29 octubre 2005

Conflicto interno

Se supone que la lucha por la presidencia va a ser pelea de toche y guayaba madura. De un lado Álvaro Uribe y sus grandes electores, desde el poder, gobernando en campaña y asegurando la reelección. Del otro, los disidentes que aspiran a una votación aceptable a pesar detener en frente la aplanadora oficial.

Esto que parece tan claro puede no serlo. La razón es que no ha empezado oficialmente la campaña y en el uribismo ya empezaron los roces. La pelea hoy en día está casada entre dos grandes grupos. En una esquina el del senador Germán Vargas Lleras, Cambio Radical, y en la otra el Partido de la “U”, que es un intento de Juan Manuel Santos por aglutinar a los demás uribistas.

Santos ha querido lograr una unión de las fuerzas leales al presidente para enfrentar la campaña e invitó a Vargas Lleras a hacer listas conjuntas. Lo que pasa es que al senador no le puede sonar la cosa porque no puede endosar su trabajo de ocho años, que al fin y al cabo, es la base de su aspiración presidencial.

Ni Santos ni Vargas Lleras son realmente uribistas. Su tendencia a favor del presidente es básicamente electoral. Ambos querían ser candidatos bendecidos por la mano de Uribe, pero con la reelección, les tocó aplazar la aspiración y ahora tienen que acomodarse.

Su condición política es muy diferente y por eso no caben fácilmente en la misma olla. Mientras que Santos no es senador Vargas Lleras sí. El exministro tiene la fuerza en su capacidad de aglutinar parlamentarios que por cuenta propia no tiene acceso a ciertos sectores de poder, mientras que Vargas Lleras la tiene en las urnas. Los congresistas de la “U” no son de Santos. Los de Cambio Radical, sí son de Vargas Lleras.

Esta es una diferencia fundamental a la hora de buscar el mejor lugar en el equipo de campaña del presidente. Ambos quieren ser la niña bonita del Uribismo y ocupar los puestos de honor. Pero para Uribe no representan lo mismo. Santos cubre necesidades del presidente que no llena Vargas Lleras, quien a su vez, tiene un manejo electoral del cual el ex ministro carece.

Uribe tiene que manejar el tema con mucho tino. Es probable que el Presidente logre apaciguar un poco las fricciones y tratar de pegar la cosa. Sin embargo, esa será una unión siempre débil. ¿Le ofrecerá a alguno de ellos la fórmula a la vicepresidencia? ¿Preferirán ser ministros y llegar al final del segundo periodo mejor posicionados?

La pelea interna no es nueva. ¿Se acuerdan del Nuevo Partido? Lo que pasa es que antes de la reelección lo peor que podía pasarle al uribismo era hacer el oso. Hoy la cosa es diferente. Ahora el mal cálculo puede terminar teniendo un costo electoral que, por muy posicionado que esté Uribe como candidato, frente a lo rara que es la política en Colombia, puede llega a ser muy alto.

22 octubre 2005

Palabra de Dios

Aprobada la reelección quedó despejado el panorama y quienes nos opusimos a ella, calladitos, por lo menos en lo que a su constitucionalidad se refiere. Eso sí, hay un proverbio que dice que el salvamento de voto de hoy será la jurisprudencia del mañana. Pero hoy es hoy y no mañana así que a enfrentar la realidad y a no llorar sobre la leche derramada.

Es momento de decirle adiós al derecho. Atrás hay que dejar los argumentos jurídicos que tanta tinta hicieron correr el último año. Lo que hay ahora, lo que tenemos en frente, es política pura y dura. ¿Qué se puede esperar? ¿Que los uribistas arrasen? Es probable aunque hasta hoy sólo ellos han hecho campaña de verdad y las encuestas están bajando. Claro que desde el miércoles el gobierno tiene una bendición suprema para meterle la mano al presupuesto y politizar más el poder público. Así que quién sabe...

La preocupación mayor es la falta de garantías. No sólo la desigualdad en la campaña es un hecho sino que Colombia es un país en el que la política se hace con votos y con plomo. A eso hay que sumarle que la fuerza pública es parte del ahora Estado uribista. Ojo con eso. Y a propósito, nada de raro tiene que desde el gobierno se empiece ya a plantear que, como las fuerzas del orden son las que ponen el pecho, deberían ser deliberantes y votar.

Por otro lado, ¿quién puede darle la pelea a Uribe? Una posibilidad es que sea un candidato de coalición apoyado por todas las otras fuerzas. Nombres hay, pero falta uno que agrupe y aglutine. Aunque hay otra posibilidad quizá más clara y efectiva: César Gaviria. El puede ser el hombre que derrote a Uribe. Tiene la experiencia, la visión de Estado y la capacidad. Sabe y puede. Falta que quiera y que los liberales entiendan que este es un momento para dejar atrás los personalismos y pensar en Colombia.

