26 marzo 2005

Abajo las estatuas

Durante los últimos quince días, en España, han pasado a buen retiro algunos de los más famosos monumentos esculpidos a la memoria del generalísimo Franco. Madrid tiró la primera piedra. Algunos trabajadores, enviados especialmente para eso, quitaron en horas de la noche la estatua del dictador montando a caballo que se erguía en la plaza de San Juan de la Cruz. Algunos nostálgicos presenciaron el acto, en silencio, resignándose tal vez ante la realidad del paso del tiempo.

Guadalajara siguió el ejemplo de la capital. El miércoles santo se removió la estatua ubicada en la Plaza Beladiez de esa ciudad, que también representaba al general a caballo. Se encontraba pintada de varios colores por cuenta de los tachones de aerosol con la que algunos manifestaron su descontento durante el tiempo en que hizo parte del paisaje urbano. La arrancaron, la metieron en un camión y la desaparecieron.

Dicen que el turno ahora le corresponde a Santander, cuyo alcalde ya anunció que hará lo mismo, y que paulatinamente se irán evaporando los restantes homenajes esculpidos en señal de alabanza al triunfador de la guerra civil de la Madre Patria.

El asunto se ha politizado. Para algunos, el gesto reabre las heridas de la sociedad española. El Partido Popular se ha manifestado abiertamente de esta manera. Otros, insisten en que el error está en querer cambiar la historia. Como si quitar los símbolos sirviera para eso. Y por último hay quienes dicen que con la majestuosidad del Valle de los caídos basta y sobra.

En realidad la cosa tiene un trasfondo político, pero que sólo en parte es partidista o ideológico. Es cierto que en España la política está polarizada, pero también lo es que en el mundo actual algunas cosas ya no tienen discusión. En Alemania, por ejemplo, país de contrastes y de fuertes extremos, no queda vestigio alguno de la dictadura de Hitler que no sea para honrar a sus víctimas. A nadie se le ocurriría, porque de hecho está prohibido, esculpir en piedra al Führer haciendo el saludo nazi. Algunas esvásticas todavía pueden adivinarse en las campanas que adornan el exterior del estadio olímpico de Berlín, pero se nota el esfuerzo por removerlas sin dañar el adorno.

En un mundo como el actual, en el que el Estado constitucional es el que se impone, en el cual la democracia se exporta y en el que por lo menos en la teoría gobiernan las mayorías, no hay lugar para alabar el rompimiento de la institucionalidad. En Colombia la única alteración constitucional, diferente del eventual visto bueno de la Corte Constitucional a la reelección de Uribe, ha sido el golpe de Estado de Rojas Pinilla.

Lo de Rojas fue, sin más, una finta a la constitución, que así pertenezca a la historia patria, como el gobierno de Franco en España, el de Hitler en Alemania o el de Pinochet en Chile, debe quedarse en los libros y no puede ser alabada. Lo que se debe honrar en un país es la constitución, sus instituciones, sus principios y sus valores, y no el recuerdo de quienes se la han querido pasar por la faja y lo han conseguido.

19 marzo 2005

El desafío 20-05

El país se prepara para una nueva Semana Santa. Para algunos eso significa recogimiento, espiritualidad y reflexión mientras que para otros significa, playa, piscina y diversión. En cualquiera de los dos casos la televisión siempre es compañía, y en esta que es época de Realities, la mejor opción se encuentra en el Desafío 20-05 de la política.

El equipo de las Celebridades está integrado por los expresidentes López, Turbay y Samper. El equipo de los Sobrevivientes está compuesto por los expresidentes Pastrana y Gaviria, por el eterno candidato Horacio Serpa y por el presidente Uribe. Y por último, están los Retadores que es un equipo integrado por amigos de los anteriores participantes y que se pelean por ser Celebridades o Sobrevivientes.

Las Celebridades no buscan el premio de la presidencia pero sí influir en temas importantes para el país. Hacen política como buenos ajedrecistas y entienden plenamente el juego del poder. Ayudan a sus amigos, saben meter palos en las ruedas cuando consideran que es necesario y tienen buen olfato para analizar el tablero de la cosa pública.

