30 junio 2007

Semana

En medio del caos de la guerra, del agite político del país, del dolor que nos causa a todos la muerte de los diputados del Valle, la Revista Semana cumple 25 años. Muchos han elogiado su función dentro de la política actual, su participación como actor real de buena parte de la historia patria del último cuarto de siglo y su papel vital en la sociedad. Y es apenas natural, porque cuando se piensa en Semana, se piensa en política. Pero se va más allá. Porque se trata de una revista que no se lee sólo para saber qué está pasando, sino también para saber y entender que es lo qué va a pasar.

El éxito de Semana tiene nombre propio: Felipe López Caballero. Es su fundador y ejerce su función de Publisher como un controlador de vuelo que, desde la torre de control, logra guiar al piloto a buen puerto a través de una tormenta. Ojo, Colombia es país de tormentas, especialmente en lo político. Y Felipe interpreta bien los factores de vuelo de la nación. Cada día, con la ayuda de Mireya Durán, su maravillosa e incansable secretaria, Felipe va urdiendo la siguiente edición de la revista Semana que siempre da de qué hablar.

Pero Felipe no sólo es controlador en tierra. También se sube al avión y pilotea cuando hace falta. Hace llave con su director en una relación en la que, muchas veces hay enfoques distintos, pero al final, siempre se funde todo para el lector en una sola voz. Esto enriquece el contenido. Pero Felipe, también ejerce otro papel. De encontrarlo necesario, no duda en ponerse, lápiz en mano, a hacer reportería para encontrar lo que busca o considera que hace falta. Una especie de asistente de vuelo en su propio avión.

Precisamente, conocí a Felipe en ese papel. En razón de mi profesión de abogado, debí responder unas preguntas para la revista sobre un tema político que fue titular durante algunos años. Y el reportero, fue él. Desde entonces lo admiro en lo profesional y en lo personal. Fue Felipe, precisamente, quien me hizo periodista de prensa escrita. Desde ese día me enseñó la magia de las frases cortas y de los puntos seguidos. Gracias a él aprendí a pensar en el lector, la importancia de algunos títulos y, sobre todo, el poder del análisis. En el proceso nos volvimos amigos. Luego me convirtió en el editor político de su revista, donde me inicié en este oficio y pude tener una experiencia muy grata: vivir Semana por dentro.

Pero el éxito de los vuelos también es del piloto. En sus años al frente de la dirección de Semana, Alejandro Santos ha sabido manejar el avión impecablemente. Sabe leer con precisión el aire político, interpretar los vientos del poder y logra cuajar siempre una revista indispensable. En los últimos años ha integrado un equipo de mucho peso a la hora de analizar la coyuntura para prever qué puede pasar. Y, sobre todo, ha mostrado aplomo y ecuanimidad en un país y en una labor en los que, por puro instinto de conservación, es difícil no tener agenda propia. La agenda de Alejandro, cada día entre lunes y domingo, se llama Semana. Desde aquí, van para él y su equipo, mi saludo, mi reconocimiento y mis felicitaciones.

A Felipe López, feliz cumpleaños, porque él es la revista. Y, también, muchas gracias por todo. Entre otras cosas, porque fue quien me presentó a Gonzalo Córdoba, quien me trajo a esta casa mía que es El Espectador, donde he podido poner en práctica lo que aprendí en la revista Semana.

23 junio 2007

Enlamala.com

Desde el miércoles pasado varios usuarios de Internet empezaron a experimentar fallas en el servicio. Un pesquero de profundidad, en las aguas de Centroamérica, dañó el cable Arcos, que conecta con fibra óptica los países del Caribe, las Antillas y Centroamérica con los Estados Unidos. Esto hizo que el tráfico internacional de datos (lo que se envía y se recibe por Internet), se viera muy disminuido. El acceso a servidores fuera de Colombia, principalmente a los localizados en los Estados Unidos y Europa, fue totalmente intermitente, y en algunos casos, imposible.