De resto el país seguirá siendo testigo de las expresiones propias de la cultura uribista. Diminutivos, banderas, sombreros, medios y más medios y esa rara manera de comportarse de algunos, a propósito de la cual una corresponsal me cuenta:

Se dice que cuando Dios creó el mundo, para que los hombres prosperasen, decidió concederles dos virtudes. A los suizos los hizo ordenados y cumplidores de la ley. A los ingleses, persistentes y estudiosos. A los japoneses, trabajadores y pacientes. A los italianos, alegres y románticos. A los franceses, cultos y refinados. Cuando llegó el turno de los colombianos, Dios se volvió hacia el ángel que tomaba nota y le dijo: Los colombianos van a ser inteligentes, buenas personas y uribistas.

Cuando terminó la creación el ángel le dijo a Dios: Señor, a todos los pueblos les diste dos virtudes pero a los colombianos tres. Tienes razón, contestó Dios. Y siguió: pero ten en cuenta que ser uribista no es precisamente una virtud y que cada colombiano tendrá tres, pero no podrá tener más de dos a la vez. El ángel se rascó la cabeza, sacudió un ala y dijo: A ver si entiendo… El colombiano uribista y buena persona, no podrá ser inteligente. El que sea inteligente y uribista, no podrá ser buena persona. Y el que sea inteligente y buena persona, no podrá ser uribista. Dios sonrió y contestó: entendiste mi buen ángel… entendiste.


15 octubre 2005

Hipótesis bomba

Mucho se ha especulado sobre si el atentado al senador Germán Vargas tiene algo que ver con la reelección. Yo, en lo personal, creo que no. Sin embargo, eso no indica que eventualmente no haya tenido que ver con las elecciones que están a la vuelta de la esquina.

Una hipótesis es que fue la guerrilla. No hace falta ser Sherlock Holmmes para pensarlo aunque tampoco para entender que Vargas Lleras no es el mal mayor de la insurgencia en estos momentos. Cierto, que el atentado haya sido con una bomba parecida a la de El Nogal es un indicio fuerte. Pero por esa misma razón, la hipótesis parece demasiado obvia.

Otra teoría es que el intento de asesinato provino de una alianza narcopolítica. Y aquí hay que preguntarse: ¿Narcopolítica? ¿Cómo así? ¿Qué quiere decir eso exactamente?

En las épocas en que el Cartel de Cali tenía en su nómina al poder público, la Narcopolítica era una alianza de conveniencia en la que los políticos recibían plata a cambio de favores. Pero con los Rodríguez Orejuela en Miami y la situación actual del país como está, hay que enfocar la cosa por otro lado.

El factor de poder ilegal más ligado a la política ya no es el tráfico de drogas sino el paramilitar. Hace años la política estaba embadurnada hasta el tuétano de narcotráfico y hoy lo está es de paramilitarismo. Antes el Congreso era en su gran mayoría del Cartel y hoy lo es de las AUC. Donde antes mandaba don Miguel ahora parece mandar Don Berna. La triste leyenda de la Narcodemocracia ha dado paso a la de la Paracocracia.

Al final, la paradoja es que sabiendo cómo se financian los paras, todo termina siendo prácticamente lo mismo. Y por eso la alianza narcopolítica que habría atentado contra Vargas Lleras sería entre paras y políticos.

¿Pero por qué el atentado precisamente contra Vargas Lleras? Por una parte su movimiento pinta electoralmente arrollador y varias curules “paras” peligran. Por otra, fue él quién primero rechazó el apoyo de congresistas por vínculos “paras”. Lógicamente nada de esto le ha gustado a los muchachos de Ralito. Pero hay algo más: la muerte del congresista llevaría a un repudio nacional que fortalecería las posiciones extremas de las autodefensas.

Es cierto, si algo ha tenido Vargas Lleras es una postura frente a las FARC y las AUC que a ambos grupos les debe molestar mucho. La diferencia parece ser que para la guerrilla el senador como tal no es su mayor piedra en el zapato, mientras que para los paras puede significar una pérdida real de poder político, que pueden no estar dispuestos a soportar así como así.

***

Me imagino que a los Uribistas les habrá parecido un acto de profundo patriotismo que el presidente haya aprovechado el atentado para hacer campaña…

08 octubre 2005

Mala puntería

El país está a la expectativa de lo que decida la Corte Constitucional sobre la reelección. Mientras tanto, quienes opinamos por profesión, nos estamos deleitando. El problema es que el tema no es solamente político, lo que daría para que todo el mundo hablara con propiedad, sino que es fundamentalmente constitucional, lo cual es más complejo y se presta, válgame Dios, para grandes equivocaciones.

Una de ellas fue la del exministro Juan Carlos Esguerra hace unos días, cuando por radio criticó a la Corte Constitucional por aplicar teorías del derecho alemán. El error está en que a Esguerra, como a muchos otros, se le olvidó que el constitucionalismo en Alemania se ha desarrollado de la mano de la humanidad y que Colombia ya es parte de ese desarrollo. ¿No recuerda el exministro de dónde salió la acción de tutela?

