28 abril 2006

Denominadores comunes


Todo está raro en Colombia. Y raro para Colombia, es muy raro. Porque realmente este es un país en el que la excepción es la regla. Normalmente vivimos en un ambiente de anormalidad y estamos acostumbrados a ello. Sin embargo, en los últimos días, todo se ha puesto peor, por lo menos en lo que a la campaña presidencial se refiere. Los asesinatos de Jaime Gómez y Liliana Gaviria son ejemplos claros.

Jaime Enrique Gómez tenía 55 años y era historiador y politólogo de la Javeriana. Fue concejal de Bogotá y se desempeñaba como asesor de Piedad Córdoba y miembro de la campaña de Horacio Serpa. Era un estandarte de la oposición. El pasado 21 de marzo salió a trotar por el Parque Nacional y nunca volvió. Le ocurrió lo que a tantos colombianos: lo desaparecieron.

La vinculación de Gómez a la campaña liberal hizo que el caso se pusiera bajo la lupa. La desaparición comenzó a volverse un escándalo, especialmente ante la existencia de una lista en la funcionarios del DAS le informaban a los paras a quién desaparecer o asesinar. Entonces Jaime Gómez apareció. Pero muerto y despedazado.

Liliana Gaviria Trujillo era hermana del expresidente César Gaviria, uno de los más aguerridos opositores del gobierno. Gerenciaba la empresa de construcción de la familia. A las 7 de la noche del 27 de abril la secuestraron. Unos minutos después la mataron.

Puede pensarse que los asesinatos son diferentes y no tienen nada en común. Pero eso no es así. Porque las víctimas son personas inmensamente cercanas a quienes con mucha entereza y fortaleza hacen parte de la oposición. Ambas cayeron en época de polarización; ambas antes de elecciones; ambas de manera misteriosa; ambas de forma violenta. Esos son denominadores comunes que no se puede desconocer y que necesariamente despiertan interrogantes.

A la anterior situación hay que sumarle dos cosas más. La primera es la andanada, que muchos pretenden ahora olvidar, del presidente contra los medios de comunicación. Lo que ocurrió contra los medios no fue un accidente. Fue una avanzada presidencial en términos institucionales y personales. Se atacó a la prensa como institución, se atacó a los periodistas como profesionales y se atacó al público en su derecho a estar bien informados.

El segundo elemento lo constituyen las denuncias de los candidatos presidenciales distintos del Primer mandatario de que no tienen garantías plenas dentro del debate electoral. No se refieren a la supuesta igualdad que pretende crear la Ley que cada día muestra más su ineficacia. Se refieren hechos concretos frente a los cuales el gobierno da explicaciones pero no toma medidas.

Muchos pretenden hacernos ver que se puede hacer oposición en Colombia. Pero los hechos los contradicen. Basta ver lo que está pasando para entender que, quienes piensan así, se están estrellando contra la realidad. Mis condolencias para las familias de los caídos y a la oposición mucho ánimo en estas semanas antes de elecciones.

22 abril 2006

Jugada de jaque mate


Sin reelección la política era menos parecida al ajedrez. Los candidatos movían sus fichas, medían, calculaban, en fin, se jugaban pero sin atacar al rey directamente. Ahora, con la reelección, todo cambio. El objetivo es el presidente candidato. Todos buscan ganarle a quien detenta el poder para darle un timonazo a Colombia.

Por eso hoy los candidatos tienen el objetivo común, no sólo de ganarle a Uribe, sino también de lograr un cambio institucional. Todos quieren la desparamilitarización del Estado, que no se ataque más a la prensa, el acuerdo humanitario, que la propaganda oficial se deje de lado. Todos quieren el jaque al rey para cambiar el país.

Esto es cierto al punto de que, para la segunda vuelta, todos se unirán a quien deba enfrentarse a Uribe. Habrá un sólo bloque de oposición que, creemos algunos, podrá lograr el cometido. Sin embargo, si lo que se busca es romper las murallas protectoras de Uribe, su enroque, y salvar al país, la estrategia debería ser otra: no ir a elecciones.

