30 julio 2006

Sí se puede


El anuncio del presidente de su voluntad de crear una zona de encuentro para llevar a cabo el Acuerdo humanitario es una buena noticia. Es un primer paso para que los secuestrados vuelvan a sus casas. Pero este es un país en el que las circunstancias, muchas veces, son esclavas de las palabras. Y por eso hay que estar atentos, para que del dicho al hecho, esta vez, no haya tanto trecho.

Afortunadamente la decisión política por parte del gobierno está tomada. Esto es lo más importantes porque, como dice el viejo adagio americano, cuando hay voluntad, hay manera de hacer las cosas (When there’sa wil, there’s a way). Pero esa manera de hacer las cosas no llega sola ni aparece por arte de magia. Hay que buscarla, toca inventársela. Y para eso se necesita insistencia, perseverancia y hasta terquedad. 

En esta tarea aparecerán varios obstáculos que habrá que vencer. El primero es el de la desconfianza. Ninguna de las partes confía en la otra ni un poquito. Ambas sienten que les van a hacer conejo y en la guerra el conejo significa muerte. Por eso se requieren instituciones y personas de mutua confianza que posibiliten los acercamientos. En este punto es donde la comunidad internacional puede jugar un papel trascendental.

El segundo obstáculo implica darse cuenta de que no ganar, no significa necesariamente perder. Si se parte de la base de que tiene que haber vencedores y vencidos no se llega a ningún lado. De hecho, no puede haber acuerdos sin concesiones porque todo compromiso implica necesariamente ceder algo. Lo importante es entonces no sentir que, en la negociación, se tranza el ego. Porque cuando esto ocurre, el interés mutuo se deja de lado, lo reemplaza el personalismo y todo se daña.

El recuerdo puede ser el tercer gran obstáculo. El mal manejo que se le dio a la zona de despeje en el Caguán dejó un sabor amargo en la boca de todo el mundo y uno peor en la memoria. Sin embargo, toda experiencia, por más dura que sea, es aleccionadora. Y aprendida la lección debe echarse mano de lo positivo para avanzar y no de lo negativo para no hacerlo. Mejor dicho, las malas experiencias del Caguán no pueden convertirse en una excusa para hacerle el quite al intercambio.

El lenguaje también puede jugar en contra y convertirse en otro obstáculo del proceso. Si bien la política se hace en los medios de comunicación, en este caso la prudencia es la mejor consejera. Debería existir una sola voz autorizada del gobierno en todo lo que tenga que ver con la zona de encuentro. Si no lo es el alto comisionado, entonces que lo sea el ministro del interior. De lo contrario el tema del intercambio, que para los políticos es una vitrina sin igual, puede terminar yéndose al abismo por celos entre los demás funcionarios.

Si se logran vencer estos obstáculos, seguro se llega a buen puerto. Si se lograra el intercambio posteriormente se puede pensar en la reconciliación. Eso no es fácil, cierto, pero tampoco es tan difícil. Porque Uribe ya no tiene que demostrarle a nadie que es un hombre decidido y que él es el que manda en materia de guerra. Falta sólo que demuestre, como lo está empezando a hacer, que también es un hombre decidido y que él es el que manda en materia de paz.

28 julio 2006

Mi Perú


El primer recuerdo que tengo del Perú es el de Teófilo Cubillas cobrando un tiro libre en Argentina 78. Gol. La línea roja diagonal en la camiseta se me grabó en la frente y desde entonces empecé a admirar ese país. Luego vino lo apasionante de su política. Tanto ir y venir en materia de poder. El último episodio, acaba de posesionarse por segunda vez (ojo: no consecutiva) Alan García como su presidente.

Cuando “el cholo” Toledo se enfrentó a García en 2001 sucedieron dos cosas. La primera fue que llegó la esperanza de un país mejor luego del desastre de Fujimori. Y la segunda es que García asombró al mundo. Luego de ser uno de los presidentes más desprestigiados del continente y de pasar por los rigores del exilio, casi gana otra vez.

Era el anuncio de que no estaba acabado. Durante los años en que Toledo se dedicó a reconstruir el país García logró una fuerza importante. Supo esperar y ante el temor que despertó Ollanta Humala, García también metió un gol: ganó las elecciones.

Toledo y García tienen más similitudes que diferencias. Toledo peleó en las calles y probó el polvo de los andenes cuando el régimen de Fujimori le robó las elecciones y le echó el ejército encima. García mientras tanto sufría los rigores del exilio. Los dos se formaron dentro de esquemas académicos similares. Son inteligentes y carismáticos. Ambos creen que la vida les dio la oportunidad histórica de salvar a su país.

