25 febrero 2006

Salvador y sus amigos


Salvador Rincón nació en el municipio de Santa Helena del Opón. Tres años más tarde sus padres se fueron a vivir a Contratación donde Salvador comenzó bachillerato. Tiempo después, ingresó a la universidad de la UIS con la ilusión de volverse médico cirujano.

Para el año 2004 Salvador contaba con una sólida formación académica y estaba metido de lleno en el área social. Había sido candidato juvenil al consejo de Bucaramanga y había sido elegido vicepresidente del Movimiento Comunal y Comunitario de Colombia, que agrupa las juntas de acción comunal de todo país.

Ese mismo año Salvador decidió emprender una marcha universitaria desde Bucaramanga hasta Bogotá, para explicarle al gobierno la necesidad de defender la red hospitalaria de Colombia. Cuando la marcha llegó a la capital, el presidente accedió a entrevistarse con Salvador. En Palacio, cuando Salvador le contó a Uribe a qué venía, el presidente se volteó donde su asesor Juan Lozano y le dijo: “Juan, démele un contratico a este muchacho”.

Eso de darle un “contratito” a quienes lo han contradicho le ha salido bien a Uribe en otras oportunidades. Pero con Salvador se equivocó. Porque al oír el ofrecimiento Salvador le dijo a Uribe que él no estaba pidiendo puesto ni dejaría sus peticiones a cambio de un dinero mensual. Que su lucha no estaba en venta y menos sus ideales.

Quién dijo miedo. Uribe se descontroló. En voz alta explicó que sus logros en la política eran fruto del trabajo. Y aunque los ánimos duraron en apaciguarse, Salvador no se inquietó. Le pidió al Presidente que como mínima consideración leyera el documento que traían los marchantes. Luego se despidió y se fue.

Salvador siguió su lucha. La Cámara Junior lo eligió Ejecutivo del año en Santander y el diario Vanguardia liberal lo nombró “Personaje del año 2004” en ese departamento. En el 2005 recibió el premio nacional de lidEerazgo universitario, organizado entre otros, por El Tiempo y la revista Semana. Ese mismo año se graduó como médico cirujano.

Hace pocos días Salvador emprendió otra correría. Con 30 de sus compañeros se lanzó a recorrer las carreteras del país en bus, a fin de lograr un millón de firmas para lograr que el derecho a la salud tenga el carácter de fundamental. Adicionalmente, lanzó su candidatura al senado por el Movimiento Comunal y Comunitario.

Salvador y sus amigos llegaron el pasado 22 de febrero a la Plaza de Bolívar. Allí instalaron más de 2 mil banderas recogidas durante su gira. Mucha gente manifestó su apoyo. Yo no estuve ahí pero ese día conocí esta historia y encontré por quién votar al senado: por el número 1 del Movimiento comunal y comunitario, Salvador Rincón.

19 febrero 2006

Macarena


Si a un gringo le preguntaran qué es La Macarena, probablemente contestará que se trata de una canción que tuvo gran éxito en 1994. Seguramente hasta recordará la imagen de Bill Clinton bailándola e incluso, la mayoría, se lanzará a cantar el coro: “Dale a tu cuerpo alegría Macarena, que tu cuerpo es p’a darle alegría y cosas buenas. Dale a tu cuerpo alegría Macarena, eeeeeeeeeh Macarena. Aaaaay”.

En buena parte de Colombia pasaría lo mismo. Efecto de la globalización, podría decirse. Porque tuvo que correr sangre para que el país pusiera sus ojos en la Serranía de la Macarena. Y aún así, lo que se ve y se oye es inverosímil. Se habla de la Macarena como si se tratara de algo parecido a Monserrate. Como si fuera “una montañita” con “parcelitas” de coca escoltadas por “bandidos perfumados”.

Pero resulta que la Macarena no es Monserrate, que los cultivos no tienen nada de diminutivo y que a la guerrilla no se la acaba con artillería verbal. La Macarena es todo un sistema montañoso ubicado en el Meta con jurisdicción de los municipios de Macarena, Mesetas, Vistahermosa, San Juan de Arama, y Puerto Rico. Seis mil doscientos kilómetros cuadrados de parque natural llenos de selva húmeda y bosque.

Digamos que hasta ahí la concepción errada podría ser producto de la falta de conciencia sobre lo robusto de la geografía nacional. Algo que le puede pasar a un gringo, un europeo y hasta a un periodista que, como lo hago yo, analiza la realidad nacional desde un computador. ¿Pero que le pase al Presidente de la República?