Lo único que desvela al presidente es su fraude electoral. Aparentemente, para él, las muertes ordenadas desde del DAS son algo normal y en el amancebamiento con los paras no hay nada de malo. Sólo una cosa lo perturba: que un día se despertó y vio que ganó en primera vuelta con un fraude y que, por lo tanto, su gobierno es ilegítimo.

Pero la providencia le ha puesto en frente la oportunidad de legitimarse. ¿Cómo? Como él mismo lo dice, “llenando las urnas de votos”. Independientemente del resultado electoral, la próxima elección le echará tierra al fraude y el gobierno de Uribe 2002 se legitimará. Por eso el llamado urgente de Uribe a votar. Necesita legitimarse.

En estas condiciones, lo único que verdaderamente echaría por la borda el intento de legitimación del presidente, el verdadero jaque mate, sería que los candidatos renunciaran a su aspiración y dejaran a Uribe solo en elecciones. Que el gran cacao de la popularidad y de los votos haga su show y se lleve todos los aplausos. Todos los votos para él, todo el país para él, toda Colombia a sus pies, como a él le gusta.

Uribe ganaría pero no se legitimaría. Su fraude del 2002 se resaltaría internacionalmente y su elección del 2006 sería una comedia. Ese fue, precisamente, el jaque de Toledo a Fujimori en el 2000. Lo dejó sólo en elecciones. Fujimori ganó pero el mundo cuestionó su legitimidad. El diario “El País” de España tituló su editorial “Farsa consumada” y a partir de ahí Fujimori empezó a tambalear. Seis meses después renunciaba por fax desde Japón, estallaba el escándalo (aquí ya estalló) y comenzaba la reconstrucción del Perú.

En el caso colombiano los llamados a reconstruir el país serán los candidatos que no fueron a elecciones. Quienes no se sientan representados por ellos tendrían otro candidato. Ahí están Vargas Lleras o Juan Manuel Santos. Se recobraría la legitimidad, se reinstitucionalizaría el Estado, la paz sería posible y quedaría atrás la horrible noche.

Pero hay dos problemas. El primero es que para todo esto se necesita que los candidatos dejen sus aspiraciones, lo cual no es fácil. Y el segundo es que habría que actuar ya. Entre más tiempo pase, esta jugada de jaque mate será cada vez más difícil de concretar.

08 abril 2006

Pánico escénico


Quienes critican a Uribe por no ir a los debates olvidan algo muy importante: que el presidente tiene toda la razón. De ninguna manera él tomaría una decisión diferente. Aunque se sienta elegido (como Serpa hace cuatro años), tiene que cuidarse y ni bobo que fuera para exponerse a las fieras esas que se lo comerían vivo con palabras. Su pánico escénico está totalmente justificado. Y las razones son las que siguen:

- Va ganando: No ir a los debates es normal en los candidatos que puntean en las encuestas. Sólo tienen qué perder, mientras que, para los que están rezagados, todo es ganancia. El argumento válido para el presidente, sin embargo, afecta la democracia.

- El halo mesiánico: Uribe se siente superior a todos los hombres. Al fin y al cabo, José Obdulio y compañía no dejan de compararlo con Jesús. En las carreteras del país hay vallas que “proclaman su resurrección”. Al presidente lo alaban tanto, le dicen de tal manera que es el salvador, que se lo cree. Y así, ni más faltaba que se fuera a poner a debatir ideas con una manada de mortales que aspiran a sucederlo.

- Los troperos: Como a pesar de lo anterior hay mucha gente que no está de acuerdo con Uribe, hay algo de oposición. ¡Gracias a Dios! (al verdadero Dios). Pero las Sturmtruppen tienen su versión criolla. Amigos del presidente que le “dan en la jeta” a quien lo critique. ¿Qué tal la paliza de Rafael Correa a Clemencia Echeverri? Entonces, si Uribe tiene quién lo defienda, ¿para qué defenderse solo en un debate?

