Este es el último análisis del año y es el momento en que los columnistas hacemos balances, resúmenes, damos premios y tiramos tomates. Las páginas están llenas de “Lo mejor de 2005”, “Los más destacados del año”, etc. Sin embargo, me voy a alejar de semejante tentación. La verdad es que si alguien se merece algún premio, son los lectores que, nuevamente, nos han aguantado pacientemente enfrentándose día a día a una realidad que, a pesar de tanta tinta utilizada, no cambia.
A lo largo de estos doce meses, algunos de ellos me han preguntado muchas cosas. He tratado de contestar siempre, pero hay una pregunta que se repite y a la cuál no he dado aún respuesta: ¿Usted es de izquierda o de derecha? Voy a aprovechar el final de año para dejar sentado el planteamiento que la responde.
En Colombia los partidos están divorciados de las ideologías y lo que aquí se entiende por conservatismo o liberalismo nada tiene que ver con lo que ocurre en el mundo. Este divorcio generó dos cosas nefastas. La primera es que el caudillismo se apoderó de la política y la segunda es que las colectividades se convirtieron en máquinas electorales que no responden a las necesidades de los ciudadanos.
Ante esa realidad, mientras no se den procesos que generen un aggiornamento de las ideas políticas locales al mundo contemporáneo, no vale la pena hacer ningún tipo de esfuerzo partidista. Dicho de otro modo, mientras conservadores y liberales sigan pensando como se pensaba hace un siglo, nuestros partidos seguirán teniendo una talla menos que nuestra sociedad.
En el mundo complejo de hoy, hay realidades producto de la madurez de la humanidad. Una primera es el Estado social, que parte de la realidad de la desigualdad y promueve la igualdad material. Otra es la necesidad de proteger la dignidad de la persona humana y evitar que el individuo se convierta en un medio del Estado. Y una tercera: La base de la sociedad es la libertad, que impone la necesidad de que las posturas no sean totales. En Colombia, sin embargo, algunos siguen pensando que estas son máximas ideológicas. Pero están equivocados. Se trata del simple desarrollo humano.
Con lo anterior claro, el siguiente paso es tratar de tener una postura frente a cada tema particular. Por ejemplo, no toda interrupción de un embarazo debe ser un delito. Una unión homosexual no daña la sociedad mientras que una adopción sí puede hacerlo. Cualquier política antidroga tiene componentes económicos y de salud pública. No se pueden imponer los valores por la fuerza, especialmente a grupos culturalmente diversos. La religión es una opción para todos, menos para el Estado. Los conflictos se solucionan hablando. La libertad implica una responsabilidad personal y colectiva.
Las posiciones totales no son para los tiempos actuales en los que la diversidad se ha impuesto como parte de la condición humana. Menos aún en Colombia, en donde esa diversidad hace parte de la riqueza nacional. Culturalmente nos expresamos de mil formas. Políticamente, lástima, nos expresamos de manera muy anacrónica. Sin embargo, interpretar la realidad en cada caso es una opción. Muestra que no todo es blanco o negro. Muestra que hay un centro. Un nuevo centro. Feliz 2006.
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