16 julio 2005

Tiempo de refelxión

Durante los últimos tres años el país se acostumbró a que, con cada viaje presidencial a Europa, las críticas fueran y vinieran por cuenta de la actitud del gobierno frente al conflicto interno. Cada paseo de Uribe por el Viejo continente era siempre todo un víacrucis. Las ONG enfilaban sus baterías, los gobiernos aunque diplomáticos permanecían llenos de reservas y hasta la gente en la calle se manifestaba.

¿Cómo olvidar el Parlamento europeo vacío frente al presidente? ¿Cómo no recordar las salidas en falso de Uribe haciendo referencias a Hitler para justificarse? ¿Cómo dejar atrás la imagen del presidente pretendiendo entrar en un debate callejero con una contradictora suya en un andén cualquiera de Europa? Son imágenes dolorosas que están ahí.

Esta vez, sin embargo, parece que todo ha cambiado y que en su gira el presidente ha encontrado menos voces en contra. ¿La razón? Una sola: los repugnables atentados terroristas contra Londres. Y es lógico. No sólo el mundo se ha levantado a una sola voz en contra de semejante barbarie, sino que entre más se siente y se vive su dolor, las posiciones fuertes como la de Uribe, se comprenden y se reciben mejor.

A nadie le puede caber duda de que hay que hacerle frente al terrorismo con firmeza y decisión. Todos rechazamos los bombazos indiscriminados. Sin embargo, hay algo que no se puede perder de vista y es que la firmeza de ese repudio y ese rechazo no son suficientes para derrotar a un enemigo que puede golpear a su antojo donde quiera y para el cual la guerra es atemporal. Por eso precisamente es que los países europeos que no han sido tocados por la barbarie están aterrorizados.

Frente a este planteamiento caben algunas reflexiones. Una es que es posible que la respuesta dada hasta ahora por los países que han sufrido los ataques no sea la correcta y que en lugar de parar la amenaza, su actitud la esté incrementado. Para citar algunos ejemplos de los que ya se oye hablar, es posible que la invasión de Afganistán haya generado un fanatismo que hoy esté alimentando al terrorismo.

Mantener prisioneros encarcelados en la cárcel de Guantánamo privándolos, por lo menos hasta hace poco, del debido proceso judicial, puede estar despertando un gran odio por occidente. Mucho más si los señalamientos que se les hacen tienen un sesgo religioso. Las dudas sobre la legitimidad de la invasión a Irak y las torturas contra los presos en ese país pueden no haber ayudado tampoco. Y mucho menos la ecuación que se pretende hacer muchas veces entre Islam y terrorismo.

Cabe preguntarse entonces si habrá otra manera de enfrentar el tema. Y la respuesta no es nada simple porque la cosa parece no tener por dónde cogerse. ¿Tal vez alentando una cruzada islámica contra el terrorismo? ¿Aceptando que puede haber un problema de arrogancia en ciertas actitudes? ¿Cabe pensar en una diplomacia contra el terrorismo? No sé. Son algunas reflexiones nada más. Pero son válidas frente a la realidad de que la cosa se ha salido de las manos. A pesar de que nuestras posiciones fuertes encuentren menos resistencia en este ambiente tan caldeado, puede ser tiempo de pensar que las cosas en el mundo y en el país, pueden tener otra solución.

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