25 marzo 2006

Juntos otra vez


Eso de que del amor al odio no hay sino un paso no es sólo para los temas del corazón, sino también para la política. La historia de Colombia está llena de amores y desamores de poder, como los de Alfonso López y Luis Carlos Galán con el partido liberal, o la pugna entre pastranistas y alvaristas en el partido conservador.

Esas diferencias surgían de la manera de apreciar los problemas del país, de la simple lucha por el poder político o incluso del gusto o el disgusto personal. Sin embargo, lo que no se había visto nunca, es que el presidente le colgara a sus amigos el INRI del paramilitarismo en la frente, les dijera “pa’ fuera, pa’ la calle” y luego tratara de meterlos, por los laditos, otra vez a su familia.

Porque eso, ni más ni menos, es lo que pretende la llamada “Gran coalición ciudadana” propuesta esta semana por el presidente para “salvar el país”. Hagamos memoria… Uribe mandó a sus lanceros y escuderos a borrar del mapa político a muchos de sus amigos y ellos, muy obedientes, hicieron el respectivo corte de franela en varias tandas.

Primero, con nombres propios, se descalificó públicamente a Habib Merheg, Jorge Luis Caballero, Jorge Castro, Dieb Maloof, y Luis Eduardo Vives. Luego, se expulsó a Eleonora Pineda y Rocío Arias. Posteriormente, el propio presidente mandó a investigar a Convergencia ciudadana. Y por último, se botó a Julio Alfonso López de la lista conservadora.

Los marginados tuvieron que acomodarse en diferentes partidos para enfrentar las elecciones y a todos les fue bien. Algunos, como Rocío Arias o Eleonora Pineda, se ahogaron, pero no por falta de apoyo a su nombre sino porque sus listas no alcanzaron el umbral. Mejor dicho, votos sí mostraron. Apoyo popular sí tuvieron y de eso se dio cuenta el presidente. Entonces entendió que estaba echando por la borda un apoyo electoral grande y que tenía que inventarse alguna cosa para recuperarlo.

¿Pero cómo decirle a alguien que es indeseable y luego decirle que por favor haga equipo con uno? ¿Y cómo presentarlo ante la opinión? Uribe pretende hacerlo con dos argumentos. El primero es el del mesianismo: “Yo soy el elegido por Dios, así que vengan a mí”. Y el segundo es el del estado de necesidad: “el país nos necesita a todos, incluso a ustedes, a quienes ayer consideré villanos”.

¿Le resultará la cosa a Uribe? En Colombia encuesta mata propuesta y por eso los señalados pueden, como el hijo pródigo, terminar incluso pidiendo perdón. Sin embargo, si bien el segundo argumento es válido, el primero no. Es decir, es cierto que el país lo cambiamos entre todos, pero no que Uribe sea indispensable. De hecho, es esa connotación mesiánica lo que hará que no sea capaz y que, en no mucho tiempo, el péndulo se le devuelva tan duro al presidente.

Mientras tanto, entiendo que ni Carlos Holguín, ni Mario Uribe digan algo. Pero ¿y Germán Vargas y Juan Manuel Santos? ¿Para ellos realmente no está pasando nada? ¿Será que esta actitud es la que tenemos que esperar durante los próximos cuatro años?

18 marzo 2006

El enterrador


Increíblemente son muchos lo que afirman que el Partido conservador fue uno de los ganadores de las elecciones del pasado 12 de Marzo. Algunos, incluso, se han animado a decir que ese triunfo se le debe a Carlos Holguín Sardi. Quién sabe en qué realidad política viven los que así opinan, o qué es exactamente lo que vieron, porque si algo quedó claro es que el conservatismo se hizo el harakiri y que Holguín fue su enterrador.

Que el Partido conservador quedó moribundo es evidente cuando se analizan las cifras obtenidas en el 2002 en las elecciones parlamentarias frente a las obtenidas hace ocho días. La votación se redujo en casi un millón de votos. Hace cuatro años las fuerzas del conservatismo alcanzaron sumadas 30 curules en el senado. Hoy el número se redujo a 18 en el partido oficial y a unos 20 sumando las ruedas sueltas.

¿Qué pasó? Que el partido hizo un mal negocio. El conservatismo fue decisivo en la aprobación de los temas más importantes del gobierno, como el de la ley de justicia y paz. Y también lo fue en la aprobación de lo más apetecido por el presidente: la reelección (¿remember Yidis y Teodolindo?). Pero a la hora de recibir, puestos de segundo nivel y nada a nivel importante y decisorio.

La actitud de dejarse untar la mano con burocracia puso al partido muy mal frente a sus electores. Cierto, se amarraron algunos votos, pero definitivamente se perdió la mayoría. El partido quedó oliendo a política vieja, pretérita y clientelista. De no haber sido por los líderes de provincia, apague y vámonos. Réquiem azul.

