28 octubre 2006

¿Plan Colombia o Plan Venezuela?


Se supone que con la segunda fase del  Plan Colombia podrá derrotar a la guerrilla y acabar con el narcotráfico. Pero nova a ser así por una simple razón: con Venezuela armándose hasta los dientes y mandando la parada política en Latinoamérica, la prioridad de los Estados Unidos no será más la seguridad nacional de Colombia, sino la seguridad regional. Bush, simplemente, no puede permitir que se le arme un incendio en su patio de atrás.

La definición de la política americana para la región tiene varios componentes. El primero es el político, que poco a poco, sigue su rumbo hacia la izquierda. Chávez va a volver a ganar y Lula también. En Ecuador el manto de duda ya le cayó encima a las elecciones. Correa todavía puede ganar y si pierde, no habrá manera de que acepte la derrota. Kirchner anda bien parado en Argentina y Bachelet en Chile. Y Evo Morales, que era el que se veía más débil, aguantó.

Acá surge el segundo componente. Bajo esta realidad, Colombia deja de ser importante para Estados Unidos por su conflicto interno y empieza a serlo desde el punto de vista geográfico. Bien se sabe, la situación geográfica es lo primero a la hora de analizar cualquier eventual estrategia militar. Y nuestro país es el trampolín por excelencia hacia Venezuela.

El tercer componente es que Chávez anda de compras. Aviones rusos, misiles chinos, tecnología militar de punta, barcos españoles, en fin, se ha hecho a toda clase de juguetes de guerra. Tiene el discurso y además tiene la chequera. Y algo más: la frontera.

Cualquier ejercicio militar “rutinario” en la frontera colombo-venezolana, del lado de allá, debería generar una reacción, también “de rutina”, del lado de acá. Pero esto no sucede por dos simples razones: la primera, por la falta de hombres. Y la segunda, por la falta de plata. Los soldados colombianos que son muchos y son machos, están ocupados disparándole a las FARC. Y no hay recursos, pues están destinados para la continuación del plan patriota.

Nadie puede entonces sorprenderse con anuncios como el del impuesto al patrimonio o la visita del número tres del Departamento de Estado Nicholas Burns para hablar de guerra. Claro, se dirá que mucho de lo que venga, aviones y munición, será para reforzar la Seguridad Democrática. Pero creo que más bien que será para reforzar la frontera, aún más ahora que nuestro ministro de defensa tiene tanta tela cortada con las autoridades del hermano país.

La estrategia americana en Colombia, entonces, cambiará. Y seguramente será rápido porque los Estados Unidos no tienen mucha plata disponible ni a Bush le queda mucho capital político para gastar en nuestro país, ahora que de Irak le llegan sus soldados en bolsas negras derechito al cementerio de Arlington. Además enfrenta las elecciones de Congreso con su partido tratando de hacer magia para que le vaya bien.

Los halcones de Washington le quitarán los ojos de encima al Putumayo y al Caquetá y los pondrán en la Guajira y el en llano. Puede ser el primer paso para convertir el Plan Colombia en el Plan Venezuela. Habrá que ver qué pasa.

21 octubre 2006

Fueron las FARC


Son muchas las hipótesis que se pueden plantear sobre la autoría del bombazo en el Cantón Norte. Sin embargo, así no hayan sido las FARC, fueron las FARC. Mejor dicho, con los informes de inteligencia que le pasaron al presidente, pues no hay duda. Sin embargo, cuando no se es gobierno, y especialmente cuando se es analista, hay que hacer una lectura integral de la política. Y en este caso, esa lectura puede arrojar otras hipótesis.

Lo primero para mirar es la situación política antes del bombazo. Gobierno y guerrilla venían moderando el lenguaje y haciéndose pequeñas concesiones. Parecía que los acercamientos estaban dando frutos e incluso y se pensó que el intercambio humanitario realmente estaba cerca. Se había llegado a acuerdos importantes y hasta se hablaba ya de un eventual proceso de paz.

A ese punto se había llegado después de cuatro años de bala y aguante. Las FARC venían sintiendo el Plan Patriota aunque esta iniciativa militar no estaba dando los resultados esperados. Por eso los acercamientos convenían a ambas partes y, por lo mismo, se pude decir que a ninguna de ellas le interesaba que lo logrado hasta el momento se fuera por la borda.

