Son muchas las hipótesis que se pueden plantear sobre la autoría del bombazo en el Cantón Norte. Sin embargo, así no hayan sido las FARC, fueron las FARC. Mejor dicho, con los informes de inteligencia que le pasaron al presidente, pues no hay duda. Sin embargo, cuando no se es gobierno, y especialmente cuando se es analista, hay que hacer una lectura integral de la política. Y en este caso, esa lectura puede arrojar otras hipótesis.
Lo primero para mirar es la situación política antes del bombazo. Gobierno y guerrilla venían moderando el lenguaje y haciéndose pequeñas concesiones. Parecía que los acercamientos estaban dando frutos e incluso y se pensó que el intercambio humanitario realmente estaba cerca. Se había llegado a acuerdos importantes y hasta se hablaba ya de un eventual proceso de paz.
A ese punto se había llegado después de cuatro años de bala y aguante. Las FARC venían sintiendo el Plan Patriota aunque esta iniciativa militar no estaba dando los resultados esperados. Por eso los acercamientos convenían a ambas partes y, por lo mismo, se pude decir que a ninguna de ellas le interesaba que lo logrado hasta el momento se fuera por la borda.
Resulta extraño que las FARC, conociendo a Uribe, no hayan pensado que poniéndole una bomba al Cantón Norte ese proceso de acercamiento se dañaría. Raro que una guerrilla que no se ha dejado vencer en tanto tiempo no haya imaginado que el presidente saldría a reivindicar la Seguridad democrática a toda costa y echaría por la borda todo lo cedido.
De otro lado, hay que partir de la base de que las FARC son un enemigo que, a la hora de secuestrar y atacar, lo hace sin compasión. Ejemplos sobran y por eso debe uno, si es medianamente cauteloso, preguntarse por qué si semejante guerrilla tan salvaje logró la tarea de meter un carro bomba al corazón de la inteligencia militar, la carga explosiva no fue mayor.
La pregunta necesariamente surge así: ¿Por qué la guerrilla más antigua y desalmada del mundo corre todos los riesgos y penetra el lugar más seguro del país para hacer un atentado que no es contundente? Al fin y al cabo la bomba explotó donde se concentra la crema y nata de todo lo que militarmente representa su enemigo. ¿Por qué entonces la compasión?
Lo anterior basta para tener que aceptar que resulta, por lo menos extraño, el comportamiento de las FARC. Claro que, repito, fueron las FARC. Pero por puro ejercicio pensemos que pudo haber sido algún paramilitar perseguido con orden de extradición. O los narcos por la misma razón. O alguien a quien le parezca aberrante el acuerdo humanitario. O alguien que quiera mandar el mensaje de que es mejor que no se esculque mucho en el computador de Jorge 40.
Ojalá las informaciones del presidente no tengan el origen de las de los falsos positivos de hace meses. Porque si no fueron las FARC, quiere decir que hay otro enemigo, capaz de burlar la seguridad del Cantón Norte y de cambiar el rumbo del país con dinamita como lo hizo AlQueda en España en vísperas electorales. Otro enemigo terrible, que mueve el tablero de la guerra y de la paz de una manera contundente, en la que al final, otra vez, son los secuestrados los que terminan pagando los platos rotos.
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