La falla es la tercera del año y es ya un campanazo que puso sobre la mesa una realidad: que Colombia no está preparada para un apagón de Internet de magnitudes importantes. Posiblemente no se tengan datos concretos de las pérdidas que generó este hoyo negro que, realmente, fue pequeño. Al fin y al cabo en muchos negocios es difícil calcular el porcentaje de importancia de la red en el proceso de producción. Pero quedó claro que, si se cayera Internet por largo tiempo, el país podría quedar en buena parte, paralizado.

La razón es muy sencilla. La importancia de la red es que acorta distancias y velocidades. Y en un mundo globalizado, como el nuestro, eso se mide en dinero. Por eso la conectividad marca la diferencia. La comunicación rápida y eficaz se utiliza mayormente para interrelacionarse con otros países y mantener el flujo económico y las cadenas de producción en las compañías. Por eso, que el servicio se corte y se paralice el intercambio de información con el extranjero, resulta caótico.

Los más importantes proveedores de Internet entendieron esto y están abriendo los ojos. Si en este momento del país, en el que el comercio electrónico es incipiente, ocurre semejante cosa por cuenta de un barco pequero en Nicaragua, ¿cómo será cuando el comercio electrónico tenga un porcentaje mayor en el componente económico de la nación? ¿Qué va a pasar cuando las bolsas de valores estén interconectadas y los giros bancarios viajen en un mayor volumen por fibra óptica? Ya los operadores están buscando soluciones que permitan estar preparados para una futura situación similar o más grave. Esperemos que las encuentren pronto.

Pero no debe ser sólo la empresa privada la que entienda esta realidad y le busque soluciones, sino que hay que entender que la conectividad hace parte de la seguridad nacional. Así como el petróleo es un bien que requiere el país para subsistir, así como la energía eléctrica y el agua no pueden faltar al ser bienes y servicios de primera necesidad, Internet también debe estar en un puesto privilegiado en la agenda de los gobiernos locales y nacional.

Desde el Estado debe asegurarse la conectividad a fin de mantener los niveles de producción de la economía. Y para eso se necesita revisar la dependencia de nuestro país de las responsabilidades ajenas. Hay que ser autosuficientes en materia de interconexión de datos y por eso no es una locura pensar en tener cables submarinos propios o contratos de suministro exclusivos, que nos permitan estar tranquilos en esta materia.

Colombia es un país que no se cansa de pensar en tecnología. Pero ahí debe estar presente la conectividad nacional, como parte fundamental de la supervivencia del Estado. De lo contrario, podríamos volver en cualquier momento a quedar fuera de línea por algún accidente o, lo que es peor, que la conectividad empiece a ser un factor de presión política. ¿Se imaginan eso? Ojo porque en materia política, en el continente, el palo no está para cucharas. Y si la interconexión empezara a depender del vaivén de los intereses de poder de la región, ahí sí podríamos quedar todos y, definitivamente, fuera de línea.

16 junio 2007

La canción de Mambrú

Hace unos meses me topé en un almacén con un disco de canciones para niños. Una de ellas era la de Mambrú, soldado que se fue a la guerra y no volvió. Pues el jueves pasado, oyendo la entrevista que le hizo La W a Aníbal Fernández, candidato al concejo de Bogotá, sobre por qué en su concepto el Partido Conservador debe apoyar a Enrique Peñalosa a la Alcaldía, esa canción se me vino a la cabeza. Voy a tratar de explicar por qué, aunque no prometo tener éxito pues, incluso en este oficio en el que semanalmente se buscan los términos más variados para decir las cosas, hay ocasiones como esta, en las que la vergüenza y la tristeza hacen de esa labor algo difícil.