Resulta extraño que las FARC, conociendo a Uribe, no hayan pensado que poniéndole una bomba al Cantón Norte ese proceso de acercamiento se dañaría. Raro que una guerrilla que no se ha dejado vencer en tanto tiempo no haya imaginado que el presidente saldría a reivindicar la Seguridad democrática a toda costa y echaría por la borda todo lo cedido.

De otro lado, hay que partir de la base de que las FARC son un enemigo que, a la hora de secuestrar y atacar, lo hace sin compasión. Ejemplos sobran y por eso debe uno, si es medianamente cauteloso, preguntarse por qué si semejante guerrilla tan salvaje logró la tarea de meter un carro bomba al corazón de la inteligencia militar, la carga explosiva no fue mayor.

La pregunta necesariamente surge así: ¿Por qué la guerrilla más antigua y desalmada del mundo corre todos los riesgos y penetra el lugar más seguro del país para hacer un atentado que no es contundente? Al fin y al cabo la bomba explotó donde se concentra la crema y nata de todo lo que militarmente representa su enemigo. ¿Por qué entonces la compasión?

Lo anterior basta para tener que aceptar que resulta, por lo menos extraño, el comportamiento de las FARC. Claro que, repito, fueron las FARC. Pero por puro ejercicio pensemos que pudo haber sido algún paramilitar perseguido con orden de extradición. O los narcos por la misma razón. O alguien a quien le parezca aberrante el acuerdo humanitario. O alguien que quiera mandar el mensaje de que es mejor que no se esculque mucho en el computador de Jorge 40.

Ojalá las informaciones del presidente no tengan el origen de las de los falsos positivos de hace meses. Porque si no fueron las FARC, quiere decir que hay otro enemigo, capaz de burlar la seguridad del Cantón Norte y de cambiar el rumbo del país con dinamita como lo hizo AlQueda en España en vísperas electorales. Otro enemigo terrible, que mueve el tablero de la guerra y de la paz de una manera contundente, en la que al final, otra vez, son los secuestrados los que terminan pagando los platos rotos.

14 octubre 2006

Se te fueron las luces


Hace unos años el vallenato Jorge Oñate sacó una canción que hace referencia a una mujer a la cual sus errores le resultan caros. “Se te fueron las luces”, le dice el maestro a la destinataria de su canto, a la que al final, por ponerse de ambigua, le va mal. Algo así como lo que le pasó a Juan Manuel Santos a quien, por lo menos la semana pasada, también le fue mal. Porque por ponerse de defensor de ataques que no existían, terminó enredado en el Congreso y dando la impresión errada de ser un hombre realmente desconsiderado.

Juan Manuel Galán y Cecilia López lo citaron para que aclarara qué se sabía en el ministerio de defensa sobre la participación de militares en el montaje de falsos atentados dinamiteros en los días previos a la posesión de Uribe. Es el ejercicio legítimo del control político. Santos fue, dio la cara pero hizo cosas que no ha debido hacer. La primera es que, tal vez pensando que le como ministro le corresponde defender al ejército a toda costa, trató de desviar el debate. Sacarle el cuerpo. Le fue como los toreros que torean sin torear, y que al final, terminan pinchando y descabellando para que no les metan el toro vivo a los corrales.

Lo segundo que hizo Santos y que no le salió bien fue poner a los citantes del debate como autores de un montaje del Partido Liberal para enlodar a las fuerzas armadas. Una cosa es tratar de esquivar los dardos de los opositores con manoletinas verbales, pero otra muy distinta es poner a los senadores como autores de una tima que busca dañar a la institución armada en épocas de guerra.

Y lo tercero, lo peor, diría yo, así no haya habido mayor escándalo, fue la velada mención del ministro a lo que podría estar pensando Luis Carlos Galán del comportamiento de su hijo Juan Manuel, uno de los senadores citantes. Echar mano de ese recurso no es propio de un ministro de Estado y menos de un hombre de bien como Santos. La política es un tinglado en donde los golpes son, por esencia, fuertes. Pero escoger el dardo que se lanza es, además de un arte, muy importante. Esto, pues en palabras del ministro de turismo de Panamá, Rubén Blades, “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”.