Cuando asumió Toledo las esperanzas estaban puestas en él. El Perú tenía destrozada la gobernabilidad y la corrupción reinaba en todos los estamentos. La política olía a alcantarilla y “el cholo” supo lidiar la situación. Las expectativas eran enormes y tal vez por eso no las colmó. Pero le entrega a García un país posible. Como sucede a menudo en la vida entre rivales, con el tiempo alguno termina pasándole la antorcha al otro.

Alan García tiene tres retos importantes. El primero es que debe cumplirle a su partido. La consolidación de los partidos políticos en las democracias adolescentes es un signo positivo. La del APRA lo es para el Perú. Pero ese proceso no comienza con la posesión presidencial sino cuando culmine el gobierno y se mida su gestión.

El segundo reto es con el pueblo peruano. La reconstrucción no está terminada. Hay mucho por hacer y poco lugar para equivocarse. En lo externo también hay trabajo. Perú será un jugador importante en el pulso entre ideologías que se libra en el continente.

El tercer reto de García es cumplirse a si mismo. Tiene un historial de errores por corregir y lo sabe. A pocos políticos la vida les da la segunda oportunidad de estar en el poder después de besar la lona. Por eso, sin duda, muchas de sus actitudes serán diferentes a las del pasado.

Después del gol de Teófilo Cubillas pasó el tiempo y vino mi gusto por la música de Chabuca Granda. También por el ceviche peruano. Empecé a moverme entre “La flor de la canela” y el Pisco. Bueno, y cómo no, también a soñar con el “suspiro de limeña”.  No me refiero a una mujer. Es un postre. Se los recomiendo. Es una maravilla que en Bogotá se come en un sitio que se llama Mi Perú.

22 julio 2006

Salud de guerrero


Me siento a escribir y se supone que debo hablar de las nuevas mesas directivas del Congreso y del desfile del 20 de Julio. Pero decido revelarme. Todos los columnistas tocarán el tema esta semana. Por eso mejor me lanzo a hacer una reflexión, también política para cumplir con los cánones de mi oficio, pero sobre algo distinto. El miércoles me llevé la sorpresa de que estábamos en ley seca. ¿La razón? Era la víspera de la conmemoración del grito de independencia.

Muy rara la prohibición de tomar por cuenta del 20 de julio. Si al fin y al cabo se trata de una celebración. Es como si quienes imponen la medida no se imaginaran que buena parte de la historia patria, especialmente de aquellos episodios que en 1810 culminaron con la firma del acta de independencia de Santafé de Bogotá, estuvo precedida y rodeada de unos tragos.

Para no ir más lejos imaginémonos a José Acevedo y Gómez en el balcón famoso sin haberse tomado sus buenas chichas. Su discurso alentador seguramente habría carecido de fuerza. Imaginémonos también a los destinatarios de sus palabras. Claro que estaban ebrios de patriotismo. Pero seguramente uno que otro también lo estaba de alcohol.

No pretendo hacer una apología del trago y mucho menos de la embriaguez. Pero pensemos que el 20 de julio se celebra lo que fue la cuota inicial de nuestra libertad. Y si cuando Colombia clasificaba al mundial de fútbol (benditas épocas aquellas), si cuando Montoya alumbró con su sonrisa victoriosa las calles de Mónaco y si cuando la sinceridad de las caderas de Shakira golpea los corazones del mundo queremos brindar, ¿por qué impedírnoslo por decreto en el día del grito de independencia?

Yo no sé, pero creo que cuando los lanceros salvaron la patria en el Pantano de Vargas muchos brindaron con un “Salud de guerrero”. Y cuando el Once Caldas quedó campeón de la Libertadores muchos se abrazaron y soltaron en buen paisa un “Salud parcero”. Y tengo la impresión de que luego del desfile del jueves pasado Juan Manuel Santos llegó a su casa después de que el ejército le rindió honores como nuevo ministro de defensa y se tomo feliz un par de whiskies. O por lo menos eso habría hecho yo.

De manera que si bien es cierto “el exceso de alcohol es nocivo para la salud”, hace parte de nuestra cultura. Tal vez, en lugar de prohibir su venta y consumo durante las fiestas patrias deberían restringirse y mantenerse bajo control. Que la norma imponga la moderación para mantener el orden. Que se respete el perímetro por dónde habrá de pasar el desfile. Que se hagan más controles y hasta que se restrinjan las zonas de celebración. Pero que no se prive a la gente de poderse tomar un trago en un día festivo.

