Los resultados de la encuesta contratada por lo medios de comunicación y recientemente divulgados, lo demuestran. Una favorabilidad del 79,9%, posibilidades de barrer en la primera vuelta con un 70,2% y unos opositores que, sumados todos, ni siquiera alcanzan la mitad de ese porcentaje. Y como si fuera poco, se ve una aceptación del 58% a la reelección.
Lo anterior muestra que para los encuestados parece no contar la realidad. Es como si el liderazgo basado en la propaganda hubiera seducido a todos. La gente no juzga al presidente por sus resultados sino por su esfuerzo. Y por eso no se tiene en cuenta la realidad sino el sueño de un país mejor. Porque de haberse tenido en cuenta la realidad, le guste a uno o no Uribe, esté uno o no de acuerdo con él, el resultado de la encuesta tendría que haber sido muy distinto. Para eso basta mirar las cosas como son.
Para empezar, la seguridad democrática, que es la niña bonita del gobierno, cada día está menos vigente. De un tiempo para acá la guerrilla acata en un lado y otro, mostrando que eso de que está derrotada no es tan claro. El Plan Patriota parece extenderse en el tiempo sin resultados concretos mientras se sigue desconociendo, desde Palacio, que en Colombia hay un conflicto armado.
Por otro lado, la paramilitarización del país no resiste un análisis. Paras aquí y allá. Congresistas que se declaran abiertamente partidarios de ellos, exviceministros que se desmovilizan, finqueros que sacan pecho por contar con grupos armados en sus potreros. El paramilitarismo parece haber creado una nueva clase social basada en la capacidad de defenderse a sangre y fuego. Quien mire de cera verá que en realidad, nuestra democracia se ha convirtiendo, lentamente, en una paracocracia. Sin embargo, cuando de mirar la gestión del presidente se tata, todos aplauden.
Sin embargo el gobierno hizo dos planteamientos recientemente que muestran que entiende que la popularidad de papel puede no ser suficiente. El primero fue asumir el acuerdo humanitario como una forma de liberación de los secuestrados. Uribe siempre dijo que esto era una locura y ahora no le parece tanto. Y el segundo fue haberle ofrecido a Andrés Pastrana la embajada de Wahington. Un cabezazo a lo Maradona que aniquila parte de la oposición, si Andrés le dice que sí. Por eso, presidente, otra vez, Chapeau.
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