Andrés Pastrana entregó un partido con una votación parlamentaria importante. Una fuerza que permitió que los conservadores fueran actores de primera línea en todos los temas del cuatrenio que siguió.  Lamentablemente, al dejar Pastrana el poder no hubo liderazgo para que alguien recogiera el partido en la elección presidencial y por eso todo terminó en manos de Carlos Holguín.
Holguín canalizó las cosas buscando réditos electorales para él mismo. Sin embargo, cuando metió el pie en el agua y puso a su hijo a aspirar a la gobernación del Valle, lo barrieron. Entonces decidió hipotecar el partido a cambio de la embajada en Ecuador para su primogénito. El resultado, ahí lo tienen: un embajador y medio partido desaparecido.

El llamado de atención ahora es para los elegidos. Porque Holguín ya no tiene curul y por eso quienes sí se jugaron y la obtuvieron, no pueden seguir dejándose manejar. Cualquiera de los senadores cuenta con más respaldo político que Holguín y por eso la junta de parlamentarios debería pedirle la renuncia y asumir una actitud de rescate. Es lo mínimo que le deben al país y a sus compañeros de batalla que se quemaron.

Todo estaba dado para que el Partido conservador volviera a brillar: Uribe encarna la división del partido liberal. Antes, cuando eso pasaba, cuando el liberalismo se dividía, el conservatismo se unía, daba la batalla y ganaba la presidencia. Para no ir más lejos, así salió elegido Belisario Betancur. Ahora, por pusilánime, el partido prefiere esperar a ver si en el próximo gobierno, le dan un ministerio a Carlos Holguín.

13 marzo 2006

Candidatos presidenciales


Pasó lo previsto. Lo que la razón indicaba que pasaría. Con algunos palos, eso sí, como la desinflada del Partido Liberal o la victoria de Carlos Gaviria en la consulta del Polo. Pero de resto, todo corresponde a la nueva lógica en la manera de hacer política en Colombia: desde el poder.

La pregunta ahora es cómo queda el abanico de candidatos presidenciales en este escenario postelectoral. Y para eso, vale la pena examinarlos uno por uno, ahora que ya todos están definidos.

Álvaro Uribe: es el ganador y sigue como el más fuerte. Pero esto era previsible. Con el poder del Estado empujando, cualquier otro resultado habría sido una derrota para el presidente. Eso sí, parece que al poder uribista le están sumando más votos de la cuenta. Un ejemplo: Convergencia no parece estar tan inclinada a alinderarse.

Horacio Serpa: Ganó bien pero su partido se desinfló. No se sabe es si quedó en una buena posición porque, aunque podrá recoger a su partido y convertirse en su jefe natural, para las elecciones presidenciales parece no tener las cosas tan despejadas. Si  este Serpa no se inventa alguna cosa que lo diferencie del Serpa de las dos últimas elecciones, no tendrá nada que hacer.

Carlos Gaviria: borró a Navarro y se quedó con la candidatura. Aunque algunos dicen que se quedó con el Polo otros dicen que es la oficialización de su división. Sea cual fuere la tesis, la verdad es que ganó muy bien y ahora tiene un impulso que capitalizar.

Antanas Mockus: hace diez días expliqué por que la iniciativa de Mockus de lanzar listas propias a Senado y Cámara me parecía un error. Si no saca el umbral, dije entonces, su candidatura sufrirá un golpe mortal. Y eso es precisamente lo que pasó. El profesor Mockus no entendió que un candidato sin maquinaria que aspira a ganar generando un fenómeno de opinión, no se puede dejar contar antes de tiempo. El resultado es triste. Crónica de una muerte política anunciada.

Alvaro Leyva: al contrario de lo que hizo Antanas, Leyva no lanzó listas propias. Por eso pudo darse el lujo de ver esta contienda desde la barrera y prepararse para la primera vuelta. No se ha dejado contar y por lo tanto su candidatura está como antes de las elecciones. Hasta ahora fue espectador de la batalla pero le va a tocar empezar a dejar de serlo.

Hasta ahí los candidatos. Basta decir solamente que el sistema de votación no es simple. Entre cuadernillos, tarjetones y números, todo fue bastante enredado. Por otra parte, la constante histórica de abstención  no cambió así el jefe de debate haya sido el presidente en ejercicio. Pareciera entonces que la democracia en Colombia todavía es adolescente.

Y lo último, quedó demostrado que estas fueron unas elecciones de voto amarrado y en las presidenciales, las cosas pueden ser diferentes.

11 marzo 2006

¿Seguridad democrática?


El gobierno de Álvaro Uribe se montó sobre la base de que acabaría la guerrilla en poco tiempo, a punta de plomo y mano dura. Durante el primer año, todo sonó muy bonito. Durante el segundo también. En la primera parte del tercero se empezó a ver que de pronto el país seguía en guerra y ahora, a escasos tres meses de las elecciones, la realidad es que estamos como empezamos y que nada de lo que dijo Uribe se cumplió.

La seguridad democrática fue toda una ilusión. Basta ver las noticias para darse cuenta de que en todos los rincones del país la confrontación ha arreciado. Siete departamentos están en paro armado. No se mueve una aguja sin autorización de la guerrilla. Los combates son diarios y hasta las caravanas han sido atacadas.

