Quienes pensaron que el proceso de paz con los paras estaba de un cacho deben ahora rascándose la cabeza. Si bien hace ocho días el presidente le dio un buen timonazo al encarcelar a los jefes de las AUC para que le pusieran seriedad al asunto y para generar credibilidad, la declaración de testigos del asesinato de Carlos Castaño por parte de su hermano parece estar enredándolo todo.
Sobre la muerte de Castaño fue más lo que se rumoró que lo que realmente se conoció o comprobó. El mismo Mancuso alcanzó a plantear la posibilidad de que se trataba de una cortina de humo para tapar su posible viaje a Estados Unidos a negociar y desaparecer del mundo paramilitar. Luego se le dio por muerto porque sí. Incluso sus amigas Eleonora y Rocío lo lloraron en televisión nacional. Pero el asunto nunca se miró desde la óptica judicial que, hoy en día, es la que lo tiene enredado.
Para la justicia el rumor y la política no pueden ser criterios de determinación por ser subjetivos. La ciencia penal es objetiva. De manera que o hay prueba de la muerte de Castaño o Castaño no está muerto sino desaparecido. Como dicen los abogados litigantes, lo que no existe en el proceso no existe en la vida. La obligación del fiscal es investigar y encontrar la verdad y la línea de investigación apunta a que fue Vicente Castaño quien ideó el crimen. Por eso tiene buscarlo sin preguntar y ponerlo a declarar.
Claro, acá es donde entra la complicación. Para Castaño no es tan fácil salir a decir ahora que cual acribilló a su hermano. Y menos que lo hizo por temor de que él le entregara a los Estados Unidos las rutas del narcotráfico, como se supone que pasó. Sin embargo, le va a tocar poner la cara y contar qué tuvo que ver con eso o, en su defecto, seguir huyendo con el consiguiente perjuicio para el proceso de paz.
Es acá dónde se verá para qué sirve la ley de justicia y paz, que en realidad es una ley de carácter político y no judicial. Esta norma puede ser vista a la vez como obstáculo y facilitadota del proceso de paz. Lo primero porque no faltará quién invoque el reino de la ley y el argumento de la impunidad para cortarle el cuello al proceso. Y lo segundo porque si los jefes paras, y en este caso Castaño, quieren encontrar una salida, les tocará acogerse a su texto y declarar.
Monoleche, quien se supone fue el gatillero en este homicidio, se entregó a la justicia hace unas horas y esa puede ser la clave para empezar a esclarecer el asunto. Porque la teoría de que Don Berna y Mancuso prepararon el asesinato de Castaño y luego obligaron a su hermano Vicente a ejecutarlo so pena de que le pasaría lo mismo, me parece ingenua. Las amenazas entre tigres no terminan sin mordiscos mutuos. Por eso no creo que haya sido así.
El proceso de paz está enredado y es posible que se enrede más. ¿Cómo destrabarlo? La respuesta está en la política. Porque en el arte de poder las decisiones siempre llegan a una instancia en la que la conveniencia general le gana a la norma. Por eso es que de los pactos de paz surgen las constituciones. Y en nuestro caso, esa puede terminar siendo la salida para que la paz finalmente se consolide. Porque de otro modo, las cosas en el proceso pueden seguir pasando de Castaño a oscuro.
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