Hablo de vergüenza porque, quienes tenemos origen conservador y somos bogotanos, no podemos sentir cosa distinta frente a la manera en que el entrevistado destrozó todos los postulados de la lealtad partidista y hasta olvidó la historia. Para él no hay Partido Conservador en Bogotá porque “las mejores cosas toman tiempo”. Como si el Partido Conservador no fuera una organización política centenaria que ha dado mil batallas, de toda índole, en la historia patria.

Olvidó el candidato que Bogotá le debe mucho a alcaldes conservadores como Manuel Briceño Pardo, Carlos Albán Holguín o Andrés Pastrana. También que el conservatismo tuvo batalladores que, solitarios, dieron la pelea hasta el final. Entre ellos están Juan Diego Jaramillo, gladiador incansable; Carlos Morenos De Caro, a quien le faltó poco; William Vinasco, colega periodista, y Miguel Ricaurte. Son conservadores a los que les ha sobrado lo que hoy tanto le falta al partido.

Dijo también el entrevistado que acompañará al precandidato Diego Arango hasta la consulta interna, pero desde ya lo descalifica y le tiene reemplazo en otras toldas. ¿Qué tipo de lealtad es esa, por Dios? Y, como si fuera poco, desconoció la existencia de muchos bogotanos que orgullosos saldríamos a dar la batalla por la alcaldía hoy en día, si existiera un mínimo deseo institucional de volver al poder en Bogotá por la puerta grande.

La tristeza en este caso es por partida doble. Primero por el conservatismo, porque duele que se hable como lo hizo el entrevistado. La falta de vocación de poder le ha hecho mucho daño a las nuevas generaciones y qué mejor botón para la muestra. Y segundo, por la campaña. Es lamentable ver a los mismos candidatos de siempre discutiendo lo mismo: si se expropiará el campo de polo del Country Club o si Transmilenio pasará por la séptima, mientras la ciudad se asfixia en desplazados y los desplazados se asfixian en indiferencia. Nada es nuevo. Se quiere construir el futuro de Bogotá con glorias del pasado.

Es posible que el entrevistado esté pagando la primiparada de acercarse por primera vez a la actividad pública. Señor, bienvenido a la política. Pero que el Partido Conservador tenga cuidado. Enrique Peñalosa es candidato respetable, pero su real aspiración era ser senador y se quemó. Por eso hoy, derrotado, busca reencaucharse en la vida nacional a través de la alcaldía.

Si el conservatismo cometiera semejante disparate habría que cantarle la canción de Mambrú: qué dolor, qué dolor, qué pena. Mambrú se fue a la guerra, no sé si volverá. Aunque, pensándolo bien, hay una diferencia grande: que Mambrú se fue a la guerra, no volvió, pero por lo menos dio la pelea.

09 junio 2007

El nuevo amigo

Eso de que la política es dinámica es totalmente cierto. Quienes en un momento eran amigos, por circunstancias de la lucha de poder, terminan enfrentados. Y quienes no lo eran y hasta ventilaban sus disputas en público, pueden terminar abrazándose y haciendo equipo. Esto tiene una explicación y es que la política, como el arte de buscar el poder, es una actividad de intereses individuales (los políticos) o colectivos (los Estados). Y por lo tanto, esos intereses determinan muchas veces con quién se está y cuándo, dependiendo del momento histórico y, sobre todo, de la ideología. Es lo que nos está pasando ahora con Estados Unidos y Europa.

El presidente George Bush y Álvaro Uribe son parecidos en todo. De ahí, precisamente, su identidad. Ambos son de derecha, ambos apoyaron sus respectivas campañas de elección y reelección en la seguridad, ambos son capaces de nadar contra la corriente a pesar de las aguas fuertes. Por eso mientras que Bush mandaba en Estados Unidos, Colombia gozaba de todos los privilegios de hijo preferido. Plata, políticas conjuntas, pocos condicionamientos, etc.

El gran opositor de Uribe, hasta hace poco, era el gran opositor de Bush: Europa. Basta recordar los viajes del presidente colombiano teniendo que enfrentar sillas vacías en el Parlamento Europeo, protestas en las calles, y hasta desplates de los jefes de Estado. Pero, repito, la política es dinámica, y por eso, los amigos de ayer son los contradictores de hoy y quienes antes miraban con desconfianza a Uribe ahora lo felicitan.

Hoy que en los Estados Unidos los que mandan son los demócratas, Uribe pasa las duras y las maduras en Washington. Al Gore le hace desplantes, Nancy Pelosi lo pone a rendir cuentas, le embolatan el Tratado de Libre Comercio, le dan a Colombia tratamiento de hijo calavera. El presidente va y da la pelea, pues es gallito fino, pero eso no basta. Y, para rematar, Barak Obama, aspirante a la Casa Blanca al que no le va nada mal en las encuestas, firma una carta haciéndole el feo y sacándole trapos al sol.

Contrasta esto con la posición del Grupo de los ocho países más fuertes del mundo reunidos en Alemania. El recientemente elegido presidente francés, Nicolás Sarcozy, ha liderado la iniciativa de que, desde la cumbre del G8, se aplauda a Uribe por su iniciativa de excarcelar a los guerrilleros de las FARC como gesto de buena voluntad. Con el resultado del viaje a Estados Unidos esto es importante para Uribe desde el punto de vista político. En el fondo de todo está que Ingrid Betancur es francesa, pero sin duda, el fuerte componente conservador del grupo juega un papel.

La semana deja, entonces, un nuevo escenario político para el presidente Uribe. Los amigos de entonces, los americanos, le reclaman. Y quienes lo atacaban, lo aplauden. Por eso es momento de virar hacia el viejo continente y hacerse al lado de quienes allí cierran filas con Colombia. Sin embargo, las agendas en Europa son más complicadas, tienen un mayor componente social, implican un mayor esfuerzo diplomático. Por eso no es raro que las relaciones con los países europeos se afiancen ahora mucho más. Europa es el nuevo amigo. Uribe lo sabe, lo entiende y, por eso, veremos mucho más énfasis en la relación con el Viejo continente. Así será, por lo menos, mientras se sabe cómo quedamos cuando termine la campaña a la presidencia en los Estados Unidos y tenga que replantearse la política de la relación con ese país.

02 junio 2007

Santos

En medio de todo este impulso unilateral a favor del intercambio humanitario que, ojalá me equivoque, terminará en una nueva frustración al no ser producto del acuerdo, camina lentamente la moción de censura contra el ministro Juan Manuel Santos. Las causas de la moción son principalmente el manejo del escándalo de las interceptaciones ilegales, el malestar de Venezuela y la supuesta conspiración para tumbar a Samper.

La salida de los 10 generales de la policía por la chuzada de teléfonos se hizo sin explicaciones mayores. Sin embargo, no se aclararon quiénes fueron los responsables, quiénes en realidad las víctimas, y menos cómo se supo del tema. Por eso en la opinión quedó la sensación de que el gobierno esconde algo. Y por eso la oposición se fue lanza en ristre contra el ministro.

Sobre la molestia de Venezuela contra Santos, pues es natural que exista. Santos públicamente aplaudió la caída de Chávez en el golpe y eso al presidente venezolano no se le olvida. Sin embargo, esa no puede ser razón para que Santos salga. ¿De cuándo a acá un gobierno extranjero pone y quita ministros?

Respecto de la conspiración de 1997 contra Samper, debe verse la cosa desde los puntos de vista político y el judicial. En lo político es evidente que era una salida válida para hacer la paz y recuperar la institucionalidad de un país aislado y tan profundamente en crisis. Claro, a los samperistas no les gustaba porque pasaba por la salida de su jefe por la puerta de atrás. Pero la verdad es que, de haber resultado, la historia del país hoy sería otra. Plantea Juan Fernando Cristo que si hoy se hiciera lo mismo la reacción del gobierno sería fuerte y radical. Pero en aquel entonces también lo fue. Samper se atornilló al gobierno. La verdadera diferencia es que en ese momento Santos era oposición y hoy es gobierno.

En lo judicial es absurdo hacer de la actitud de Santos un caso penal. Se proponía la renuncia de Samper; su salida era institucional en favor de la paz. Cuando un presidente se cae por política hay un presidente débil pero no un delito. Otra cosa es que lo saquen a través de las armas pero, en este caso, se trataba de silenciar los fusiles y no de usarlos. Esa la razón por la cual el tema no se judicializó nunca a pesar de ser público. Si Samper sintió que había delito, ha debido denunciarlo y el Fiscal de entonces ha debido el proceso y no lo hizo.

Pero pasemos a la política. Las cuentas alegres dicen que el Polo y el liberalismo no alcanzan solos a tumbar al ministro, y que por lo tanto, el éxito de la moción de censura está en manos de Cambio Radical. Si los congresistas de Germán Vargas deciden apoyarla, habrá mayoría. Esto le da a Germán un poder de negociación inmenso. Puede negociar con Uribe y salvar a Santos (si eso es lo que Uribe quiere), puede negociar con Santos y puede negociar con la oposición. Lo que es claro es que, de la decisión que tome, dependerá su futuro político. Porque Juan Manuel saliendo bien de la crisis termina crecido y como principal contendor de Vargas Lleras en su carrera por la presidencia. Por eso vale la pregunta: ¿Qué ira a pasar?

26 mayo 2007

La estrategia de Uribe

Se han oído voces diciendo que hay que perdonar a todo el mundo, con una amnistía general. Otras han pedido una ley de punto final para los políticos, porque, se dice, sólo actuaron conforme a la realidad de sus regiones. El Presidente, sin embargo, le salió al paso a todos. Habló ayer y dejó sobre la mesa un plan para sacar al país del caos.
El planteamiento, desde el punto de vista macro, consiste en convertir la crisis actual en una oportunidad para la paz. Por eso, dentro del contexto general del planteamiento, hay iniciativas distintas para paramilitares, parapolíticos y guerrilleros. En general, las ideas son valiosas y tienen, sin duda, la gran voluntad de alcanzar la reconciliación. Sin embargo, algunas de ellas son mucho más complejas de aplicar que otras y por eso es necesario analizarlas independientemente.
Los paramilitares están entregados. Mejor dicho, ya entraron en un proceso, aparentemente sin reversa, que está caminando. La vía ha sido la Ley de Justicia y Paz. Al fin y al cabo, este marco jurídico fue hecho a la medida para ese grupo ilegal, así permita que se aplique a otros. Esta es la solución ideal frente a los ‘paras’, parece, pero veo difícil que lo sea también para parapolíticos y, mucho más, para la guerrilla.
En el caso de los parapolíticos, el planteamiento es la excarcelación a cambio de la verdad. Como idea no es mala. Sin embargo, se pone sobre el tapete la interrupción de los procesos judiciales y, por lo tanto, el sacrificio del impulso que hasta ahora lleva la Justicia. La pregunta que surge, entonces, es si el precio de la paz es, en algo, la impunidad. Y la respuesta es que de otra manera esa paz no se lograría. Mejor dicho, con tantos daños que causa la guerra es imposible que haya una paz perfecta. El que haya una muerte política para los implicados, en algo compensa la cosa.
Respecto de la guerrilla, creo que todo es distinto y mucho más complicado. A pesar de la sensación general de seguridad fruto de la política del Gobierno en esta materia, la guerrilla parece no estar derrotada. Esto lleva a que las concesiones y los actos de buena voluntad puedan no tener la respuesta esperada. Una excarcelación de guerrilleros presos, como la que dijo el Gobierno que hará, es algo difícil políticamente y sin duda muestra voluntad del Presidente. Pero la experiencia indica que, si no se negocia, si se realiza un acto unilateral, podemos estar en el umbral de una nueva frustración. Ojalá no fuera así. Ojalá esta vez se lograra el intercambio humanitario como prolegómeno de un proceso de paz.
Si todo funciona podría llegarse a buen puerto. Pero echo de menos alguna salida para los miembros de la fuerza pública involucrados en paramilitarismo. No parece lógico, dentro del esquema planteado por Uribe, que se les deje por fuera de este plan. Al fin y al cabo, ni son paras puros, ni son parapolíticos ni tampoco son guerrilleros. ¿Entonces? ¿Cuál es la iniciativa para ellos?

19 mayo 2007

Semana movida

Esta semana hubo tres hechos políticos que revolcaron todos los avisperos. El primero fue la declaración de Mancuso ante la justicia, en la que habló de lo divino y lo humano. El segundo fue la noticia de que, desde hace más de dos años, las autoridades venían pinchando los teléfonos de políticos, periodistas y empresarios. Y el tercero, la propuesta pública del gobierno de liberar guerrilleros de las Farc a fin de facilitar el intercambio humanitario.
Mancuso divulgó que el paramilitarismo era una política de Estado, denunció pagos de empresas y acusó al vicepresidente de haberle propuesto la creación de un bloque para Bogotá. Sin embargo, los testimonios del comandante tienen que tener algún otro tipo de soporte para poder gozar de credibilidad. Porque, hasta ahora, sólo hay certeza de algo que no es reprochable sino digno de aplauso: que, ante la crisis en la que estaba el país durante el gobierno de Samper, Juan Manuel Santos le propuso un plan integral de paz que, hoy se ve, habría cambiado la historia del país.
Habrá que ver con qué se vienen los demás comandantes que, pareciera, no están dispuestos a seguir callados. Es probable que Jorge 40 siga con el ventilador y resulte manchada mucha más de la dirigencia política de los departamentos de la costa. En el caso de El Alemán, muchos políticos antioqueños ya están temblando. Y así pasará con cada comandante y con cada región.
Respecto de la pinchada de teléfonos, hay que darle crédito al gobierno por haber destapado la olla como lo hizo. Pero esto no puede quedarse ahí. Es importante que se sepa quién y por orden de quién se grabó. También, que se conozca la lista de las personas a las que les hicieron las grabaciones. Esas personas tienen derecho a saber que las grabaron y a que se les devuelvan las grabaciones de sus conversaciones. Es difícil devolverle a alguien la intimidad rota, pero esta es una manera de empezar a hacer justicia.
Sobre la iniciativa del gobierno de liberar guerrilleros, hay que decir varias cosas. Lo primero es que quedó claro que Yolanda Pulecio, la mamá de Ingid, tenía razón. Dijo que la experiencia muestra que, sin negociación previa, la voluntad de Uribe no basta y que la liberación de los guerrilleros no llevaría a las Farc a liberar a los secuestrados. Y, preciso, las Farc dijeron que no. Uribe ha dicho que insistirá en el recate militar y me parece algo propio de su carácter decidido. Pero, mirando la experiencia hasta ahora, es fácil adivinar ni el rescate tendrá éxito, ni las Farc cambiarán de posición.
El policía John Frank Pinchao se les escapó a las Farc después de nueve años de cautiverio y lo que contó es aterrador. Esta es una prueba más de la necesidad de hacer el intercambio cuanto antes. Con las experiencias de las iniciativas frustradas, con el conocimiento del comportamiento de las partes en conflicto en estas situaciones, con Francia estrenando un nuevo presidente decidido a jugarse el todo por el todo en esta materia, el terreno está abonado para negociar el intercambio.
El acuerdo humanitario sería bueno por las víctimas, que volverían a sus casas. Por el país, porque volvería a tener esperanza. Y por la paz, porque podría ser el principio de un proceso de reconciliación serio y con vocación de éxito. Además valdría la pena que el momento nacional tuviera un ingrediente amable y distinto del de la parapolítica. Y cuál mejor que el de la libertad.

