18 agosto 2006

Gol de Uribe


La decisión presidencial de ponerle la mano a los jefes paras cogió por sorpresa a muchos. Cuando el país venía acostumbrado a que Mancuso y compañía se pasearan libres por el país teniendo órdenes de captura y hasta peticiones de extradición, que el gobierno haya decidido que deben estar en la cárcel es un verdadero acierto. Este cabezazo de Uribe tiene implicaciones en la sociedad, en la manera en que se percibe al país desde el exterior y hasta en el futuro del proceso de paz con la guerrilla.

Lo primero que hay que aclarar es que el presidente pudo tomar la decisión de que los jefes paras se fueran presos porque mediaban órdenes de captura contra ellos. No es que un presidente pueda elegir a quien encarcelar y a quien no. Lo que pasa es que, en este caso y por una ley especial, el presidente había podido suspender esas órdenes y lo que hizo simplemente fue volver a dejarlas en vigor.

Aclarado lo anterior, hay que analizar las consecuencias frente a la sociedad. Muchos colombianos veían que con los paras había más corazón grande que mano fuerte. Pero ahora la percepción cambia y se genera la de que acá no hay preferencias a la hora de aplicar la ley. Es un buen mensaje y por lo tanto con esto en gobierno sale ganando.

Las implicaciones también son positivas frente a la llamada “Comunidad internacional”, que en realidad equivale a los países europeos. Para ellos Uribe da un giro en su tratamiento a los paras. Ya no los deja por ahí rondando, haciendo y deshaciendo, sino que los mete en cintura. Se le da más claridad al proceso de paz y sobre todo, más seriedad.

Para el resto de la “comunidad internacional”, es decir, para los Estados Unidos, también se trata de un paso adelante. Ellos quieren a los paras en las cortes gringas y por eso prefieren verlos en cárceles colombianas que en sus fincas de Córdoba y Urabá. Tenerlos presos es el primer paso para que se los manden.

Y finalmente deben verse las implicaciones del carcelazo en el próximo proceso de paz con la guerrilla. La subversión ya sabe que si se compromete con Uribe a que pagará cárcel, terminarán pagando cárcel. Es decir, cualquiera sea el resultado del tire y afloje en la negociación con las Farc, lo que se acuerde, terminará siendo realidad.

Sí: gol de Uribe. Golazo. Pero queda en el aire el tema de la extradición que es el más difícil de abordar y el que mayores dolores de cabeza puede dar en el proceso con los paras y la guerrilla. Lo importante es que la extradición no se convierta en el as mágico en la manga del gobierno ni en la espada de Damocles sobre el cuello de los grupos ilegales que estén negociando.

¿Cómo manejar este tema? Vinculando al gobierno americano a la negociación como parte activa de ella. Que ponga y exponga, que tire y afloje, pero que se juegue en la mesa. Porque de otra manera y con la bendita seguridad jurídica tan débil de este país, o se le mete el diente al asunto con seriedad y con su doliente americano o seguiremos matándonos y tratando de acordar cosas cuyo cumplimiento, al final, realmente no depende de nosotros.

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