La segunda teoría, producto de la Realpolitik, puede llamarse la “Teoría de las tres bandas”. Parte de la base de que, como se dice en buen paisa, “una cosa es la que piensa el burro y otra el que lo está enjalmando” y consiste en que el acuerdo político es una tacada a tres bandas propia de un profesional de las carambolas, que tendría ídem número de efectos políticos: el primero, que acabaría con la oposición. El segundo, que dejaría sin piso a Samper. Y el tercero, que 'uribizaría' casi definitivamente el conservatismo. La explicación es sencilla.
El primer efecto: la idea era acabar con la oposición poniéndole una camiseta uribista al liberalismo y al Polo democrático. Al fin y al cabo estos grupos cobraron duro su victoria contra el presidente y el referendo. La cosa, sin embargo, salió a medias porque los liberales firmaron el acuerdo pero el Polo se abstuvo. Y así, aunque se formalizó el baile entre el gobierno y el Partido liberal para esta legislatura y se oficializó el ya público distanciamiento entre los liberales y el Polo, Petro, Navarro y compañía seguirán siendo piedras en el zapato de Uribe.
El segundo efecto: con el partido liberal en el bolsillo el gobierno le serruchó el piso a Samper que tenía el encargo del oficialismo de buscar el acuerdo humanitario. ¿Pero por qué la pelea? Porque el gobierno buscó al expresidente para que le cuadrara la votación del CNE a favor del referendo y la cosa no se dio. Uribe, acostumbrado a no perder, se molestó. Entonces Fabio Echeverri se despachó contra los expresidentes, y Samper que no es manco, ripostó hablando de los negocios de los amigos de Uribe. Ahí fue Troya. El comisionado Restrepo se vino lanza en ristre contra Samper y López dejando de paso el acuerdo humanitario convertido en una simple ilusión. Y así están hoy las cosas: de un lado Samper y López enarbolando la bandera del canje y del otro el gobierno y sus amigos enranchados en que no se saldrán con la suya.
El tercer efecto: con el acuerdo político el uribismo dio otro paso para absorber al partido conservador. Este abrazo entre el gobierno y el conservatismo es cada vez más fuerte. Desde que se posesionó el presidente la colaboración y la identidad ideológica han sido de tal magnitud, que a mitad de semana parlamentarios conservadores le pidieron a Fernando Londoño Hoyos que ejerza otra vez de político y se vuelva el jefe de su partido. Londoño ni siquiera lo pensó. Inmediatamente dijo que sí y pidió una reunión en los próximos días con el pleno del directorio azul para ver cómo pintan las cosas.
Por último, hay quienes opinan que con el acuerdo el gobierno busca también aceitar la reelección. Que con semejante consenso en torno a los temas esenciales del Estado basta con presentar el proyecto acompañado de las firmas recogidas en la cliclovía, para que la iniciativa no tenga ningún problema. Sin embargo, lo más probable es que la cosa no sea así. Porque si la Teoría de las tres bandas resulta cierta, el acuerdo político terminará siendo una bomba de tiempo en las manos del gobierno. Como los afectados no se van a quedar quietos, el Polo se dedicará a hacer oposición, López y Samper se jugarán a fondo en favor del acuerdo humanitario y Pastrana no permitirá que Londoño se apodere de su partido. Cada quien moverá sus fichas en el tablero de la política para defender lo suyo con pies y manos. Y cuando se suelte la propuesta de la reelección en el Congreso todo el mundo puede llegar a pensar que detrás del acuerdo con el gobierno, lo que había era una jugada maestra propia de un gran tahúr de la política. Entonces los torpedos tendrán un sólo objetivo: Uribe. El pacto político será la primera víctima. Y la siguiente será la reelección.