16 septiembre 2006

Abra Cadabra


Aunque muchas no lo reconozcan, todas las agencias de seguridad del mundo han echado mano en algún momento de la parapsicología. Incluso, algunas de las más respetadas tienen todo un departamento para el estudio de fenómenos poco explicables. En la investigación criminal se utiliza en varios países. Y claro, en Colombia, en dónde  se vende cuanta pócima rara para “amarrar al ser amado” y “hacer regresar al padre del hijo en 48 horas”, pues no podíamos quedarnos atrás.

Lo importante es determinar cómo se utiliza esta “ciencia”. Porque existe una diferencia grande entre usarla para las investigaciones y usarla en procesos en los que se toman decisiones. Cuando estos dos puntos se mezclan y la investigación paranormal lleva a la decisión supuestamente objetiva, esa objetividad colapsa. Y entonces, Dios mío vénganos en tu reino, porque se deja el futuro de las personas y de las instituciones en manos de cualquier encantador.

Existen ciertas investigaciones en las que el error, que es la regla general en la parapsicología, puede tener lugar sin mayores consecuencias. Esto puede pasar, por ejemplo, en la búsqueda de personas u objetos perdidos. Se dice que el avión caído en el que murió el ministro Juan Luis Londoño apareció así. Vaya uno a saber, pero si en un caso de estos la adivinación falla, pues simplemente no se encuentra lo que se busca y habrá que seguir buscando. ¿Cuántos adivinos no deben haber jurado saber en dónde está Ingrid Betancur?

Pero hay otros casos en los que la cosa puede ser más compleja y la baraja no es realmente la mejor consejera. Por ejemplo, cuando se acusa a alguien en virtud de conclusiones a las que se ha llegado por estos fenómenos. ¿Cómo desmentir una creencia mística si precisamente quien la tiene se puede dar el lujo de mantenerla por no existir prueba que la contraríe?

Es el caso de las supuestas desavenencias y enredos en la Fiscalía. Ahí pasan dos cosas. La primera es que, quien crea a ojo cerrado en el parapsicólogo que supuestamente las encontró, no dejará de hacerlo. Es más, es posible que lo consulte con regularidad y para otros asuntos. Y la segunda cosa que sucede es que, si por alguna casualidad el adivino cierta, termina volviéndose indispensable, lo cual es grave en todas las instituciones.

Las envidias y rencillas entre funcionarios del Estado no pueden salir a la luz pública por cuenta de una bola de cristal. Tampoco los casos investigados pueden terminar en manos de los jueces por cuenta de la clarividencia.

Afortunadamente el fiscal y el vicefiscal son una dupla de garantía en objetividad y buen criterio. Entienden que la parapsicología puede ser una herramienta en la investigación, pero saben que no se trata de un oficio que pueda oficialmente hacer parte del engranaje de la Fiscalía. Menos mal. Porque ¿se imaginan ustedes lo que habría sido esto hace unos años cuando para regalarle a algún enemigo político una orden de captura el Fiscal General sólo necesitaba fabricar un par de indicios graves?

No hay comentarios: