Existen un fenómeno que, en el caso del presidente, lo puede dejar sin un nuevo cuatrenio y que consiste en que cuando un candidato tiene unos porcentajes muy altos en las encuestas, las variaciones que se presentan en las cifras son siempre hacia abajo. Cuando esto sucede, el candidato entra en una carrera contra el tiempo. Ejemplos se han visto aquí y afuera.
El ejemplo local por excelencia fue la elección del propio Uribe. Horacio Serpa, quien parecía imbatible, terminó mordiendo el polvo por este fenómeno. Luego vino la elección por la Alcaldía de Bogotá. Juan Lozano tenía todo a su favor cuando Lucho empezó a quitarle puntos. Al final, Lozano rezaba para que llegara el día de las elecciones. Pero se demoró. Su variación porcentual fue siempre fue hacia abajo y terminó derrotado.
El mejor ejemplo externo es el de la reciente elección en Alemania. Las encuestas indicaban que Angela Merckel destrozaría a Gerhard Schröder y al final su porcentaje empezó a bajar a tal velocidad, que una semana más de campaña la habría derrotado.
Lo anterior en el plano de las elecciones presidenciales que se avecinan tiene una connotación muy importante. Uribe lleva cuatro años en campaña con todos los recursos a su disposición y tiene el 70% de preferencia. Sin embargo, ninguno de sus contendores ha empezado a hacer campaña. Cuando comiencen sus porcentajes empezarán a subir y el de Uribe, a bajar. Será una carrera contra reloj.
El tiempo no alcanza para que Uribe baje tanto como para que alguien lo sobrepase. Además, el porcentaje restante se dividirá entre varios aspirantes. Pero ese mismo tiempo sí va a alcanzar para reducir la votación del presidente a menos del 50%. Si esto sucede, terminará perdiendo por una sencilla razón: tendrá que enfrentarse en segunda vuelta a quien quede de segundo y ese candidato, sin importar su nombre, unirá en torno a él al país que no quiere que haya segunda parte de la película uribista.
Bueno, tolo lo anterior es un análisis que no incluye la influencia que el tema de la paz y de la guerra tiene en la política colombiana. Porque si se le agrega ese componente que, dicho sea de paso es el que puso a Pastrana y a Uribe en Palacio, la cosa puede resultar aún peor.
La paradoja es que la batalla electoral de Uribe no será por quedar de primero, sino de ganar con el porcentaje necesario. Una batalla contra los números, como lo fue la del referendo. Lo dijeron entonces los medios: “A pesar de sacar más votos a favor, el presidente, molesto, se tomó unas gotas y dijo: ‘Lina, vámonos ya que esta vaina se perdió’".
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