30 junio 2007

Semana

En medio del caos de la guerra, del agite político del país, del dolor que nos causa a todos la muerte de los diputados del Valle, la Revista Semana cumple 25 años. Muchos han elogiado su función dentro de la política actual, su participación como actor real de buena parte de la historia patria del último cuarto de siglo y su papel vital en la sociedad. Y es apenas natural, porque cuando se piensa en Semana, se piensa en política. Pero se va más allá. Porque se trata de una revista que no se lee sólo para saber qué está pasando, sino también para saber y entender que es lo qué va a pasar.

El éxito de Semana tiene nombre propio: Felipe López Caballero. Es su fundador y ejerce su función de Publisher como un controlador de vuelo que, desde la torre de control, logra guiar al piloto a buen puerto a través de una tormenta. Ojo, Colombia es país de tormentas, especialmente en lo político. Y Felipe interpreta bien los factores de vuelo de la nación. Cada día, con la ayuda de Mireya Durán, su maravillosa e incansable secretaria, Felipe va urdiendo la siguiente edición de la revista Semana que siempre da de qué hablar.

Pero Felipe no sólo es controlador en tierra. También se sube al avión y pilotea cuando hace falta. Hace llave con su director en una relación en la que, muchas veces hay enfoques distintos, pero al final, siempre se funde todo para el lector en una sola voz. Esto enriquece el contenido. Pero Felipe, también ejerce otro papel. De encontrarlo necesario, no duda en ponerse, lápiz en mano, a hacer reportería para encontrar lo que busca o considera que hace falta. Una especie de asistente de vuelo en su propio avión.

Precisamente, conocí a Felipe en ese papel. En razón de mi profesión de abogado, debí responder unas preguntas para la revista sobre un tema político que fue titular durante algunos años. Y el reportero, fue él. Desde entonces lo admiro en lo profesional y en lo personal. Fue Felipe, precisamente, quien me hizo periodista de prensa escrita. Desde ese día me enseñó la magia de las frases cortas y de los puntos seguidos. Gracias a él aprendí a pensar en el lector, la importancia de algunos títulos y, sobre todo, el poder del análisis. En el proceso nos volvimos amigos. Luego me convirtió en el editor político de su revista, donde me inicié en este oficio y pude tener una experiencia muy grata: vivir Semana por dentro.

Pero el éxito de los vuelos también es del piloto. En sus años al frente de la dirección de Semana, Alejandro Santos ha sabido manejar el avión impecablemente. Sabe leer con precisión el aire político, interpretar los vientos del poder y logra cuajar siempre una revista indispensable. En los últimos años ha integrado un equipo de mucho peso a la hora de analizar la coyuntura para prever qué puede pasar. Y, sobre todo, ha mostrado aplomo y ecuanimidad en un país y en una labor en los que, por puro instinto de conservación, es difícil no tener agenda propia. La agenda de Alejandro, cada día entre lunes y domingo, se llama Semana. Desde aquí, van para él y su equipo, mi saludo, mi reconocimiento y mis felicitaciones.

A Felipe López, feliz cumpleaños, porque él es la revista. Y, también, muchas gracias por todo. Entre otras cosas, porque fue quien me presentó a Gonzalo Córdoba, quien me trajo a esta casa mía que es El Espectador, donde he podido poner en práctica lo que aprendí en la revista Semana.

23 junio 2007

Enlamala.com

Desde el miércoles pasado varios usuarios de Internet empezaron a experimentar fallas en el servicio. Un pesquero de profundidad, en las aguas de Centroamérica, dañó el cable Arcos, que conecta con fibra óptica los países del Caribe, las Antillas y Centroamérica con los Estados Unidos. Esto hizo que el tráfico internacional de datos (lo que se envía y se recibe por Internet), se viera muy disminuido. El acceso a servidores fuera de Colombia, principalmente a los localizados en los Estados Unidos y Europa, fue totalmente intermitente, y en algunos casos, imposible.

La falla es la tercera del año y es ya un campanazo que puso sobre la mesa una realidad: que Colombia no está preparada para un apagón de Internet de magnitudes importantes. Posiblemente no se tengan datos concretos de las pérdidas que generó este hoyo negro que, realmente, fue pequeño. Al fin y al cabo en muchos negocios es difícil calcular el porcentaje de importancia de la red en el proceso de producción. Pero quedó claro que, si se cayera Internet por largo tiempo, el país podría quedar en buena parte, paralizado.

