30 septiembre 2005

Lo que el viento se llevó

crisis humanitarias siempre han estado de la mano de las guerras. Los ejemplos son varios. Basta Las recordar el sitio de Berlín, recién terminada la segunda guerra mundial. La Unión Soviética cerró todas las entradas a los víveres para presionar al resto de los aliados y los americanos, con un puente aéreo sin precedentes, terminaron rompiendo el cerco. Sin duda fue el principio de la guerra fría, pero también el anuncio de que tendría un final feliz. Otro ejemplo y para no ir más lejos, está en las calles de nuestras ciudades.

Desde hace casi cuatro años el mundo se acostumbró a ver el ejército americano enfrentando los peores peligros de la guerra. Los Estados Unidos decidieron hacerle frente a un enemigo invisible en las tierras en las que creían se encontraba y asumieron las consecuencias. Entraron a los territorios en donde no fueron recibidos precisamente con abrazos y flores, como esperaban.

En cada una de esas avanzadas militar ha habido una crisis humanitaria. En Afganistán el hambre azotó al pueblo y los Estados Unidos respondieron rápidamente. En Irak pasó lo mismo. Junto con las balas y los tanques llegan el agua y los víveres. Es la manera integral de ganar la guerra y los Estados Unidos lo saben y por eso siempre lo han hecho bien. Pero por eso mismo ahora que la crisis humanitaria está en su propia casa, no se explica por qué la han manejado tan mal.

El huracán Katrina es uno de los fenómenos más devastadores de los últimos tiempos. Apenas el mundo se reponía del desastre que dejó el Tsunami asiático la naturaleza arremetió de nuevo, esta vez en el corazón del imperio. El dolor y desolación son los protagonistas de la historia y el gobierno de Bush, lamentablemente para el pueblo americano y para las víctimas, no ha podido dar la talla.

Es asombroso pero lo mismo pasó con el Tsunami. Los americanos se movieron muy lentamente. Es como si el gobierno de Bush pudiera atender las crisis humanitarias solamente cuando hay un objetivo militar de por medio. Porque cuando es la naturaleza la que causa el desastre, la ayuda llega tarde, llega a medias o no llega.

La imagen de Bush con su padre a su izquierda y Clinton a la derecha pidiéndoles paciencia a sus conciudadanos que llevan cuatro días aguantando hambre y sed es bastante particular. Pretende unir al pueblo americano en un sólo esfuerzo pero ya es muy tarde. Los habitantes de las zonas desoladas y buena parte de los de aquellas que salieron ilesas ya vieron que su gobierno falló. No se trataba de ayudar sino de hacerlo a tiempo. Y por eso la popularidad de Bush va en picada.

Katrina logró lo que el terrorismo no pudo. Acabar con la imagen del presidente Bush. Afortunadamente las víctimas ya están siendo atendidas y el mundo se ha unido en este esfuerzo humanitario. Sin embargo, la imagen del mandatario más poderoso del planeta parece haberse evaporado definitivamente con el viento.

24 septiembre 2005

Mariogus

Además del privilegio de escribir en las páginas de este semanario, tengo el de también hacerlo en “La Patria” de la ciudad de Manizales. Los lectores de ambos medios, para mi fortuna, me escriben constantemente con comentarios, críticas y sugerencias.

En mi último artículo en el diario caldense plasmé algunas ideas sobre el llamamiento a la desobediencia civil que hizo el senador Ciro Ramírez en caso de que la reelección presidencial se caiga. Escribí: “El senador Ciro Ramírez, propuso desde su mandato de Senador de la República, que la gente se rebele contra la decisión de la Corte Constitucional si es adversa a la reelección. Qué barbaridad. También a él, como dice otra canción, se le «fueron las luces». ¿Quien juró cumplir y hacer cumplir la Constitución promoviendo ahora que se viole?

Bueno, pues el mismo día de la publicación me llegaron varios comentarios, dentro de los cuales seleccioné uno de quien firma Mariogus. Dice: Acatar el llamamiento del político Ciro Ramírez a la "desobediencia civil" frente a un posible fallo de la Corte Constitucional adverso a la reelección, sin duda equivaldría a un llamamiento a las armas, a la guerra civil, para quienes se encuentren dispuestos a DEFENDER LAS INSTITUCIONES incluso a sangre y fuego si llegare a requerirse.”.

El comentario de mi corresponsal tuvo en mí varios efectos. Por una parte, me mostró el grado de polarización al que hemos llegado en el país. Pensar que hay gente, hasta ahora no armada, dispuesta a tomar las armas para defender “a sangre y fuego” la reelección, no deja de ser síntoma de algo complicado.

