20 noviembre 2004

Lo que viene es guayacán

En materias climática y política el país vive dos realidades totalmente distintas. Mientras que en el primer tema las lluvias no dan tregua y causan estragos, en el segundo se vive un duro verano. Medio país está ahogado por el desborde de las aguas de los ríos. Y mientras tanto la cosa pública está estática, seca, llena de pequeñeces. De los temas grandes de la política se ha caído en lo minúsculo. Ya no se habla del rumbo del país ni de sus destinos como nación, sino de la minucia. Ya no importa si habrá con qué financiar el año que llega, si más colombianos morirán en la guerra, sino que todo es propaganda. El tema ahora es si los guerrilleros arrepentidos pasan un par de noches en una suite del Hotel Tequendama por cuenta de la chequera presidencial.

Ante las inclemencias de la naturaleza hace falta el sol que evapore las aguas. Y a este paso es probable que toque esperar bastante. Por su parte, frente al verano político, hace falta algo que refresque el árido ambiente, pero al contrario de lo que ocurre con el clima, para que eso suceda no habrá que esperar mucho más. El viernes pasado volvió a Colombia Andrés Pastrana y los efectos de su regreso se sentirán fuertemente, principalmente en tres frentes.

El primero es en la situación del partido conservador. Esta colectividad está dividida entre quienes siguen decididamente a Pastrana y quienes han caído rendidos ante los coqueteos burocráticos de Uribe. Estos últimos le vienen bailando al presidente al ritmo que él les ponga. Uribe ya los midió y sabe que se tranzan por poco, incluso ahora que la popularidad del primer mandatario se desinfla, lo que supondría que las acciones de los conservadores uribistas deberían estar subiendo como espuma.

Pastrana reunirá a sus amigos y el efecto será uno sólo: los conservadores díscolos, esos que andan de la mano del gobierno celebrándole todas las gracias, deberán elegir entre quedarse en la fiesta ajena o cerrar filas en torno a su jefe natural. Lo deben estar pensando bien y lo ideal es que así sea, pues de tomar una decisión errada correrán el riesgo de permanecer en un barco que lentamente, y así termine el invierno, terminará haciendo agua tarde o temprano.

El segundo escenario en el que se verá el impacto por el regreso de Pastrana es el de la reelección. A la iniciativa le falta el último debate en la plenaria de la cámara de representantes y Andrés siempre ha dicho que no le jala el cambio de reglas a mitad de juego. Y como la mayoría la tiene el gobierno gracias a la participación conservadora en su bancada, el abrazo de Pastrana a sus copartidarios puede quemar el proyecto de reelección en la puerta del horno.

De no ocurrir lo anterior, todavía faltaría que la Corte Constitucional se pronunciara sobre la constitucionalidad de la reforma. Aunque la Corte no tiene fama de dejarse aceitar fácilmente por el gobierno (remember el referendo), la verdad es que “uno es macho pero ayudado”. Es decir, es probable que la simple presencia del expresidente en Colombia ayude a crear un mejor ambiente para que la Corte detenga los impulsos reformistas que pretenden devolvernos a la Constitución de 1886, con reelección inmediata incluida.

Por último está el escenario en que a la reelección le vaya bien en la Corte. Entonces habrá campaña presidencial con Uribe liderando la continuidad y los demás el cambio. Andrés jugará como líder de oposición. Es probable que avale a algún candidato conservador y que aglutine en torno a su nombre a algunos liberales. El Polo de pronto se acuerda que en la elección de Garzón a la alcaldía aprendió que la unión hace la fuerza y se suma a la causa antiuribista. Si todo esto llega a ocurrir se verá en Colombia algo muy interesante.

Es cierto que estamos aún lejos de las próximas elecciones presidenciales. Pero no sólo la campaña ya la empezó el presidente, sino que en la vida no hay plazo que no se cumpla. Además, en la política a veces suceden cosas que llevan a que se vuelva a barajar. La llegada de Andrés, que nadie lo dude, es una de esas cosas. Por eso, como dicen en la Costa, “agárrate loro viejo, que lo que viene es guayacán”.