La razón es muy sencilla. La importancia de la red es que acorta distancias y velocidades. Y en un mundo globalizado, como el nuestro, eso se mide en dinero. Por eso la conectividad marca la diferencia. La comunicación rápida y eficaz se utiliza mayormente para interrelacionarse con otros países y mantener el flujo económico y las cadenas de producción en las compañías. Por eso, que el servicio se corte y se paralice el intercambio de información con el extranjero, resulta caótico.

Los más importantes proveedores de Internet entendieron esto y están abriendo los ojos. Si en este momento del país, en el que el comercio electrónico es incipiente, ocurre semejante cosa por cuenta de un barco pequero en Nicaragua, ¿cómo será cuando el comercio electrónico tenga un porcentaje mayor en el componente económico de la nación? ¿Qué va a pasar cuando las bolsas de valores estén interconectadas y los giros bancarios viajen en un mayor volumen por fibra óptica? Ya los operadores están buscando soluciones que permitan estar preparados para una futura situación similar o más grave. Esperemos que las encuentren pronto.

Pero no debe ser sólo la empresa privada la que entienda esta realidad y le busque soluciones, sino que hay que entender que la conectividad hace parte de la seguridad nacional. Así como el petróleo es un bien que requiere el país para subsistir, así como la energía eléctrica y el agua no pueden faltar al ser bienes y servicios de primera necesidad, Internet también debe estar en un puesto privilegiado en la agenda de los gobiernos locales y nacional.

Desde el Estado debe asegurarse la conectividad a fin de mantener los niveles de producción de la economía. Y para eso se necesita revisar la dependencia de nuestro país de las responsabilidades ajenas. Hay que ser autosuficientes en materia de interconexión de datos y por eso no es una locura pensar en tener cables submarinos propios o contratos de suministro exclusivos, que nos permitan estar tranquilos en esta materia.

Colombia es un país que no se cansa de pensar en tecnología. Pero ahí debe estar presente la conectividad nacional, como parte fundamental de la supervivencia del Estado. De lo contrario, podríamos volver en cualquier momento a quedar fuera de línea por algún accidente o, lo que es peor, que la conectividad empiece a ser un factor de presión política. ¿Se imaginan eso? Ojo porque en materia política, en el continente, el palo no está para cucharas. Y si la interconexión empezara a depender del vaivén de los intereses de poder de la región, ahí sí podríamos quedar todos y, definitivamente, fuera de línea.

16 junio 2007

La canción de Mambrú

Hace unos meses me topé en un almacén con un disco de canciones para niños. Una de ellas era la de Mambrú, soldado que se fue a la guerra y no volvió. Pues el jueves pasado, oyendo la entrevista que le hizo La W a Aníbal Fernández, candidato al concejo de Bogotá, sobre por qué en su concepto el Partido Conservador debe apoyar a Enrique Peñalosa a la Alcaldía, esa canción se me vino a la cabeza. Voy a tratar de explicar por qué, aunque no prometo tener éxito pues, incluso en este oficio en el que semanalmente se buscan los términos más variados para decir las cosas, hay ocasiones como esta, en las que la vergüenza y la tristeza hacen de esa labor algo difícil.

Hablo de vergüenza porque, quienes tenemos origen conservador y somos bogotanos, no podemos sentir cosa distinta frente a la manera en que el entrevistado destrozó todos los postulados de la lealtad partidista y hasta olvidó la historia. Para él no hay Partido Conservador en Bogotá porque “las mejores cosas toman tiempo”. Como si el Partido Conservador no fuera una organización política centenaria que ha dado mil batallas, de toda índole, en la historia patria.

Olvidó el candidato que Bogotá le debe mucho a alcaldes conservadores como Manuel Briceño Pardo, Carlos Albán Holguín o Andrés Pastrana. También que el conservatismo tuvo batalladores que, solitarios, dieron la pelea hasta el final. Entre ellos están Juan Diego Jaramillo, gladiador incansable; Carlos Morenos De Caro, a quien le faltó poco; William Vinasco, colega periodista, y Miguel Ricaurte. Son conservadores a los que les ha sobrado lo que hoy tanto le falta al partido.

