22 octubre 2005

Palabra de Dios

Aprobada la reelección quedó despejado el panorama y quienes nos opusimos a ella, calladitos, por lo menos en lo que a su constitucionalidad se refiere. Eso sí, hay un proverbio que dice que el salvamento de voto de hoy será la jurisprudencia del mañana. Pero hoy es hoy y no mañana así que a enfrentar la realidad y a no llorar sobre la leche derramada.

Es momento de decirle adiós al derecho. Atrás hay que dejar los argumentos jurídicos que tanta tinta hicieron correr el último año. Lo que hay ahora, lo que tenemos en frente, es política pura y dura. ¿Qué se puede esperar? ¿Que los uribistas arrasen? Es probable aunque hasta hoy sólo ellos han hecho campaña de verdad y las encuestas están bajando. Claro que desde el miércoles el gobierno tiene una bendición suprema para meterle la mano al presupuesto y politizar más el poder público. Así que quién sabe...

La preocupación mayor es la falta de garantías. No sólo la desigualdad en la campaña es un hecho sino que Colombia es un país en el que la política se hace con votos y con plomo. A eso hay que sumarle que la fuerza pública es parte del ahora Estado uribista. Ojo con eso. Y a propósito, nada de raro tiene que desde el gobierno se empiece ya a plantear que, como las fuerzas del orden son las que ponen el pecho, deberían ser deliberantes y votar.

Por otro lado, ¿quién puede darle la pelea a Uribe? Una posibilidad es que sea un candidato de coalición apoyado por todas las otras fuerzas. Nombres hay, pero falta uno que agrupe y aglutine. Aunque hay otra posibilidad quizá más clara y efectiva: César Gaviria. El puede ser el hombre que derrote a Uribe. Tiene la experiencia, la visión de Estado y la capacidad. Sabe y puede. Falta que quiera y que los liberales entiendan que este es un momento para dejar atrás los personalismos y pensar en Colombia.

De resto el país seguirá siendo testigo de las expresiones propias de la cultura uribista. Diminutivos, banderas, sombreros, medios y más medios y esa rara manera de comportarse de algunos, a propósito de la cual una corresponsal me cuenta:

Se dice que cuando Dios creó el mundo, para que los hombres prosperasen, decidió concederles dos virtudes. A los suizos los hizo ordenados y cumplidores de la ley. A los ingleses, persistentes y estudiosos. A los japoneses, trabajadores y pacientes. A los italianos, alegres y románticos. A los franceses, cultos y refinados. Cuando llegó el turno de los colombianos, Dios se volvió hacia el ángel que tomaba nota y le dijo: Los colombianos van a ser inteligentes, buenas personas y uribistas.

Cuando terminó la creación el ángel le dijo a Dios: Señor, a todos los pueblos les diste dos virtudes pero a los colombianos tres. Tienes razón, contestó Dios. Y siguió: pero ten en cuenta que ser uribista no es precisamente una virtud y que cada colombiano tendrá tres, pero no podrá tener más de dos a la vez. El ángel se rascó la cabeza, sacudió un ala y dijo: A ver si entiendo… El colombiano uribista y buena persona, no podrá ser inteligente. El que sea inteligente y uribista, no podrá ser buena persona. Y el que sea inteligente y buena persona, no podrá ser uribista. Dios sonrió y contestó: entendiste mi buen ángel… entendiste.


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