10 septiembre 2005

Cosa compleja

Esta semana hubo tres hechos políticos muy importantes. El primero fue la creación de un nuevo Partido Uribista (sí, otra vez). El segundo fue el lanzamiento del libro de Andrés Pastrana que incluyó una tirada de línea fuerte de parte del expresidente a sus amigos. Y el tercero fue el nuevo gancho al hígado del procurador a la reelección.

Sobre el primero es necesario empezar haciendo historia. Los intentos por crear un partido uribista han sido varios y el resultado siempre ha sido el mismo: muchos caciques, pocos indios y al final, una gran decepción. Partido uribista no hay ni va a haber. ¿Por qué? Porque el uribismo no es una ideología, no es una postura política, ni siquiera es una idea. El uribismo es un impulso caudillista sostenido por una mezcla de burocracia y populismo patriótico, a la larga, simplemente sentimental.

Mientras haya puestos y la posibilidad de que los siga habiendo (léase reelección) habrá uribismo. Bueno, esto dentro de la clase política. Porque por fuera de ella, todo se apoya es en un embrujo creado con propaganda. De ahí las encuestas y la popularidad “ochentera” (no me refiero a una década sino a un porcentaje). Por eso es probable que haya unas listas al congreso que apoyen a Uribe, pero todos buscarán es colincharse de la popularidad. Eso sí, ida ésta, idos ellos.

Sobre el libro de Pastrana, más importante aún que la publicación, es lo que pasó en el Gun Club ese día. El expresidente mostró una gran capacidad de convocatoria. Al evento asistió la pesada de la política, empezando por el presidente Uribe y el expresidente López. Pastrana demostró, que si quiere, reúne fuerzas y une.

En su discurso Andrés dejó claro que una cosa es que haya aceptado ser embajador y otra es que esté dando su aval para que el conservatismo sea parte del gobierno y acepte la reelección. Por eso sus amigos están enfilándose hacia una nueva política, ajena a la derecha sin contenido del gobierno y a la izquierda reaccionaria. Se percibe el impulso de un nuevo centro. Una fuerza que le hace falta al país y que ojalá se concretice.

Por último está el concepto del Procurador Edgardo Maya sobre la ley que reglamenta el acto legislativo de reelección presidencial. La posición es coherente en lo político y acertada en lo jurídico. Toda la ley echa por la borda el principio de igualdad, por más que quienes la defiendan hagan mil y un piruetas argumentativas para ello.

Se ha abierto la puerta a algo sin precedentes. Cuando se estrenó la Constitución, varios de sus artículos quedaron suspendidos mientras se reglamentaban. Incluso hoy en día, algunos siguen así. Con la reelección pasa lo mismo. Sin reglamentación no se puede aplicar la reforma hasta que no haya ley. En la práctica, esto equivale a posponer la reelección mientras un nuevo congreso, con un nuevo presidente, legisla al respecto.

Si esto sucede la Corte habrá instituido una reelección no inmediatamente inmediata. Así quedaría bien con todos, a la vez que mostraría una gran independencia. Uribe no repetiría ahora; cierto. Pero en cuatro años su sucesor, Gaviria, Pastrana, Samper y él mismo, podrían eventualmente, lanzarse a alcanzar la presidencia. Ah cosa compleja.

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