Llegué a mi casa el miércoles luego de mi fallido intento por tomarme unas cervezas con “mis amigos y mi gente en el lugar en donde me reúno cada noche” y al abrir la nevera afortunadamente tenía algunas “Negra Modelo” bien frías. Que rico porque yo estaba celebrando. Las abrí, las repartí, mire a mis amigos y les dije: “En estos momentos de efervescencia y calor” brindemos porque soy libre. Y me contestaron: salud parcero. Salud de guerrero.

15 julio 2006

Resoluciones y soluciones


Todo lo ocurrido esta semana en materia de nombramientos y renuncias en el campo de la diplomacia internacional es bueno para el presidente. No sólo porque de un golpe resolvió varios problemas sino también porque se definió, de una vez, lo que será la política durante los próximos años en tres escenarios importantes: el del Partido conservador, el del Acuerdo humanitario y el de las relaciones con los Estados Unidos.

He dicho que la historia reciente del conservatismo le hace honor a la máxima maturanesca de que se puede perder ganando. Sacó un millón y medio de votos menos pero quedó parado con el gobierno. La prueba es el ministerio de gobierno para Carlos Holguín. Esto, sin embargo, no quiere decir que el partido no necesite primeros auxilios con urgencia para no desaparecer el todo. Y esos primeros auxilios, por lo visto, los dará Andrés Pastrana.

El expresidente es el jefe natural del conservatismo. De haber estado liderándolo durante las elecciones, es posible que otro gallo hubiera cantado por lo menos a nivel de los comisios parlamentarios. Pero no fue así y Andrés prefirió guardarse para darle la mano al partido en un nuevo momento que parece estar llegando ahora. Por lo tanto se le verá activo, combativo y una nueva política azul, sin duda, se dejará ver.

Sobre el Intercambio humanitario, si algo tiene claro el gobierno es que está íntimamente ligado al tema de las relaciones con Francia. La razón se llama Ingrid Betancur. Para los franceses Ingrid es un símbolo y no simplemente un caso más de secuestro. Es casi que la encarnación moderna de su lema revolucionario Liberté, Egalité, Fraternité. Libertad para los ciudadanos franceses en el mundo entero, igualdad en la medida en que su gobierno lucha por todos de la misma manera y fraternidad en cuanto a la solidaridad que despierta su caso dentro y fuera de su país.

La familia de Ingrid ha criticado fuertemente a Pastrana, Samper y a Uribe. Y hoy el único que tiene posibilidad de maniobra en ese tema el presidente. Con Samper como embajador, puede adivinarse que la cosa no habría fluido de la mejor manera. Con Pastrana en el tema, tampoco. Pero Uribe ya le cumplió a ambos. De manera que en lo que tiene que ver con el intercambio, el presidente tiene ahora el camino libre para trabajar, trabajar y trabajar.

Por último hay que decir que Carolina Barco va a ser una gran embajadora. Tiene vínculos familiares con los Estados Unidos y su experiencia es un sello de garantía. A diferencia de Pastrana, Carolina sí es una ficha del presidente. Y ya no tendrá que manejar todas las relaciones exteriores de Colombia sino que podrá concentrarse en las más importantes. Sin duda lo hará muy bien.

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Luis Alfredo Ramos no puede ser gobernador de Antioquia pues estaría volviendo al escenario local siendo estrella del escenario nacional. Tampoco puede ser embajador pues, si se aleja de sus votantes, Alas, que ya cogió alas, se queda con todo. ¿Y entonces? ¿Será que se le mide a competir con Andrés Pastrana por la jefatura del Partido conservador?

08 julio 2006

Morena de quince años


Me volví amigo de Fernando Londoño cuando en segundo año de carrera me dictó derecho constitucional en la Javeriana. Coincidió ese año con el del cambio de Constitución. La clase versó siempre sobre lo absurdo que para el profesor resultaba la constituyente, a pesar de haber sido él candidato. Al final la mayoría de mis condiscípulos quedaron con la sensación de que, en efecto, el texto final era un adefesio.

Años después me correspondió la dura tarea de enseñar constitucional a los alumnos de tercer año, recién desempacados de las manos de Fernando. El proceso empezamos a llamarlo entre colegas “Deslondoñización”, pues llegaban los estudiantes odiando la Constitución de 91 con mucha pasión y poca argumentación. Afortunadamente al final, lográbamos cambiar su visión del derecho, de la constitución y del país.