En la política, es cierto, los amores y los odios se heredan. Es algo a lo que quienes descendemos de familias dedicadas a la vida pública nos acostumbramos. Incluso es algo de lo que algunos nos enorgullecemos. Eso a pesar de que aquí  la gente golpea con lo que no debe. Ejemplos sobran: en materia de guerra con burros bomba, motosierras y cilindros de gas. Y en materia política, con órdenes de captura, procesos judiciales y  deshonra. Ojo ministro, ese es un catálogo suficientemente fuerte y atroz como para sumarle revolver el dolor de un hijo que vio caer asesinado a su padre por las balas del narcotráfico.

A Juan Manuel, el senador, mi respeto y mi saludo cariñoso por la ponderación y la medida de su comportamiento. Ejemplar y hasta envidiable. Y a Juan Manuel, el ministro, ojalá no le haya pasado lo que a la mujer a la que Jorge Oñate le canta “te creciste como el río Guatapurí”. Porque la verdad es que se le fueron las luces y debería pedir disculpas. Es algo que nada quita y mucho aporta. Al fin y al cabo, así se encarne a unas fuerzas armadas que día a día nos defienden, realmente, lo cortés no quita lo valiente.

07 octubre 2006

Hacer las paces


En épocas de campaña electoral fui el primero en escribir que, con Uribe en Palacio, todo seguiría igual. Fui especialmente drástico a la hora de analizar lo que sería el futuro del proceso de paz con las FARC. Pero me quivoqué, o por lo menos eso muestran los hechos. Porque no han pasado ni siqueira dos meses desde que el presidente se posesionó, y ya tenemos el acuerdo humanitario a la vuelta de la esquina.

Es cierto que mucho falta por definir y que las cosas, en estos temas, se enredan en los detalles. Basta ver las trabas que se han generado por cuenta de la ambigüedad de las declaraciones del ministro de defensa. Pero también hay que aceptar que el intercambio parace haberse puesto sobre rieles como un tren que ya no para. Ojalá sea así. Porque es algo que el país, y sobre todo quienes están padeciendo el drama del secuestro en carne propia, se merecen.

Después hay que hacer las paces. Es la única manera en que, sin vencedores ni vencidos, se puede empezar a pensar en cerrar las heridas. Uribe puede lograrlo si no se deja picar la lengua por nosotros los periodistas (nuestro trabajo es picarle la lengua a la gente) y si no se sale de la ropa frente a los hechos. Hasta ahora lo ha hecho muy bien, dejando por escrito las posisiones del gobierno, y remitiéndosnos a los textos. Pero el futuro depende de que se camine al mismo ritmo y con el mismo libreto en adelante.

Hacer las paces es duro. Pero nunca más que la guerra. Los sacrificios serán grandes, pues implican la generación de condiciones de igualdad que, necesariamente, pasan por la pérdida de varios privilegios que, a fuerza de costumbre, están arraigados en nuestra cultura.  Cuando Colombia deje de ser un monumento a la desigualdad, cuando la inequidad deje de estar institucionalizada a través de la estratificación social, podremos empezar a hablar de una paz real.
Luego de conversar y ponernos de acuerdo, tendrá que haber un nuevo pacto sobre las reglas básicas de convivencia. Es decir, una constituyente que permita barajar y volver a repartir. 

Muchos se oponen, pero Uribe ya entendió que no hay otro camino. Porque si no hemos podido meter en cintura por la fuerza a tanta gente y hemos decidido hacerlo negociando, pues no hay más remedio. Además, es la oportunidad de reformar temas que quedaron tan mal en la Constitución de 1991, como el ordenamiento territorial y la inclusión de la Fiscalía en la rama judicial, entre varios otros.

Uribe debe hacer la paz por todos nosotros. Además, así empieza a contar con recursos para ir atendiendo otro asuntico que tiene pendiente y que es el de la frontera con Venezuela. Ahora que Chávez se la pasa de compras por los mercados de armas de Rusia y el Oriente, y ahora que se le metió al rancho a Bush, los americanos van a querer que Colombia no se quede sin tropas disponibles por si toca mostrar los dientes. Pero ese es otro tema, del cual, hablaremos otro día. Por ahora, creo que la cosa es clara: vale la pena hacer las paces.