13 noviembre 2004

Menudo contraste

Desde hace un par de semanas un hombre nacido en Egipto y al que sus padres llamaron Mohamed Abdel Rauf al-Qudwa al-Huseini agonizaba en un hospital de las afueras de París. Se trata del mismo hombre que sobrevivió a varios atentados contra su vida y hasta a la caída de un avión. Ese mismo que el 11 de noviembre pasado murió a los 75 años habiendo hecho historia en el mundo entero con el nombre de Yaser Arafat.

Luego de su muerte todos los analistas del conflicto palestino-israelí han hecho sus propias cábalas. Algunos sostienen que al pueblo palestino le sirve más un Arafat muerto y convertido en leyenda que un Arafat vivo simbolizando la resistencia. La teoría se apoya en dos hechos. El primero es la reciente actitud benévola del primer ministro de Israel, Ariel Sharon, hacia los palestinos. Y el segundo es que la dirigencia palestina que reemplazará a Arafat inspira suficiente respeto a las facciones armadas y al pueblo como para mantener bajo su mando a todos los palestinos.

Ambos elementos tienen sus contradicciones. El primero porque una cosa es una actitud y otra diferente un hecho. Y hasta ahora de actitudes de parte de Sharon se ha visto mucho, pero de hechos poco. En cuanto al segundo elemento, hay que tener en cuenta que Arafat siempre fue un hombre carismático y combativo de esos cuya vida tiene sentido en la medida en que exista el conflicto. Ahí radicó siempre su capacidad de congregación y por eso hay muchas dudas de que los nuevos líderes puedan mantener la unidad.

Esas dudas no son infundadas. Ruhi Fatuh, el hoy presidente de la Autoridad Nacional Palestina y quien deberá ejercer el cargo hasta la celebración de elecciones, era un verdadero “don nadie” en la política palestina. Sin embargo, de la noche a la mañana se convirtió en el sucesor legal de Arafat, cuando en marzo fue elegido presidente del Parlamento. No obstante es un hombre que se opuso muchas veces al líder desaparecido.

Quien tampoco la tendrá fácil es Mahmud Abbas, mejor conocido por su alias, Abú Mazen, recién elegido presidente del Comité Ejecutivo de la OLP. Sus malentendidos con Arafat lo llevaron a que renunciara al cargo de primer ministro en 2003. Además, es un hombre que ya ha tratado varias veces con los israelíes y que tiene fama en Jerusalén de no ceder fácilmente.

El caso del Primer Ministro Ahmed Qurei es también bastante particular. Fue uno de los hombres más cercanos a Arafat y de su mayor confianza, al punto de que en la práctica lo reemplazó varias veces cuando el líder fallecido estaba incapacitado. Qurei cuenta con la confianza de Israel, lo que lo convierte en el candidato ideal para reemplazar a su jefe. Sin embargo, le falta algo que le sobraba a Arafat y que es el sustento de todo político: el apoyo popular.

Estos hombres tienen en sus manos el futuro inmediato de Palestina hasta que se escoja un nuevo líder popular. Desde el punto de vista político, es probable que con la muerte de Arafat y la elección de un sucesor, se pase del liderazgo militar al liderazgo político, lo que constituye el comienzo de una vida democrática al interior de cualquier nación. Si esto ocurre, se habrá puesto la primera piedra de algo más sólido y menos sometido a los ires y venires de una guerra que ha dejado muchas cicatrices.

Mientras se enterraba a Arafat, el ejército norteamericano invadía la ciudad iraquí de Faluya. Aunque los americanos encontraron alguna resistencia y sufrieron varias bajas, consiguieron penetrar hasta el centro de la ciudad. Sin embargo no lograron el objetivo de capturar al clérigo chiíta Múqtada al Sáder que ahora se encuentra en algún otro punto de ese país, lo que hace suponer que la larga noche seguirá siendo negra en el país de ex dictador Saddam Hussein.