Dijo también el entrevistado que acompañará al precandidato Diego Arango hasta la consulta interna, pero desde ya lo descalifica y le tiene reemplazo en otras toldas. ¿Qué tipo de lealtad es esa, por Dios? Y, como si fuera poco, desconoció la existencia de muchos bogotanos que orgullosos saldríamos a dar la batalla por la alcaldía hoy en día, si existiera un mínimo deseo institucional de volver al poder en Bogotá por la puerta grande.

La tristeza en este caso es por partida doble. Primero por el conservatismo, porque duele que se hable como lo hizo el entrevistado. La falta de vocación de poder le ha hecho mucho daño a las nuevas generaciones y qué mejor botón para la muestra. Y segundo, por la campaña. Es lamentable ver a los mismos candidatos de siempre discutiendo lo mismo: si se expropiará el campo de polo del Country Club o si Transmilenio pasará por la séptima, mientras la ciudad se asfixia en desplazados y los desplazados se asfixian en indiferencia. Nada es nuevo. Se quiere construir el futuro de Bogotá con glorias del pasado.

Es posible que el entrevistado esté pagando la primiparada de acercarse por primera vez a la actividad pública. Señor, bienvenido a la política. Pero que el Partido Conservador tenga cuidado. Enrique Peñalosa es candidato respetable, pero su real aspiración era ser senador y se quemó. Por eso hoy, derrotado, busca reencaucharse en la vida nacional a través de la alcaldía.

Si el conservatismo cometiera semejante disparate habría que cantarle la canción de Mambrú: qué dolor, qué dolor, qué pena. Mambrú se fue a la guerra, no sé si volverá. Aunque, pensándolo bien, hay una diferencia grande: que Mambrú se fue a la guerra, no volvió, pero por lo menos dio la pelea.

09 junio 2007

El nuevo amigo

Eso de que la política es dinámica es totalmente cierto. Quienes en un momento eran amigos, por circunstancias de la lucha de poder, terminan enfrentados. Y quienes no lo eran y hasta ventilaban sus disputas en público, pueden terminar abrazándose y haciendo equipo. Esto tiene una explicación y es que la política, como el arte de buscar el poder, es una actividad de intereses individuales (los políticos) o colectivos (los Estados). Y por lo tanto, esos intereses determinan muchas veces con quién se está y cuándo, dependiendo del momento histórico y, sobre todo, de la ideología. Es lo que nos está pasando ahora con Estados Unidos y Europa.

El presidente George Bush y Álvaro Uribe son parecidos en todo. De ahí, precisamente, su identidad. Ambos son de derecha, ambos apoyaron sus respectivas campañas de elección y reelección en la seguridad, ambos son capaces de nadar contra la corriente a pesar de las aguas fuertes. Por eso mientras que Bush mandaba en Estados Unidos, Colombia gozaba de todos los privilegios de hijo preferido. Plata, políticas conjuntas, pocos condicionamientos, etc.

El gran opositor de Uribe, hasta hace poco, era el gran opositor de Bush: Europa. Basta recordar los viajes del presidente colombiano teniendo que enfrentar sillas vacías en el Parlamento Europeo, protestas en las calles, y hasta desplates de los jefes de Estado. Pero, repito, la política es dinámica, y por eso, los amigos de ayer son los contradictores de hoy y quienes antes miraban con desconfianza a Uribe ahora lo felicitan.

Hoy que en los Estados Unidos los que mandan son los demócratas, Uribe pasa las duras y las maduras en Washington. Al Gore le hace desplantes, Nancy Pelosi lo pone a rendir cuentas, le embolatan el Tratado de Libre Comercio, le dan a Colombia tratamiento de hijo calavera. El presidente va y da la pelea, pues es gallito fino, pero eso no basta. Y, para rematar, Barak Obama, aspirante a la Casa Blanca al que no le va nada mal en las encuestas, firma una carta haciéndole el feo y sacándole trapos al sol.

