23 julio 2005

Fase de calentamiento

La selección de fútbol de Colombia se sentía campeona del torneo Copa Oro que se juega en Estados Unido pero el jueves Panamá le metió tres goles y la eliminó. Leí los editoriales y recordé entonces la frase de que en cada colombiano hay un director técnico de fútbol. Luego caí en cuenta de que la única actividad en el país en dónde este fenómeno se repite y en mayores proporciones, es la política.

La política se está poniendo buena con la proximidad de las elecciones. Hemos entrado, si se quiere, en la fase de calentamiento. Quienes aspiran a que los elijan en algún cargo, se están acomodando. Como buenos directores de fútbol han empezado a calcular, a montar su esquema propio, a crear tácticas y estrategias, en fin, a prepararse.

El candidato con mayores posibilidades es Uribe: tiene el poder, la televisión, el presupuesto, la maquinaria y la popularidad. Sin embargo, también es el que más fácilmente puede quedarse por fuera: está frente a una Corte Constitucional que, ante cualquier posibilidad de hacerlo, tumbará la reelección para salvar la institucionalidad.

Aunque no parezca, Uribe hoy está más solo que nunca. Apenas los funcionarios menores de Palacio (alguien me dijo el otro día que en Colombia sólo hay viceministros) están con él, así como algunos congresistas. De resto, quienes lo rodean le están apostando todo a que la reelección se caiga porque sienten que pueden eventualmente convertirse en los elegidos para la recta final.

En este grupo están personas como Juan Manuel Santos y Germán Vargas Lleras, entre otros, que se muestran muy uribistas, pero que en realidad aspiran a lanzarse al agua ungidos por el presidente. El problema es que Colombia es un país políticamente muy raro. Aquí las enemistades se heredan pero la popularidad no se endosa. Y menos la de Uribe que poco tiene que ver con su gestión y más con la persona y el sentimiento.

En la otra orilla están quienes se han opuesto al presidente y tienen los dedos cruzados para que se caiga la reelección y así no tener que enfrentarse a él. Serpa, luego de hipotecar su pensamiento social demócrata, anda buscando ser nuevamente el adalid de la rosa roja. Eso sí, no ha pagado la hipoteca y la cuenta le puede salir bien cara. Luego están los demás precandidatos liberales buscando salir victoriosos en la Consulta liberal. Y después está Antonio Navarro con el “Maillot jaune” del Polo organizando la resistencia.

En esta fase de calentamiento todo es cálculo para los precandidatos. No hay nada de fondo todavía. Pero ellos saben que la etapa del contenido, cuando llegue, será la definitiva porque traerá los temas grandes: el de la guerra y la paz, el del narcotráfico, el de la economía, el del empleo y el de la pobreza. Y cuando eso pase, también lo saben, la cosa será a otro precio y todo el mundo tendrá que estar preparado. No vaya a ser que llegue alguien, parecido a Panamá y les meta a todos tres goles.

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