La encuesta de los medios de comunicación le despertó al presidente nuevamente el bicho electoral. Lo primero que hizo fue neutralizar a Pastrana que iba a ser su gran dolor de cabeza, especialmente con el tema de la paz y el acuerdo humanitario. Andrés podía reivindicarse poniendo a su gente a hacer política y demostrar que siempre tuvo razón en esos temas. Pero Uribe, hábilmente, con esa habilidad turbayista prestada, cambió las reglas del béisbol y con el primer lanzamiento lo dejó out. Luego miró cómo quedaba la cosa y se enfocó en Peñalosa.
Al exalcalde le vieron desde la casa de Nariño la incomodidad y lo calibraron. Se la vieron en el Congreso liberal cuando Gaviria se despachó contra el presidente. Se la vieron en cada reunión de precandidatos del Partido liberal a la que asistió. Vieron que se sentía como mosco en leche. Supieron que con un empujoncito se bajaría del Trasmilenio de la oposición liberal y se subiría al del gobierno. No sé de dónde vino el empujoncito ni quién hizo la llamada. Pero Enrique dijo no voy más y prefirió la comodidad de la cercanía de Palacio que la dura vida de la oposición.
Como semejante reculada implica necesariamente aceptar la reelección, el exalcalde ya encontró dónde acomodarse. Aspirará de nuevo a la alcaldía de la capital y lógicamente todo el mundo ya está considerando ese escenario: un presidente candidato, dueño de un exalcalde candidato a alcalde. Muy bonito. Todo, mientras el Polo democrático se prepara para dar la pelea al ver amenazado su poder en la capital.
Digamos que hasta ahí todo había sido relativamente normal, por lo menos en este país en dónde, repito, el poder es para poder. Lo que vino después, sin embargo, sí se pasó de la raya. El presidente de manera irresponsable había atacado los resultados de la ETB en un foro público. Luego, como si nada, desde el curubito de Palacio salieron correos electrónicos desprestigiando la empresa bogotana. Cuando el alcalde mayor reviró con toda la razón y la cosa se puso caliente en los medios, el propio presidente decidió intervenir llamando a la W para trancar la polémica y de paso dejarse oír nuevamente ante “el pueblo de la Patria”.
El periodista Felix De Bedout, fue incisivo. Uribe, apoyándose en que todo lo que dice lo aplaude la gente, lo menospreció y básicamente le dijo que no hiciera una tormenta en un vaso de agua. Lo que pasa, es que esto no es un vaso de agua. Por eso muy bien por el periodista. Repito: no es un vaso de agua. Es la política colombiana en la que están de por medio muchas cosas. Entre ellas la legitimidad, la institucionalidad, el derecho a informar libremente, y como si fuera poco, la democracia.
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