El problema comenzó cuando a punta de prensa y espectáculo Uribe quiso generar un ambiente de tranquilidad. Supo manejar bien la imagen y crear opinión positiva, pero es que la enfermedad no estaba en las sábanas. Logró la ficción de la seguridad y ahora se le despertó el monstruo.

Todos los actos de la guerrilla son repudiables. Pero el problema no es que existan esos actos sino que exista esa guerrilla. Y como la realidad es que existe, la solución debe partir del análisis de sus causas y de planteamientos en torno a ellas. Y como esas causas son políticas, la solución es la política.

El gobierno cometió el error que cometemos todos siempre que juega la selección Colombia. Que celebramos y celebramos y hablamos y hablamos y al final la vemos siempre dura. Adicionalmente hizo del lenguaje una talanquera para cualquier acercamiento. La cosa es de simple sentido común: resulta más fácil negociar con alguien a quien no se le ha dicho afeminado y perfumado.

Porque si de disparos verbales se tratara, claro que Uribe ya habría ganado la guerra. Pero no es con palabras como se triunfa en el campo de batalla y en el caso colombiano, tampoco es con bala. El conflicto no tiene solución partiendo de la base de que habrá vencedores y vencidos.

En la campaña electoral Uribe no le puede decir al país que la política de seguridad democrática fue un éxito estos cuatro años. Bueno, sí puede. De hecho lo hace. Pero el país no puede seguir creyéndole.

¿Qué hacer? Esperar a que el presidente nos cuente qué pasó. Que nos cuente por qué se le salió esto de las manos. Que nos diga por qué nos dijo que todo estaba bien y ahora se nos estalla la realidad en las narices. Que nos diga qué va a pasar si gana las elecciones. Porque a este paso nos vamos a quedar sin país para que alguien pueda gobernar.

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Mi predicción para el senado: Partido Liberal, 30 senadores. Partido conservador, 16. Partido de la U, 13. Cambio Radical, 12. Polo democrático, 10. Convergencia ciudadana, 8. Alas Equipo Colombia, 5. Colombia Viva, 3. Peñalosa, 2. Movimiento comunal y Comunitario, 1.

04 marzo 2006

Problema Mockusiano


Siempre he admirado a Antanas Mockus. Desde el incidente que causó su salida de la Universidad Nacional, me ha parecido que le aporta mucho a la política. Creo además que ese aporte es sobre todo en inteligencia. También, que por encima de los descaches, como el del Día sin Hombres o Mujeres, Mockus en realidad nos pone a pensar. Sin embargo, en estas elecciones, cometió un error que puede ser una estocada final para su candidatura.

Algunos le han criticado sus mutaciones. Pero en realidad ese no es el problema. Se plantea que antes era más irreverente y que ahí estaba su encanto. Y se dice que eso ya no está. Yo en cambio creo que las metamorfosis políticas, cuando son consecuentes, son producto de la madurez.

También hay fuertes críticos de su campaña actual. Pero ese tampoco es el problema. Aunque se afirma que su publicidad no se entiende, que causa rechazo y que es muy rara, yo opino distinto. El concepto es algo particular en cuanto se basa en simbología, pero invita a reflexionar. De manera que unas por otras.

El problema tampoco es que las listas de Mockus no sean buenas. Todo lo contrario. Nombres como el de Hernando Gómez Buendía son garantía de seriedad. Aunque por lo menos la lista al Senado sí es como el Real Madrid: lleno de estrellas que no hacen goles. Y con el nuevo sistema electoral lo que cuenta son los goles. Pero ese tampoco es el problema.

Entonces, ¿cuál es el problema? Pues que si la lista de Mockus al Senado no saca el umbral, apague y vámonos. Sus amigos habrán quedado tendidos en el ruedo por la aplanadora de los votos amarrados de otros partidos. Y todo con un efecto colateral: la candidatura presidencial sentirá el totazo. Sufrirá un golpe durísimo que la dejará agonizante.

Problema mockusiano que no tiene solución fácil. El candidato, así tenga buen nombre, buena gestión que mostrar y así tenga votos propios, puede verse seriamente afectado por la mecánica electoral si su lista se hunde.

Cuando se aspira como independiente se busca el voto de opinión y se puede crear un fenómeno que lleve al triunfo, como el que le dio al propio Mockus su primera alcaldía o como el de Uribe. También se puede pasar sin pena ni gloria, caso en el cual no se obtiene la Presidencia pero se gana el espacio. Pero otra cosa es quedarse rezagado por cuenta del mal cálculo.

Habiendo podido quedarse quieto y esperar el reajuste de posiciones poselectorales, Mockus prefirió dejarse contar con unas listas a las que al parecer les falta gasolina. Si saca el umbral, no habrá problema. Seguro habrá senador. Pero si no saca el umbral, mala cosa. Porque entonces Mockus, por su propia decisión, habrá quedado con un ala rota. Y ese es un muy mal estado para enfrentar a Uribe.