La mayoría de columnistas y analistas se han lanzado, como en años anteriores por esta misma época, a determinar qué fue para ellos lo bueno, lo malo y lo feo del año que termina. Pero realmente los lectores, que también vivieron acá durante estos 365 días, pueden tener su propia impresión. Por eso he preferido yo, antes que hablar de lo que pasó, hablar de lo que va a pasar. Y de ahí que me lance a determinar algunas materias en las cuales, sin duda, ocurrirán ciertas cosas que no son difíciles de adivinar:
El Congreso seguirá sufriendo las consecuencias del descrédito de algunos de sus miembros untados de paramilitarismo. Lamentablemente seguirá siendo evidente que pasamos de la narcodemocracia de los 80 y 90 a la paracocracia del Siglo XXI. Los buenos congresistas llevarán el INRI de los malos. Y cada vez será menos lo de mostrar y más lo de esconder. Pobre Congreso el del nuevo año. A temblar todos los que allí llegaron a punta de meterle miedo a los electores y, como siempre en estos casos, a pagar justos por pecadores.
Los partidos seguirán desacreditados. Al Polo le tocará cumplir un mejor papel en las elecciones locales que el que cumplió hace cuatro años para así poder consolidarse. Lucho, Navarro y Carlos Gaviria tendrán que fajarse. El problema es que ninguno de los tres puede aspirar a nada, claro, si quieren aspirar a la presidencia. El conservatismo tendrá que determinar de una vez por todas quién será su jefe y sobre todo si va a repetir el espectáculo de llegar a elecciones presidenciales sin candidato propio. El Partido liberal seguirá dando la batalla y se sorprenderá cuando los periodistas empiecen a averiguar cuáles eran las relaciones entre Gómez Méndez y Giorgio Sale. El uribismo se transformará en algo muy raro. Muy raro. Muy raro.
A Uribe le va a tocar hacer un gobierno nacional si quiere atornillarse a su silla, pues en apenas cuatro meses se le desbarató el curubito con un par de alfiles llamados a indagatoria. Hará el Acuerdo humanitario y comenzará un proceso de paz. Esto oxigenará la política y pondrá al país a pensar en algo distinto del uribismo paramilitar.
El proceso con los paras seguirá de tumbo en tumbo y sobre él siempre estará la espada de Damocles de la extradición. Al final los jefes paras saldrán beneficiados y los no jefes, saldrán perjudicados. Al primer apretón los parlamentarios untados soltarán la lengua y el espectáculo de acusaciones entre unos y otros será como para alquilar balcón.
La Corte Suprema de Justicia: Es probable que siga sufriendo injustamente uno que otro ataque, pero hará justicia y no le temblará la mano. Si arrancó un proceso de depuración de la política de la manera en que lo hizo, es difícil pensar que se eche para atrás. Seguirá llamando parlamentarios a rendir cuentas y de pronto le da por meterse con los ministros. Ahí se verá una lucha de poder en la que, sin duda, se verá quién es quién.
Y en lo personal, el 2007 será un año para hacer un alto en el camino y una evaluación. Es probable que en los dos últimos años haya habido muchos errores de percepción y hasta mucha estupidez. Pero se luchó y se pasó bueno. Como dicen en Cali por estos días, hay sangre en la arena y no es del torero. Llega un año nuevo, y con él, un nuevo día. Un feliz dos mil siete para todos desde una ciudad cualquiera del viejo continente.