Los Sobrevivientes tienen las mismas calidades que las Celebridades pero creen firmemente, y es posible que con razón, que todavía tienen chico en la vida pública presidencial. Para Serpa todo es ganancia. No tiene nada que perder y quiere repetir candidatura sí o sí. Para Pastrana, Gaviria y Uribe la cosa depende de si hay reelección. Si llega a haberla, los dos primeros no pensarían en meterse de nuevo en una campaña presidencial si no fuera con unas condiciones que aseguraran su éxito. Como son viejos zorros, ellos saben que ese momento no está cerca pero tienen claro que cualquier cosa puede pasar en el futuro.

En el caso de Uribe la decisión está tomada. Si lo dejan, juega. Aunque a este paso lo que verdaderamente no está asegurado es su éxito. Por el contrario, con el tiempo y con el desgaste propio de quien ejerce la presidencia es probable que al final no le alcance.

Si a Uribe no lo dejan participar, jugará también pero distinto. Celebridades y Sobrevivientes se lanzarán a escoger sus preferidos entre los Retadores para que jueguen ellos y jueguen por ellos.

El Sobreviviente Gaviria tratará de unir al liberalismo a través de la consulta popular. Pero el Sobreviviente Uribe no entrará en ese juego. Es probable que escoja a uno de los Retadores y que lo lance a jugar en solitario. El Sobreviviente Pastrana hará lo mismo que Gaviria pero sin consulta popular. Uno de sus Retadores saldrá a dar la pelea. Y mientras tanto el Polo democrático, que no tiene ni Celebridades ni Sobrevivientes sino puros Retadores, mirará cómo acomodarse.

Pasado el tiempo, cuando llegue el momento y como en todo buen Reality, el veredicto final, quién se va y quién se queda, quién pierde y quien gana, lo darán los televidentes.

12 marzo 2005

Tu tela cortada

Nadie puede pasar por alto un hecho judicial que tuvo lugar esta semana. Se trata del nuevo “choque de trenes” entre el Consejo Superior de la Judicatura y la Corte Suprema de Justicia. El exregistrador Jaime Calderón presentó una tutela pidiendo respeto al debido proceso porque la Corte Suprema lo condenó aplicando una norma declarada inconstitucional. El Consejo Superior miró la tutela y anuló la sentencia. Los magistrados de la Corte Suprema se molestaron y decidieron denunciar penalmente a sus colegas del Consejo superior.

La lucha de poder a través del sistema de justicia no es nueva en Colombia. Sin embargo, algunos piensan que en el fondo está el debate sobre si se pueden atacar las sentencias con la acción de tutela. Es posible que algo de esto haya, y entonces hay que hacer claridad en una cosa: en estos casos lo que se ataca con la tutela no es la decisión judicial sino el rompimiento de las reglas establecidas para llegar a ella.

En Colombia todo está sometido a reglas que nunca se cumplen. En materia administrativa el debido proceso depende del funcionario de turno que siempre pone en práctica su propia teoría de cómo deben ser las cosas. Al fin y al cabo en este país de egos, de nada vale el poder si no se demuestra que se tiene. ¿No?

Pero la cosa es peor en materia judicial porque los funcionarios cargan un halo de majestad y una presunción de legalidad que, en muchos casos, se vuelven contra el ciudadano. Y si a eso se le suma la sed de cárcel de algunos medios de comunicación, lo que queda es la simple esperanza de que Dios se apiade de cualquier inocente.

¿Quién discutía en tiempos del sistema penal anterior un carcelazo ordenado por un fiscal vengativo? Al fin y al cabo la orden provenía de un “Fiscal de la república de Colombia” (halo de majestad) con poder judicial (presunción de legalidad). Lo importante es que el proceso se presentara con escándalo (componente mediático), para que los ciudadanos terminaran confundiendo la cárcel con la justicia.

Ante estas realidades la tutela ha cumplido una doble función. Por una parte ha logrado que en algunos casos la justicia sea real. Y por otra ha logrado igualdad en la relación Estado – Individuo. El ciudadano del común ya no se conforma con la injusticia. Ahora se pregunta siempre: “¿Podré poner una tutela?”

