Lo primero es que hay una diferencia entre el parlamentarismo y el sistema parlamentario. En esta materia los “ismos” expresan demasía. Es decir, el presidencialismo es un exceso de sistema parlamentario, mientras que el presidencialismo es el sistema presidencial exagerado. El problema de Colombia es el presidencialismo y la solución que se propone es el sistema parlamentario.
El sistema parlamentario puro tiene unas características. La primera es que el pueblo elige los congresistas y ellos escogen el gobierno. En el caso de Colombia, Uribe encabezaría una lista al Congreso y si esa lista gana, los parlamentarios lo elegirían a él Primer ministro. El luego armaría su gabinete con miembros de su lista.
La segunda característica es que en ese sistema el poder ejecutivo es dual. Es decir, las funciones de Jefe de Estado, que representa al país ante el exterior, y la del Jefe de Gobierno, que se encarga de los asuntos internos, están en cabeza de personas diferentes. Uribe presidiría el gobierno y otra persona representaría al país frente al mundo.
Y la tercera característica es que el gobierno y el congreso se controlan mutuamente. Si el gobierno pierde el apoyo del congreso, puede citar a elecciones nuevamente. Pero a su vez los congresistas pueden vetar a los ministros y le pueden quitar el apoyo al gobierno. De esta manera suceden dos cosas fundamentales para la democracia. La primera es que para elegir un gobierno el Congreso tiene que ponerse de acuerdo y la segunda es que las diferencias entre uno y otro siempre las resolverá el pueblo mediante el voto.
El sistema parlamentario tiene varias ventajas. Hace fuertes los partidos pues deben unirse para crear listas sólidas y también despersonaliza el poder. Además, crea un esquema gobierno – oposición en el que quienes disienten siempre tienen garantías.
Este sistema, como el presidencial, puede tener varias variaciones. Existe incluso un sistema mixto, medio parlamentario medio presidencial, en el que el pueblo escoge un presidente que es jefe de Estado y el Congreso un primer ministro que es jefe de gobierno. Ese es el caso de Francia y de pronto ese sería el modelo ideal para Colombia.
¿Pero por qué se propone nuevamente ahora este sistema? La respuesta es que en él la reelección es algo natural y como Uribe anda con la obsesión de repetir, pues el tema cae como anillo al dedo. Pero hay algo más. Cuando López habla los políticos se acomodan. Y el liberalismo vio aquí la oportunidad de tacar a dos bandas. Al proponer una constituyente para cambiar de sistema se congracia con el expresidente y además se le atraviesa a Uribe.
Claro que hay otra tesis y es que el partido liberal ha comenzado a dar signos de un fuerte uribismo y que todo este alboroto es el comienzo de un lento deslizamiento hacia el gobierno. Mejor dicho, una especie de operación Yidis-Teodolindo pero a lo Turbay.
Esta teoría puede tener algo de cierta. Al fin y al cabo los signos están ahí y para la muestra un botón: los liberales están mirando la constitución como algo que se puede cambiar dependiendo de las necesidades personales del momento y, evidentemente, no hay nada más uribista que esto. Por eso a lo mejor el partido liberal en unos meses se olvida de su propuesta y termina con Uribe de candidato presidencial. En realidad, pronto sabremos si ya comenzó esa metamorfosis.