadores, mayoritariamente católicos y que le rinden culto a la institución de la familia.

Sobre el segundo tema, el referendo en Francia, escribí que los franceses cuando de apoyar popularmente las causas europeas se trata, siempre ponen “a temblar a sus vecinos” y que “el fantasma del NO ya comenzó a rondar la mente de todos”. Bueno, pues el NO se impuso ampliamente en todo el territorio francés. Muchos dicen que se trató de un mensaje de rechazo al gobierno de Chirac y no al proceso de integración. Pero el que la negativa se esté difundiendo por el Viejo continente como un virus inatajable (Holanda lo rechazó rotundamente y en Luxemburgo y Dinamarca las encuestas muestran que puede pasar lo mismo) hace pensar que la realidad es diferente.

Sin embargo, la Constitución europea no está muerta. Es cierto que para su aprobación se requiere la de todos los miembros de la Unión, pero el que algunos la rechacen no indica que haya que desecharla. Predicción: Luego de que los países se hayan pronunciado vendrán algunos cambios en su texto y su implantación definitiva.

Bueno, ya estuvieron la Politik y la Politique. ¿Y la Política? Ah sí… La colombiana. “La nuestra”. Bueno, aquí Uribe sigue en campaña echándoles vainas a los expresidentes. Puro miedo a Gaviria, dicen algunos. Y de resto, el análisis del 7 de mayo lo terminé con las siguientes frases: “Y mientas tanto, en Colombia, todo sigue igual. La gente cada día más pobre, la guerra cada día más cruel, no hay partidos, no hay política, y todavía, a estas alturas, seguimos sin saber si habrá reelección.”