- Los amedrentadores: Existe una horda de Uribistas, todos al parecer provistos de buenos equipos de computación, que se la pasan llenando de epítetos y amenazas de muerte los buzones de correo electrónico de los periodistas y políticos que nos atrevemos a decir que Uribe es mortal y comete errores. Nuevamente, si el presidente tiene quién lo defienda así ¿para qué exponerse a las preguntas en los debates?

- Interrogantes felinos: ¿Uribe teniendo que contestarle a sus contrincantes y a los periodistas todas las preguntas sobre el dinero que le dio “La gata” para su campaña presidencial del 2002? Se vería “a gatas” para hacerlo. Entonces, obviamente, mejor evitarlo haciéndole el quite a la cosa.

- El Bloque Norte: Si fuera a los debates, al presidente le tocaría responder frente al país la acusación de que este grupo paramilitar le puso 300 mil votos en la Costa en la pasada elección. Mejor no ir…. ¿Cierto?

- La realidad: Al presidente le tocaría enfrentar la realidad: ¿Por qué se modificaron los sistemas de medición para alterar los resultados económicos? ¿Cuánto costaron las detenciones masivas? ¿Cuáles fueron sus frutos reales? ¿Por qué dice que va a hacer algo que no hizo en cuatro años? ¿Por qué no ha cumplido sus cien promesas electorales? ¿Por qué ahora sí quiere el acuerdo humanitario y antes no? ¿Cómo así que en Colombia no hay guerra? ¿Y ahora quién podrá defendernos?

Por Dios señores candidatos… Uribe tiene toda la razón en no querer debatir con ustedes. Tiene pánico escénico. Y además, justificado.

01 abril 2006

Si Uribe gana


Quienes nos atrevemos a decir que es posible que Uribe pierda la presidencia somos tildados de locos. Yo sé que estoy piantao, dicen Piazzola y Horacio Ferrer, y yo me les pego al lado. Por eso, considero en lo personal que es posible que Uribe no repita, pero que si repite, el panorama que nos espera en varios campos, es el siguiente:

Paz con las AUC: Los paramilitares no se meterán a las cárceles como quiere Uribe. Ante la presión, las extradiciones suspendidas se revivirán de un plumazo y un día Mancuso y compañía amanecerán haciendo fila en Cómbita para viajar a Miami. Los paras rasos volverán al monte o a las filas de la delincuencia común en las ciudades.

Paz con las FARC: La guerra se incrementará. Las FARC se despertaron y Uribe, que nos decía que las tenía derrotadas militarmente, ha tenido que tragarse sus palabras. Cada 15 o 20 días se inventa una nueva fórmula que termina en nada y esa será la constante. Pero el resultado es claro: con Uribe habrá más guerra y no llegará la paz.

Paz con el ELN: El proceso será, usando palabras del poeta Silva, fino y lánguido. Es posible que tenga éxitos pero serán más mediáticos que reales. Como Uribe no tiene qué mostrar en esta materia en otro lado, hará de esta negociación su mayor triunfo.

El secuestro: el problema no se resolverá pues el presidente se ha casado con posiciones y no ve las realidades políticas. Por eso el intercambio humanitario seguirá siendo un sueño. Al tiempo que llevan en la selva quienes esperan el guiño presidencial, habrá que sumarle, mínimo, cuatro años más.

Impuestos: El presidente ya anunció otro impuesto de guerra “por una sola vez”. Lo que pasa es que no se ha dado cuenta que “una sola vez” varias veces, suman más de una. Colombianos, nuevamente a meterse la mano al dril para pagar recompensas, informantes, detenciones masivas, etc. Pero tranquilos, que la guerra sigue y ya habrá, nuevamente, una nueva primera vez.

Estados Unidos y Venezuela: Uribe será el centro delantero de la lucha de Bush contra Chávez. El presidente se endurecerá en el plano interno aún más y las relaciones con Venezuela se verán afectadas con las consabidas consecuencias económicas y políticas.