Mi amistad con Fernando se hizo mayor pues, no solamente conocí su tierra que desde entonces adoro, sino que además en un momento adverso me tendió la mano. Eso, no obstante, no cambió mi visión de las cosas. Y por eso al ver cómo hace algunos días mi profesor y amigo criticó fuertemente la Constitución en un escrito, se me hizo agua la boca al ver que, nuevamente y esta vez por escrito, podía volver a disentir de él.

Dice Fernando que la Constitución del 91 nació de la falacia de que la del 86 era mala. Eso no es así. Nunca fue mala. Sólo que se quedó chiquita. Bajo su mandato la exclusión era la reina y la excepción la regla. Por eso había que reformarla. Acepto el argumento sí, de que no había que hacer una nueva. Pero se hizo una nueva y punto.

El ex ministro escribe que “la Constitución del 91 no tiene línea de pensamiento ni estructura de ninguna especie”. Lo de la estructura medio se lo acepto y le digo que es una de las consecuencias del consenso. Su extensión se debe, sin más, a la desconfianza del constituyente en el legislador. Pero su línea de pensamiento es preciosa y clara como el agua pura de la Sierra Nevada. Surge del constitucionalismo alemán de posguerra, de su incursión en la España posterior a Franco y de lo que es Colombia: una hermosa y rica mezcla de culturas, razas, etnias y pasiones.

“Hoy, quince años después, cualquier cosa buena que pasa se imputa a la Constitución”, dice Fernando. Seguramente porque la tutela ha mostrado su eficacia. De pronto porque el Estado Social, a veces, se hace realidad. De hecho, ha aguantado tanto la constitución, que hasta la reelección se la sacaron con forceps y sigue ahí, dando batalla.

Londoño llama a la Constitución del 91 “La bastarda criatura que nos rige”. Qué horror. Yo, si hubiera de imaginármela humana, pensaría en una morena de quince años inspirando la letra de algún vallenato junto al Guatapurí. Cerraría los ojos y la vería como García Márquez describió a Fermina Daza. Tan nuestra. Tan Colombiana: “…con el uniforme de rayas azules, las medias con ligas hasta las rodillas, los botines masculinos de cordones cruzados, y, una sola trenza gruesa con un lazo en el extremo que le colgaba en la espalda hasta la cintura. Caminaba con una altivez natural, la cabeza erguida, la vista inmóvil, el paso rápido, la nariz afilada, con la cartera de los libros apretada con los brazos en cruz contra el pecho, y con un modo de andar de venada que la hacía parecer inmune a la gravedad”.

02 julio 2006

Ola ¿Qué más?


Se vendió Ola. Bueno, o por lo menos su control. Bogotá y Medellín sentirán el alivio de tener un socio con buena billetera. Como consecuencia, las respectivas empresas de telecomunicaciones descansarán un poco de la gran carga económica que les estaba tocando asumir para permanecer en la guerra de la telefonía móvil.

Pero lo económico no es lo único que hace de la operación un gran acierto. Con la entrada del socio estratégico también se hace viable la compañía desde el punto de vista de su permanencia en el negocio. Se dispondrá de recursos para atender un pasivo que cada vez era mayor y también de plata fresca para mantener el ritmo de gasto que se requiere.

No es que Ola no viniera siendo un actor importante en el mercado de telefonía móvil. Claro que lo ha sido y, de hecho, ha metido varios goles. Basta recordar que fue tan exitosa su promoción inicial, que en poco tiempo se desbordó su capacidad técnica y administrativa. La compañía salió airosa de esta crisis y a la postre alcanzó sus metas de ventas. Pero hacía falta la platica para seguir en la batalla y finalmente llegó.

Algunos han criticado la operación pues sostienen que Ola era el único operador cuya propiedad era en su totalidad colombiana y que esa identidad se perdió. Pero esta crítica parte de un nacionalismo que desconoce el mercado. En un universo en el que la comunicación entre los polos de la tierra depende de la velocidad con la que marque un número, este argumento es una ingenuidad. Es como si Santa Fe rechazara tener a las estrellas del Real Madrid por ser jugadores extranjeros.

En Colombia juegan los actores más importantes del mundo en materia de telefonía celular y eso es importante. La competencia es dura y tiene consecuencias positivas, especialmente para el consumidor. Una es que estamos a la vanguardia en tecnología. Cada día hay más innovación y son más los servicios a los que un colombiano cualquiera tiene acceso con su celular. Los mensajes de texto son un ejemplo claro.