Contrasta esto con la posición del Grupo de los ocho países más fuertes del mundo reunidos en Alemania. El recientemente elegido presidente francés, Nicolás Sarcozy, ha liderado la iniciativa de que, desde la cumbre del G8, se aplauda a Uribe por su iniciativa de excarcelar a los guerrilleros de las FARC como gesto de buena voluntad. Con el resultado del viaje a Estados Unidos esto es importante para Uribe desde el punto de vista político. En el fondo de todo está que Ingrid Betancur es francesa, pero sin duda, el fuerte componente conservador del grupo juega un papel.

La semana deja, entonces, un nuevo escenario político para el presidente Uribe. Los amigos de entonces, los americanos, le reclaman. Y quienes lo atacaban, lo aplauden. Por eso es momento de virar hacia el viejo continente y hacerse al lado de quienes allí cierran filas con Colombia. Sin embargo, las agendas en Europa son más complicadas, tienen un mayor componente social, implican un mayor esfuerzo diplomático. Por eso no es raro que las relaciones con los países europeos se afiancen ahora mucho más. Europa es el nuevo amigo. Uribe lo sabe, lo entiende y, por eso, veremos mucho más énfasis en la relación con el Viejo continente. Así será, por lo menos, mientras se sabe cómo quedamos cuando termine la campaña a la presidencia en los Estados Unidos y tenga que replantearse la política de la relación con ese país.

02 junio 2007

Santos

En medio de todo este impulso unilateral a favor del intercambio humanitario que, ojalá me equivoque, terminará en una nueva frustración al no ser producto del acuerdo, camina lentamente la moción de censura contra el ministro Juan Manuel Santos. Las causas de la moción son principalmente el manejo del escándalo de las interceptaciones ilegales, el malestar de Venezuela y la supuesta conspiración para tumbar a Samper.

La salida de los 10 generales de la policía por la chuzada de teléfonos se hizo sin explicaciones mayores. Sin embargo, no se aclararon quiénes fueron los responsables, quiénes en realidad las víctimas, y menos cómo se supo del tema. Por eso en la opinión quedó la sensación de que el gobierno esconde algo. Y por eso la oposición se fue lanza en ristre contra el ministro.

Sobre la molestia de Venezuela contra Santos, pues es natural que exista. Santos públicamente aplaudió la caída de Chávez en el golpe y eso al presidente venezolano no se le olvida. Sin embargo, esa no puede ser razón para que Santos salga. ¿De cuándo a acá un gobierno extranjero pone y quita ministros?

Respecto de la conspiración de 1997 contra Samper, debe verse la cosa desde los puntos de vista político y el judicial. En lo político es evidente que era una salida válida para hacer la paz y recuperar la institucionalidad de un país aislado y tan profundamente en crisis. Claro, a los samperistas no les gustaba porque pasaba por la salida de su jefe por la puerta de atrás. Pero la verdad es que, de haber resultado, la historia del país hoy sería otra. Plantea Juan Fernando Cristo que si hoy se hiciera lo mismo la reacción del gobierno sería fuerte y radical. Pero en aquel entonces también lo fue. Samper se atornilló al gobierno. La verdadera diferencia es que en ese momento Santos era oposición y hoy es gobierno.

En lo judicial es absurdo hacer de la actitud de Santos un caso penal. Se proponía la renuncia de Samper; su salida era institucional en favor de la paz. Cuando un presidente se cae por política hay un presidente débil pero no un delito. Otra cosa es que lo saquen a través de las armas pero, en este caso, se trataba de silenciar los fusiles y no de usarlos. Esa la razón por la cual el tema no se judicializó nunca a pesar de ser público. Si Samper sintió que había delito, ha debido denunciarlo y el Fiscal de entonces ha debido el proceso y no lo hizo.

Pero pasemos a la política. Las cuentas alegres dicen que el Polo y el liberalismo no alcanzan solos a tumbar al ministro, y que por lo tanto, el éxito de la moción de censura está en manos de Cambio Radical. Si los congresistas de Germán Vargas deciden apoyarla, habrá mayoría. Esto le da a Germán un poder de negociación inmenso. Puede negociar con Uribe y salvar a Santos (si eso es lo que Uribe quiere), puede negociar con Santos y puede negociar con la oposición. Lo que es claro es que, de la decisión que tome, dependerá su futuro político. Porque Juan Manuel saliendo bien de la crisis termina crecido y como principal contendor de Vargas Lleras en su carrera por la presidencia. Por eso vale la pregunta: ¿Qué ira a pasar?