Economía: Habiendo modificado los sistemas de medición para que arrojen resultados mejores, nos dirán cada cierto tiempo que la economía sigue creciendo, el desempleo bajando (a pesar del hambre de los agricultores por el TLC), la inversión disparada y el país perfecto. Eso sí, subirá más la gasolina y consecuentemente la canasta familiar. Tengo mis dudas sobre si el arroz tiene IVA. Pero si no lo tiene, se lo pondrán.

Desplazados: Ya somos el segundo país con más desplazados en el mundo. Pero como nos gusta ser primeros, seguro en estos cuatro años alcanzaremos el título.

Ese es el panorama que tenemos a la vuelta de la esquina. Ah... Se me olvidaba… También habrá una buena telenovela que nos distraiga de todo eso. Y en cuatro años, otra vez elecciones. Es que el “país uribista” del 60% de abstención, es una maravilla.

Semana de pasión


Uribe le tocó dar la cara, esta semana, por los escándalos. Salió por todos los medios de comunicación y habló y habló y habló pero no dijo nada. Lo que ha hecho es, con una estrategia calculada, sacarle el cuerpo al asunto de diferentes maneras y atentar contra la libertad de prensa.

Para él, como quien lo acusa está preso, no tiene credibilidad. Pero el argumento no sirve. Santiago Medina estaba preso cuando testificó en el proceso 8000. ¿O es que un testigo va motu propio a los tribunales a incriminarse y a declarar contra sus cómplices?

Frente a las denuncias de asesinatos de sindicalistas el presidente esquiva la pregunta y dice que hoy en Colombia matan menos sindicalistas que antes. Cuando se lo concreta, repite la frase pero no responde. El argumento es vergonzoso. Penoso. Cínico.

A la denuncia del fraude en Cesar, La Guajira, Magdalena y Bolívar, Uribe habla sólo del Magdalena. Sube el tono, se envalentona, pero deja por fuera los otros tres departamentos. Cuando se lo concreta, se limita a decir que su contrincante sacó más votos en todos ellos y que en el referendo no hubo fraude. ¿Qué es eso, por Dios?

A Uribe se le pregunta qué pasa con el DAS. Y responde “Prudente silencio. Mejor digamos que el país creció al 5%. Mejor digamos que la gente está mejor alimentada”. El presidente elude no sólo la pregunta sino también la responsabilidad política.

El vicepresidente de Venezuela, José Vicente Rangel, pide respuestas y Uribe contesta: “Ninguna respuesta. Esto lo manejo con mucha prudencia en el discurso. Con toda claridad. Con toda lealtad.” Grandilocuencia, halo mesiánico, pero nada de nada. 

El presidente se pregunta: “¿Me van a cuestionar la honradez?” Como si no fueran los hechos los que la tienen bajo la lupa. Y se responde: “He tenido una vida pública clara. La financiación de mis campañas siempre ha sido limpia". ¿Cómo la del 2002 en la que “La Gata” puso una platica?

Para Uribe hay unos periodistas “que se la pasan hablando en los cocteles en Bogotá” y otros que supuestamente sí son serios. Califica las acusaciones de “atrevimiento periodístico, irresponsable” y enfrenta a los medios de provincia contra los de la capital. Es la famosa estrategia del “divide y vencerás”. Uribe busca dividir al país para vencer al país.

“La libertad de prensa no se puede ejercer en contra de los intereses superiores de la Patria”, dice Uribe. Y anota: “No pensemos en el daño a Álvaro Uribe. Pensemos en el daño al país”. ¿Cuestionarlo a él es cuestionar el Estado? Esta es la versión moderna de Luis 14, el rey autoritario de “El Estado soy yo”. (Ojo: Nada que ver con Jorge 40).

Pero el mandatario deslegitimado tiene una estrategia para legitimarse: ganar las elecciones. Por eso invita a votar masivamente para echarle tierra a todo. Sí, “llenemos las urnas de votos”. Para que la libertad de prensa siga amenazada desde el Estado; para  que ahora que se destapó la olla, se vuelva a tapar; para que los próximos cuatro años sean iguales o peores; para que el presidente siga maltratando periodistas; para que Uribe siga haciéndose el que la cosa, simplemente, no es con él.