En Colombia la vida también seguía su curso. Carlos Holguín reconocía en la W Radio FM que el miércoles hubo un desayuno con la bancada conservadora para conversar de política. Al parecer, lo que en realidad se buscó fue meter en cintura a los conservadores que al mejor estilo de la famosa monita andaban retrecheros porque no quisieron darles la dirección del Instituto de Seguros Sociales. Menudo contraste. Una semana de pura y simple alta política en nuestro país. ¿No?

06 noviembre 2004

¿Un nuevo Bush?

A pesar de que el mundo entero tenía los dedos cruzados esperando que lo que parecía imposible desde el punto de vista lógico no sucediera en el campo político, de nada sirvió. Bush ganó y ganó bien. Y con esta victoria quedaron borradas definitivamente las dudas de su primera elección. Si bien en 2000 Bush perdió en las urnas y fue elegido presidente por los tribunales, esta vez sacó más votos y fue escogido por el pueblo.

Lo que hay que preguntarse ahora es ¿qué va a pasar? Podría pensarse que nada va a cambiar: que la guerra va a seguir igual en Iraq y en Colombia, y que todo va a seguir igual en el mundo. Sin embargo, el olfato de la política indica que la cosa puede variar; claro, no tanto porque no se pueda repetir en estos cuatro años de reinado mundial lo que hizo Bush en los primeros cuatro, porque en el juego del poder todo es posible desde el punto de vista fáctico, sino porque incluso el ala más recalcitrante de la derecha norteamericana entiende que, o se le da un timonazo a la política del universo o simplemente “apague y vámonos”.

Por lo anterior es que pueden esperarse muchos cambios del gobierno americano. Como bien lo dijo el propio Bush, se ganó un capital político y ahora le corresponde gastarlo. ¿Cómo? Fundamentalmente de dos maneras. La primera es cambiando la política (politics) y la segunda cambiando de políticas (policy). De ambas se va a ver mucho, no tanto en el tema interno, pues Bush tiene un plan para su país que seguirá al pie de la letra, sino hacia el exterior, pues ahí es donde está su Talón de Aquiles.

En el Medio Oriente la perspectiva de acción tiene que ser otra. Habrá un envolvimiento mayor de las tropas inglesas en el conflicto iraquí y un esfuerzo gringo descomunal en el plano de la diplomacia para lograr que baje la presión política por su guerra preventiva. Puede esperarse también una participación de algún organismo como la OTAN y unas elecciones de las cuales va a depender en buena parte la estabilidad de la región. Paradójicamente las elecciones presidenciales de Iraq serán para los iraquíes lo que las de Estados Unidos fueron para los americanos: una fuente de legitimidad política de sus respectivos gobiernos.

En el caso de Israel y Palestina es probable que con Arafat fuera de la escena y Sharon empujando hacia posiciones más laxas, Bush impulse decisivamente un proceso que permita avanzar hacia una convivencia pacífica. Puede venir el problema de dónde enterrar al líder histórico de la OLP, pero si el incidente se supera de alguna manera, habrá quedado sembrada la semilla de una nueva oportunidad de paz y será una nueva generación de judíos y palestinos los que se encarguen de volver realidad ese sueño.

El futuro del continente americano también sufrirá cambios. Con Uruguay estrenando presidente marca “Lulla Da Silva” todo es incierto para los Estados Unidos, que se concentrarán en Colombia para salvar la región. La política (policy) sobre nuestro país no va a cambiar. Seguirán llegando soldados y seguirá llegando plata para combatir a la guerrilla. ¿Entonces? El cambio estará en que Uribe habrá dejado de ser el aliado natural de Bush porque, entre otras cosas, estará muy diezmado por lo difícil que es lidiar con el potro brioso y adolescente que es nuestra sociedad.

Es probable que el Presidente sea buen domador de potros y buen administrador de fincas, pero es evidente que Colombia no es El Ubérrimo y que no todos los departamentos son Córdoba. Además, mucha gente ya parece haber entendido, entre esos Bush, que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. O dicho de otro modo, que una cosa es gobernar un país lleno de dificultades como el nuestro y otra bien diferente es pararse cada sábado frente a un grupo de gente necesitada y decirle a una señora de sombrero de la tercera fila: “¿que usted necesita una vaca? Ministro apunte y el lunes hágale llegar una vaca a la señora.”