Los bajos precios han masificado la telefonía móvil. El celular es prácticamente un artículo de la canasta familiar. Lideramos la carrera de la venta de celulares en el continente. Vemos el celular como algo personal. Cómo suena, dónde lo llevamos, para qué lo usamos, etc., se ha convertido en parte de nuestra personalidad. Hoy nos interrelacionamos de manera distinta. Hasta de serenatas por celular he tenido noticia. Por todo esto, para las compañías de telecomunicaciones nuestro país es un gran mercado.

Con este panorama, que Ola se haya viabilizado, es importante. Pero ahora viene lo bueno. Se espera que los portafolios de productos y servicios se amplíen a paquetes que incluyan soluciones integrales de comunicación. Y una vez más, el gran beneficiado será el consumidor. Por eso, bien por Bogotá y Medellín, bien por Ola y bien por sus competidores. Queda en el aire una pregunta: ¿se mantendrá la marca Ola o se presentará al público la compañía con otro nombre? Una decisión nada fácil de tomar y para la cual habrá que esperar.

01 julio 2006

Importante decisión


Se dice que la justicia cojea pero llega. Yo en lo personal creo que la injusticia es más común que la justicia y que, la mayoría de las veces, lo justo es excepcional. Pero creo también que hay momentos en los que la justicia se impone en contra de todo y entonces el equilibrio se reestablece. Se hace el milagro y lo que debe ser, es. Eso pasa en las relaciones humanas y, cómo no, también en la política.

Si bien en algunas situaciones el derecho no interviene, como es el caso de ciertas relaciones humanas, en otras sí. Es lo que ocurre cuando un tribunal hace justicia a pesar de las presiones y las situaciones. La herramienta en este caso sí es el derecho. Y cuando funciona, cuando esto ocurre, las sociedades retoman el rumbo.

Esto último es precisamente lo que ocurrió hace dos días en Estados Unidos. Los jueces dijeron que los tribunales militares de justicia creados por Bush para juzgar a los “combatientes ilegales” no se ajustaban al derecho y que se estaban rompiendo las normas internacionales. Con esto le dio una estocada a una de las principales armas del gobierno americano contra el terrorismo, pero a su vez, hizo justicia.

Desde los ataques de las Torres gemelas y el surgimiento del “Patriot act” el gobierno gringo se estaba pasando el derecho por la faja tanto en la teoría como en la práctica. En la teoría porque sacó normas totalmente contrarias a la ley internacional y a los principios jurídicos aceptados por todos los pueblos. Y en la práctica porque intrigó, le hizo el quite a la ONU, manipuló pruebas y hasta mintió para invadir Afganistán e Irak.

Pero si actuó mal a la hora de preparar sus políticas bélicas internacionales, también lo hizo a la hora de ejecutarlas. El mejor ejemplo es el campo de Guantánamo, en el que se ha institucionalizado una carrera por la muerte. Los prisioneros se sienten muertos en vida y entonces tratan de suicidarse para estar muertos de verdad. Sus captores, por el contrario, tratan de mantenerlos vivos para que sigan siendo muertos vivientes.

¿Muertos vivientes? Sí. Porque no de otra manera puede concebirse a un prisionero al que se lo detiene, no se le acusa formalmente, se le guarda por años y se le niega todo amparo jurídico y todo derecho. Es como si a un grupo de individuos los devolvieran en el tiempo y los metieran en épocas en las que era normal estar sometido a los designios del gobernante de turno. Eso fue lo que se implantó en Estados Unidos y eso, precisamente, es lo que puede estar por desaparecer.

Son muchos los juristas americanos recordados y respetados. Y en un país en dónde la división entre política y justicia es tan gris, que una luz brille un poco hace que surja la esperanza. Esta decisión judicial es el camino para que los prisioneros reclamen sus derechos y sean castigados si son culpables o liberados e indemnizados si son inocentes.

Mientras tanto en Colombia nos asustamos con el monstruo que creamos. Garavito, el asesino de niños, puede quedar libre. Y nosotros nos rasgamos las vestiduras como si no fuéramos los que nos inventamos las leyes y códigos que tienen a nuestro Jack el destripador de menores con la posibilidad de dejar la cárcel y volver a las calles. ¿Qué hacer? ¿Inventarnos nuestro propio Guantánamo?