12 mayo 2007

El derecho a la verdad

Esta fue una de las semanas con más hechos políticos desde que empezó el año. Dentro del mar de acontecimientos cabe resaltar, sobre todo, dos. El primero es la metida de pata del vicepresidente Santos quien, la iba embarrando como nunca. Salió a decir que las relaciones con Estados Unidos deberían ser revisadas si no nos ayudan y esto cayó muy mal. Ya teníamos suficiente con Gore y Pelosi en contra como para rematar ahora con semejante chambonada. Por ponerse a hablar más de la cuenta, le pegó una innecesaria pedrada en el ojo a los americanos.
Como si fuera poco, en su afán mediático, Santos causó también una tormenta en el congreso. Dijo que estaba seguro de que la tercera parte de los parlamentarios terminará pagando cárcel por enredos con los paras. Claro, se le iba embolatando la coalición de gobierno y pues le tocó recular y aguantarse un regaño presidencial.
Pero esto último no es sólo una chambonada vicepresidencial sino que del episodio surgen preguntas. ¿Qué información tiene el vicepresidente realmente sobre los congresistas? ¿Es información que interesa a la justicia? Ojo, porque las consecuencias políticas de la declaración no pueden ser un obstáculo y muchos menos un pretexto para que esa información no llegue a manos de los jueces.
El segundo hecho para resaltar esta semana es la declaración de Mancuso a Un Pasquín (www.unpasquin.com). Dijo que hay mucha gente queriendo que no cuente cómo se dio el amarre pecaminoso entre los paras y la sociedad. La conclusión, entonces, es tremenda: la clase dirigente de Colombia le tiene miedo a la verdad.
Es temor de esos colombianos que un día decidieron amancebarse con los paras, se contrapone al derecho de muchos otros a conocer la verdad. Son gentes que tienen derecho a una verdad como individuos y como cuerpo colectivo. Cada víctima tiene derecho a saber qué fue lo que afectó su vida, qué le causó daño y cuáles fueron los hechos reales que determinaron su menoscabo actual.
También como sociedad, Colombia tiene derecho a la verdad porque es algo que determina su historia. Hay derecho a saber que hay un conflicto armado y cuáles fueron sus causas. A que no se nos diga lo contrario como si fuéramos estúpidos, a saber quiénes financiaron los primeros guerrilleros hace cincuenta años, quiénes siguieron en la guerra desde los escritorios de las ciudades y quiénes apoyaron a los paras de hoy. Derecho a la verdad colectiva histórica se llama eso.
Pero la verdad no es sólo para el pasado sino también para el futuro. Porque de ahí surgirán responsabilidades que, necesariamente, juegan hacia adelante. El país tiene derecho a saber si quienes se presentan ante él como candidatos han estado bebiendo del mismo caldo que los paramilitares.
Mancuso hablará ante los tribunales esta semana. Ojalá diga todas esas verdades que, aparentemente, tantos quieren que calle. Existe la posibilidad de que, finalmente, se honre el derecho a la verdad individual y colectiva. Pero también la de que la entrevista de Mancuso sea un simple aviso para que, de alguna manera, los poderoso terminen ayudándoles a los paras a resolver su situación personal. Ojalá que no.

05 abril 2007

El mosco chamuscado

Cuando el 28 de febrero La W le preguntó a Henry Montes si trabajaba con Alfonso Gómez Méndez y se asustó[oír], a mí me pareció raro. Supe que ellos habían sido abogados de Giorgio Sale y lo mencioné en El Espectador. La frase era una luz fluorescente para atraer zancudos. Esperé una semana y el mosco cayó: el ex fiscal mandó una carta con explicaciones no pedidas, trató de vincular más gente con Sale y quiso desviar la atención. Entendí que la luz fluorescente lo atrajo y lo chamuscó.