Porque sólo con una visión miope de la realidad y una gran falta de previsión se puede lanzar una ofensiva de erradicadores manuales a la Macarena, hacer un show mediático bajándose del avión presidencial para arrancar unas matas, tomarse fotos, hacer política, irse de ahí y empezar luego a ver que todo fue un perfecto desastre cuando comienzan a caer policías. ¿Y ahora qué hacemos? Ya sé: “Bombardeen esa vaina muchachos”.

Bueno, pues el bombardeo no arreglará nada y sí acrecentará los problemas sociales. Lo dijo el párroco de la Macarena: nadie sabe en realidad qué está pasando en los campos. Y tiene razón. Allí nadie llega. Por lo visto lo único estatal que hasta ahora ha alcanza esas zonas y su gente es el metal de la metralla oficial. De resto, manda la guerrilla.

Los estragos ecológicos también serán mayores. El bombardeo es una puñalada a este pulmón del mundo. Sobran las explicaciones. Y por último, si el bombardeo acabara con la guerrilla, desde un punto de vista militar sería válido. Pero es que no la acaba sino que la acrecienta. Un civil muerto por una bomba, eso que los americanos llama “daño colateral”, es una semilla que generará más guerrilleros dispuestos a combatir.

El enfoque del problema está errado. La guerra en Colombia es una realidad y tiene un origen social. Por eso la solución debe ser política. Y mientras no se acepte lo evidente no se podrá llegar a ningún lado. Sólo habrá más muertos de lado y lado. Policías, guerrilleros, campesinos, erradicadores, todos colombianos. Mientras el presidente desde Washington sigue dando órdenes a través de las cámaras de televisión.

11 febrero 2006

Interrogantes felinos


Se debe tener cuidado al juzgar las decisiones judiciales iniciales en un proceso penal. Es muy fácil confundir la cárcel con la justicia, especialmente cuando los hechos son recogidos con espectacularidad por los medios de comunicación. Sin embargo, en el caso de “La Gata” Enilse López, es imposible no hacer unos planteamientos o sentar algunos interrogantes, especialmente ahora que se vienen las elecciones.

Lo primero que habría que decir es que la empresaria viene siendo conocida en el mundo judicial desde el final de la década de los 80 cuando se le empezó a vincular con el “El Mexicano”, el tristemente célebre capo de Pacho, Cundinamarca. Nada se ha podido probar en relación con las relaciones ilegales entre los dos, pero para cualquier investigador es evidente un común denominador: el paramilitarismo.

Porque es con esta actividad que le aparece otra pata al gato. Perdón a la Gata. La señora López ha resultado mencionada de una u otra manera en diferentes procesos judiciales sobre masacres en la Costa. De ahí, el nexo con los jefes paras parece que es directo. O por lo menos eso afirmó Gustavo Petro, cuando la vinculó de manera personal con Castaño, Mancuso y compañía.

Lo segundo para decir es que a Doña Enilse se le está investigando por dineros calientes. Ojo, no se trata de una investigación por plata cuyo origen sea el narcotráfico o el paramilitarismo. Ojo otra vez: Esto no indica que la plata no sea sucia. El dinero proviene de las arcas del municipio de Montecristo en el departamento de Bolívar y fue a parar a sus cuentas personales.

Nadie puede afirmar que todo su capital pueda estar contaminado por recursos provenientes de actividades ilegales, pero sí que parte de él puede estarlo. Y si esto es así, quiere decir que aquellas actividades en las cuales haya invertido esos dineros pueden haber sido financiadas con la ilegalidad.

Esto, que es grave en términos empresariales, lo es aún más en términos políticos. Porque la señora López, como casi todos los colombianos, vive y respira política. Y una cosa es que el dinero sucio financie una compañía para distribuir chance, y otra es que financie campañas electorales. Al fin y al cabo, de la primera manera se lava dinero mientras que de la segunda se compra poder político.

Y es en este último punto dónde la detención de la empresaria bolivarense puede ser definitiva para limpiar la política. Porque ¿a quién ha financiado doña Enilse electoralmente? ¿Desde hace cuánto? ¿Cuántos de los que se presentarán a las elecciones han recibido sus aportes? ¿No valdría la pena hacer el inventario ya y prevenir su participación para luego no tener que lamentar?

Teniendo en cuenta que el origen de los recursos para las campañas es público, esos datos no pueden estar cobijados por la reserva sumarial. Los electores tenemos derecho a saber antes de votar qué candidatos han recibido plata de la Gata. Por eso que Doña Enilse no se quede callada. Que hable, que diga, que cuente y si nadie tiene pecados felinos por esconder, entonces que nadie se preocupe