El nuevo choque de trenes es una muestra más de que en Colombia no existe una comprensión del derecho de la post guerra. El ejecutivo hasta ahora está descubriendo el derecho internacional. El legislativo todavía cree que la constitución es un discurso bienintencionado y no una norma. Y ahora el judicial se enfrasca en el superado debate de la primacía de la justicia material sobre la formal.

Lo que falta en este país son más acciones públicas. La de inconstitucionalidad por omisión, por ejemplo, es una de ellas. Pero seguiremos atrasados pues, increíblemente, el propio sistema es el que rechaza el ejercicio del derecho a acceder a la justicia. Por eso a lo mejor es la estructura de la rama judicial la que se quedó chiquita. Es difícil negarlo: En Colombia no solamente muchas veces sobra Código, sino casi que casi siempre, hace falta justicia.

05 marzo 2005

El ajedrez

En la política, como en la vida, hay instantes que marcan el tiempo por venir. La historia de Colombia está llena de ellos. La aplastante victoria de Álvaro Uribe, la Constituyente del 91 y la disidencia de Galán en el 82 son algunos. El Frente Nacional, el golpe de Estado de Rojas y el Bogotazo son otros más. Y así podría uno seguir descubriendo páginas de historia patria qué resaltar.

Esa dinámica, propia de un país que como Colombia respira política, no se detiene. Falta más de un año para las elecciones y están pasando muchas cosas. Gaviria volvió al ruedo y está llamando y mandando. El oficialismo liberal se está uniendo y cohesionando en torno a él y todo parece indicar que el expresidente que nos dio hace años la bienvenida al futuro se la va a jugar otra vez toda por su partido.

Pero hay más: el conservatismo está roto y con bastantes heridas. López, Samper y Pastrana siguen haciendo política y hablando de temas que el gobierno no entiende. Y como si eso fuera poco, se acerca definitivamente la decisión de la corte Constitucional sobre la reelección de la cual dependerá en buena medida el futuro de la política nacional.

Si hay reelección el uribismo fortalecido por la victoria en la Corte seguirá dedicado al “alabaré a mi señor”, como dicen en misa, y se preparará para la contienda electoral. Los liberales y los conservadores que se han dejado aceitar a punta de lentejas cerrarán filas en torno al presidente. Los que no, mirarán hacia sus propios partidos. El conservador será todo un torbellino pues el pastranismo querrá jugarse una carta propia y los congresistas azules tendrán que escoger entre el uribismo personalista de Holguín y el plan del jefe natural.

El partido liberal escogerá su candidato en consulta popular con positivas consecuencias en lo electoral. La primera es que la consulta impulsará sus listas pues es el mismo día de la elección de Congreso. La segunda es que su candidato quedará legitimado en las urnas. Y la tercera es que definirá por vía popular y para los próximos años su norte ideológico.

De esto último dependerá a su vez la suerte del Polo democrático: si la consulta la gana el ala social del liberalismo, puede haber matrimonio como en la elección de Lucho a la alcaldía. Pero si gana el ala de centro derecha Navarro, Petro y sus amigos tendrán que ver si juegan solos o si se van para otro lugar.

Si la reelección se cae, el panorama será distinto: los conservadores uribistas saldrán corriendo donde Pastrana con la humildad de la más bella adúltera arrepentida. Por su parte Uribe tendrá que escoger candidato. Es probable que le dé por ungir a alguno de sus amigos para que se lance con las banderas de la seguridad democrática a recoger sus votos. Pero como es la cara del santo la que hace el milagro, es más probable que todos jueguen en la consulta popular liberal. Ahí las discrepancias rojas se definirán en las urnas y nuevamente, dependiendo del resultado el Polo tomará decisiones.

La política colombiana es un ajedrez en el cual interactúan los políticos con y sin partido, los violentos, los medios de comunicación, los grupos económicos y hasta los gobiernos extranjeros. Tal vez el que muchas veces se ha quedado por fuera del juego es el pueblo. Claro que hace cuatro años, cuando nadie se imaginaba que el candidato del uno por ciento sería presidente, fue ese pueblo el que cambió las cosas. Habrá qué ver, luego de tanta polarización, luego de sufrir diariamente la terrible división de la sociedad entre buenos y malos, ese pueblo cómo se comporta la próxima vez.