08 octubre 2005

Mala puntería

El país está a la expectativa de lo que decida la Corte Constitucional sobre la reelección. Mientras tanto, quienes opinamos por profesión, nos estamos deleitando. El problema es que el tema no es solamente político, lo que daría para que todo el mundo hablara con propiedad, sino que es fundamentalmente constitucional, lo cual es más complejo y se presta, válgame Dios, para grandes equivocaciones.

Una de ellas fue la del exministro Juan Carlos Esguerra hace unos días, cuando por radio criticó a la Corte Constitucional por aplicar teorías del derecho alemán. El error está en que a Esguerra, como a muchos otros, se le olvidó que el constitucionalismo en Alemania se ha desarrollado de la mano de la humanidad y que Colombia ya es parte de ese desarrollo. ¿No recuerda el exministro de dónde salió la acción de tutela?

El derecho público alemán no está basado en el poder sino en la libertad y por eso no se apoya en Estado como estructura sino en el individuo como fin. Esto, para muchos, es difícil de entender. Pero esa falta de comprensión no cambia la realidad: cuando por cuenta de la trágica y dolorosa historia del siglo 20 avanzó el derecho en Alemania, lo que avanzó fue el derecho en el mundo.

Hoy en día el examen de constitucionalidad no consiste en comparar dos textos o verificar si se siguieron unos requisitos para hacer una reforma. Por eso nuestra Corte, que sí entiende, tiene como herramienta principal la interpretación. Como el individuo y su dignidad son el fin último del Estado, aquello por y para lo cual existe, en el examen de constitucionalidad el resultado debe ser siempre la interpretación que mejor proteja esa dignidad. Eso es derecho humanista contemporáneo. Alemán, si se quiere, español, si se quiere, pero también y sobre todo, colombiano.

¿Qué tiene que ver esto con la reelección? Que la interpretación le da a la Corte la posibilidad de mirar el fondo de la reforma y no sólo su forma. Y allí, en el fondo hay muchas cosas que la entierran. ¿Ejemplos? Se daña el equilibrio de poder, se rompe la igualdad, sufre el sistema electoral y como si fuera poco, se afecta la democracia.

Eso sin tener en cuenta un fenómeno político que consiste en que los partidos pueden perder su vocación de poder, que finalmente es su razón de ser. Basta mirar al partido conservador, olvidando la responsabilidad que tienen con sus electores y aferrándose moribundo a la esperanza de que pase la reforma.

Por lo anterior es que los defensores de la reelección últimamente están tan nerviosos y tirándole tanto rayo a la Corte. El problema es que muchos, al tratar de pescar con palabras y tinta en semejante río revuelto, han terminado demostrado por lo menos dos cosas. La primera, que aparentemente los dejó el tren del derecho. Y la segunda, que tienen mala puntería. Porque por lo menos en este tema, por mucho esfuerzo que hagan, realmente le están apuntando muy mal al tiesto.

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