El derecho público alemán no está basado en el poder sino en la libertad y por eso no se apoya en Estado como estructura sino en el individuo como fin. Esto, para muchos, es difícil de entender. Pero esa falta de comprensión no cambia la realidad: cuando por cuenta de la trágica y dolorosa historia del siglo 20 avanzó el derecho en Alemania, lo que avanzó fue el derecho en el mundo.

Hoy en día el examen de constitucionalidad no consiste en comparar dos textos o verificar si se siguieron unos requisitos para hacer una reforma. Por eso nuestra Corte, que sí entiende, tiene como herramienta principal la interpretación. Como el individuo y su dignidad son el fin último del Estado, aquello por y para lo cual existe, en el examen de constitucionalidad el resultado debe ser siempre la interpretación que mejor proteja esa dignidad. Eso es derecho humanista contemporáneo. Alemán, si se quiere, español, si se quiere, pero también y sobre todo, colombiano.

¿Qué tiene que ver esto con la reelección? Que la interpretación le da a la Corte la posibilidad de mirar el fondo de la reforma y no sólo su forma. Y allí, en el fondo hay muchas cosas que la entierran. ¿Ejemplos? Se daña el equilibrio de poder, se rompe la igualdad, sufre el sistema electoral y como si fuera poco, se afecta la democracia.

Eso sin tener en cuenta un fenómeno político que consiste en que los partidos pueden perder su vocación de poder, que finalmente es su razón de ser. Basta mirar al partido conservador, olvidando la responsabilidad que tienen con sus electores y aferrándose moribundo a la esperanza de que pase la reforma.

Por lo anterior es que los defensores de la reelección últimamente están tan nerviosos y tirándole tanto rayo a la Corte. El problema es que muchos, al tratar de pescar con palabras y tinta en semejante río revuelto, han terminado demostrado por lo menos dos cosas. La primera, que aparentemente los dejó el tren del derecho. Y la segunda, que tienen mala puntería. Porque por lo menos en este tema, por mucho esfuerzo que hagan, realmente le están apuntando muy mal al tiesto.

01 octubre 2005

Ojo pues...

Se acerca la sentencia de la Corte constitucional sobre la reelección y aunque se ha pedido prudencia en todos los frentes, algunos siguen abogando por la “resistencia civil” frente a una decisión que impida que el presidente Uribe repita.

Por eso nunca como ahora encuentro tan pertinente un pedazo de historia centroamericana, que, ya verán, habla por si mismo. Resulta que el 25 de mayo de 1993, el entonces presidente de Guatemala Jorge Antonio Serrano Elías, apoyado por varios amigos, derogó parte de la constitución, disolvió el Congreso, la Corte Suprema de justicia y asumió poderes legislativos.

La Corte constitucional guatemalteca, ese mismo día, decidió intervenir en el asunto. Según la constitución, el fin de la Corte era guardar el orden institucional y a juicio de los magistrados, esa norma bastaba para que ellos tomaran cartas en el asunto. Por eso sacaron una sentencia diciendo que el presidente no podía hacer nada de lo que hizo y que, por lo tanto, esas medidas quedaban sin efecto.

Bueno, pues el presidente Serrano y sus amigos decidieron pasarse por la faja la sentencia y hacer como si nada. En términos nuestros, decidieron hacer “resistencia civil” contra la decisión, según ellos, porque iba en contra de lo que “el pueblo” quería.

Bueno, pues lo que siguió es hoy uno de los mayores hitos del constitucionalismo contemporáneo. El 31 de mayo, seis días después de que comenzara la “resistencia civil”, la Corte dijo que como el presidente Serrano seguía como si nada, le ordenaba a los ministros de gobierno y defensa que hicieran cumplir la sentencia. Esto, en la práctica, fue un llamado a los poderes civil y militar para que hicieran respetar la institucionalidad.

Pues el ejército guatemalteco, en un comunicado digno de admirar, dijo que acataba la orden y que haría respetar la Constitución. Claro, al presidente Serrano y sus amigos se les enredó la cosa. El mandatario entendió el mensaje y renunció. Pero entonces “el Vice” asumió el poder. Obvio, al ratico él también vio que el desacato no era un chiste y del mismo modo también se fue.

Pero la Corte no paró ahí. El 4 de junio, semana y media después de que comenzara la “resistencia civil”, dijo que como el país estaba volviendo a la normalidad, ahora había que ver quién sería presidente. Que Serrano ya no podía por ser el autor del golpe y que “el Vice” tampoco por ser su cómplice. Y que como la constitución decía ante ese vacío que el Congreso debía escoger un nuevo presidente, pues que los legisladores tenían 24 horas para eso. Ramiro de León Carpio fue entonces escogido y gobernó hasta enero de 1996.

¿Moraleja? Ojo pues con eso de llamar a la “resistencia civil”. A nadie, y menos a una Corte constitucional que tiene el deber de hacerse respetar, le gusta que desde el gobierno, el congreso o la calle, le hagan cosquillitas en mala parte.