20 agosto 2005

Cruce de cables

Hace varios años la vida me dio la oportunidad de acercarme a los medios de comunicación de varias maneras y conocerlos por dentro y por fuera. Primero tuve que hacer como abogado una acérrima defensa judicial muy enredada y me tocó lidiar una avalancha mediática verdaderamente salvaje. Conocí la gloria y el infierno. Pero hoy sé que los medios actúan, la mayoría de las veces, buscando interpretar la verdad.

Terminados esos episodios me dejé seducir por aquello que conocí. Desde entonces he hecho prensa escrita informativa y de opinión, periodismo en televisión, en Internet y también, esporádicamente, radio. Todo en el periodismo me apasiona y de alguna manera me es natural. Eso lo saben quienes me conocen y por eso la periodista Cecilia Orozco, hace ya más de un año, me invitó a conocer a dos colegas, uno de ellos, el hoy presidente del CPB, César Mauricio Velásquez.

Nos reunimos en compañía de otro amigo, miembro de la junta de esa agremiación. Mis contertulios me contaban de sus experiencias en diferentes medios de comunicación y yo oía apasionado. La noche se fue yendo con la velocidad propia de los buenos ratos. Casi al final, César Mauricio y Cecilia, me alentaron a hacerme miembro del CPB, lo cual desde entonces, a pesar de no haberse concretado, siempre sentí como una obligación moral muy pendiente.

Por eso esta semana no podía yo dar crédito a lo que pasó. Cecilia renunció al CPB por su desacuerdo con la presidencia y Cesar Mauricio salió por radio, institucionalmente, a cuestionar el hecho de que el periodista Daniel Coronel se exiliara por haber sido él y su familia, amenazados de muerte. ¿La agremiación de periodistas más antigua del país con ambigüedades frente semejante situación? ¿El Círculo fundado por los comunicadores más importantes del país en los últimos 50 años con semejante actitud?

A César Mauricio, literalmente, se le fueron las luces y se le cruzaron los cables. Lo de las luces lo digo porque por más cuestionamientos que se tengan sobre las posturas públicas de un colega, lo cual hace parte de la libertad de pensamiento y de expresión, cuando el presidente del CPB habla, el que habla es el Círculo. Y que institucionalmente se le quite importancia a las amenazas de muerte a un periodista no sólo habla mal del país, sino del gremio.

Y ahí es donde entiende uno lo de los cables. El director del CPB tiene varios: el de su muy respetable vocación religiosa, el de su antigua enemistad con Daniel Coronel, el de su facultad de comunicación y más recientemente, el del uribismo. Al tratar de hacer de todos uno sólo, se le cruzaron. Y así César Mauricio, a quien con cariño recuerdo alentándome a ingresar al CPB, terminó dando el ejemplo que dio. Lo triste es que al final los sacrificados fueron el Círculo y otro periodista más de oposición.

Para mí hacer parte algún día del CPB, será un verdadero privilegio. Sin embargo, por ahora, lo seguiré considerando una obligación moral, muy pendiente.

Nota: Que no se olvide que recientemente Alvaro Uribe le ofreció la embajada en Canadá al anterior presidente del CPB y que él, valientemente, dijo que no.

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