El susto de Henry Montes en La W era que se atara el caso de Sale con el ex fiscal. Por eso, ya descubiertos, fue Gómez Méndez quien dio explicaciones: que ellos no sabían que Sale era mafioso y que, cuando lo supieron, renunciaron a la defensa. También dijo que el caso “nada tenía que ver con actividades de narcotráfico”.

El Tiempo publicó en diciembre de 2006 que Montes era el abogado de Sale, que el caso arrancó en 2003 y que era por lavar tres mil millones de pesos[ver]. Entendí entonces que Gómez Méndez sí sabía que Sale lavaba plata, pero que no le importó sino cuando se hizo público. El 30 de diciembre de 2006, en una columna titulada "2007"[ver], hablé de la relación del ex fiscal con el italiano. El mosco se sintió pillado. ¿Fue entonces que Montes renunció? Por otra parte, raro que para el ex fiscal, lavar plata en Colombia no tenga nada que ver con narcotráfico.

Ante la maniobra de Gómez Méndez, me surgieron preguntas: ¿Su oficina renunció también a los honorarios? ¿Cuándo? ¿Cuánta plata lavada le entró al ex fiscal? ¿Le incomoda a Gómez Méndez el nombre del mafioso pero no su dinero? ¿Enriquecimiento ilícito?

Hay otra perla. Como Sale era socio de Mancuso[ver] y Henry Montes defendía a Jorge Luis Caballero por vínculos con paras, me pregunté por la relación del bufete con las Auc. La revista Semana publicó que Montes renunciaría a esa defensa, dizque porque Caballero no se entregó a la justicia[ver]. Me pareció raro, pues Montes no hizo sino justificar en La W que su cliente no apareciera[oír]. Entendí, entonces, que el mosco se había sentido pillado otra vez. Si la primera renuncia fue para tapar lo de la mafia, esta parece para tapar lo de los paras. ¿Quién pagó los honorarios? ¿Cuánto eran? ¿Con cuánto se quedó el ex fiscal?

Pero hay más. Resulta que, en mayo de 1999, Carlos Hernando Maya, tesorero de Víctor Patiño Fómeque (cartel del norte del Valle), fue capturado y confesó que ellos también dieron plata para la campaña liberal del 94. Maya entregó pruebas a la Fiscalía, pero el fiscal Gómez Méndez no investigó. Y no es que fueran pruebas débiles. Eran tan contundentes, que con ellas extraditaron después a Patiño Fómeque[ver].

El ex fiscal le dijo el 23 de marzo a La W que no recordaba esto. Tampoco recordó que, en diciembre de 1999, un avión de su Fiscalía trajo a Maya a Bogotá, ni que al testigo estrella lo mataron en Cali[oír]. Pero el que sí se acuerda es Rasguño, capo del mismo cartel, quien ya dijo que cantará en Estados Unidos[ver]. Eso debe tener muy nervioso a Gómez Méndez, porque le van a refrescar la memoria, a larga distancia, en un país en el que no tiene influencias. Él sabe que otro proceso en Colombia contra Rasguño puede embolatar la extradición. Y, de pronto, por eso salió rapidito a proponer que mejor confiesen al capo primero aquí en la Fiscalía. De ahí saldrían los procesos que le enredarían el viaje a Miami[oír]. Todo un palo en el ventilador.

No puedo terminar sin hacer dos preguntas finales. La primera es cuánta plata le entró a Gómez Méndez por los procesos que llevaban sus socios ante la Fiscalía cuando él era Fiscal. Creo que ha sido el único Fiscal General con oficina paralela litigando.

Y la segunda pregunta es qué pensará de todo esto el Partido Liberal. César Gaviria ha tratado de devolverle al liberalismo su honorabilidad, desmarcándose incluso de pesos pesados como Horacio Serpa. Eso es algo muy valioso como para que le aparezca semejante mosco chamuscado en la leche y le toque tomársela.