Por otra parte, la nota me recordó otras, llenas de epítetos y amenazas, que durante el tiempo que llevo escribiendo he recibido. Gajes del oficio, supongo, como los que esta semana tuvieron que vivir algunos colegas de otros medios. Esta es una profesión en la que se está permanentemente expuesto a la agresión.

Pero lo que más me impactó del comentario es que evidencia la necesidad de que el gobierno sea totalmente cauteloso a la hora de hacer planteamientos sobre sus ganas de repetir. La confrontación social, producto del momento político, no resiste que se le eche más leña al fuego. No se puede incentivar a que haya más “Marioguses”. Por eso hay que celebrar y aplaudir la actitud del Presidente Uribe de decirles a sus funcionarios que no se refieran más al tema de la Corte y que él es el único interlocutor. Con eso Uribe asumió el control y la responsabilidad de lo que pueda pasar.

Los fallos judiciales son para respetarlos, aunque no se compartan. Por eso quienes escribimos y nos hemos opuesto a la reelección, si ésta finalmente se da, seguiremos haciéndolo midiendo y plasmando en el papel lo que sentimos. Si en cambio la reelección se cae, pues haremos lo mismo. Claro, no sobra que las autoridades empiecen a pensar cómo defendernos en la calle, por lo menos de personajes como mi amigo Mariogus.

10 septiembre 2005

Cosa compleja

Esta semana hubo tres hechos políticos muy importantes. El primero fue la creación de un nuevo Partido Uribista (sí, otra vez). El segundo fue el lanzamiento del libro de Andrés Pastrana que incluyó una tirada de línea fuerte de parte del expresidente a sus amigos. Y el tercero fue el nuevo gancho al hígado del procurador a la reelección.

Sobre el primero es necesario empezar haciendo historia. Los intentos por crear un partido uribista han sido varios y el resultado siempre ha sido el mismo: muchos caciques, pocos indios y al final, una gran decepción. Partido uribista no hay ni va a haber. ¿Por qué? Porque el uribismo no es una ideología, no es una postura política, ni siquiera es una idea. El uribismo es un impulso caudillista sostenido por una mezcla de burocracia y populismo patriótico, a la larga, simplemente sentimental.

Mientras haya puestos y la posibilidad de que los siga habiendo (léase reelección) habrá uribismo. Bueno, esto dentro de la clase política. Porque por fuera de ella, todo se apoya es en un embrujo creado con propaganda. De ahí las encuestas y la popularidad “ochentera” (no me refiero a una década sino a un porcentaje). Por eso es probable que haya unas listas al congreso que apoyen a Uribe, pero todos buscarán es colincharse de la popularidad. Eso sí, ida ésta, idos ellos.

Sobre el libro de Pastrana, más importante aún que la publicación, es lo que pasó en el Gun Club ese día. El expresidente mostró una gran capacidad de convocatoria. Al evento asistió la pesada de la política, empezando por el presidente Uribe y el expresidente López. Pastrana demostró, que si quiere, reúne fuerzas y une.

En su discurso Andrés dejó claro que una cosa es que haya aceptado ser embajador y otra es que esté dando su aval para que el conservatismo sea parte del gobierno y acepte la reelección. Por eso sus amigos están enfilándose hacia una nueva política, ajena a la derecha sin contenido del gobierno y a la izquierda reaccionaria. Se percibe el impulso de un nuevo centro. Una fuerza que le hace falta al país y que ojalá se concretice.

Por último está el concepto del Procurador Edgardo Maya sobre la ley que reglamenta el acto legislativo de reelección presidencial. La posición es coherente en lo político y acertada en lo jurídico. Toda la ley echa por la borda el principio de igualdad, por más que quienes la defiendan hagan mil y un piruetas argumentativas para ello.

Se ha abierto la puerta a algo sin precedentes. Cuando se estrenó la Constitución, varios de sus artículos quedaron suspendidos mientras se reglamentaban. Incluso hoy en día, algunos siguen así. Con la reelección pasa lo mismo. Sin reglamentación no se puede aplicar la reforma hasta que no haya ley. En la práctica, esto equivale a posponer la reelección mientras un nuevo congreso, con un nuevo presidente, legisla al respecto.

Si esto sucede la Corte habrá instituido una reelección no inmediatamente inmediata. Así quedaría bien con todos, a la vez que mostraría una gran independencia. Uribe no repetiría ahora; cierto. Pero en cuatro años su sucesor, Gaviria, Pastrana, Samper y él mismo, podrían eventualmente, lanzarse a alcanzar la presidencia. Ah cosa compleja.