02 diciembre 2006

El efecto dominó


Los líos judiciales tienen, por lo general, un efecto dominó. Cuando los delitos han sido cometidos por varias personas, con el primer responsable que cae empiezan a rodar los otros. Ese fue el caso del proceso ocho mil. Con Medina en la cárcel, lo demás se dio solo. Uno a uno fueron cayendo los responsables. Pero bueno, eso es historia patria aunque sirve para ilustrar lo que está por suceder con el nuevo escándalo de la parapolítica.

Con los primeros congresistas presos están cayendo más. Cuando de un sopetón llaman a indagatoria a seis, es porque hay mucha tela qué cortar. Por eso no es tan difícil adivinar que a los parlamentarios les irá mal. Si a estas alturas la Corte Suprema involucra a alguien no es para inhibirse así no más. Por lo menos averiguará más a profundidad antes de salir con una decisión que haga tránsito a cosa juzgada.

Es cierto que la Corte podría no privar de la libertad a los implicados mientras investiga y aún así dejarlos vinculados al proceso penal. Pero hay tres factores que permiten prever que sí los encarcelará. El primero es que si ya lo hizo con unos por lo mismo, resultaría extraño que no lo hiciera con otros. Frente a los mismos hechos, o todos en la cama, o todos en el suelo. ¿No?

El segundo factor para prever carcelazo es que los magistrados saben que cada acción suya es un mensaje para un país ávido de justicia. De hecho, la sociedad empieza a ver a la Corte como una verdadera salvadora de la patria. Porque lo es. Y el tercer factor es que en la comisión de acusaciones de la Cámara decidieron investigar a los magistrados en una maniobra más política que judicial. Se trata de un error de cálculo muy grande. Esa sí que es una pelea mal casada.

El efecto dominó tendrá consecuencias regionales. Porque hasta ahora sólo se está destapando la para-olla de algunos departamentos de la costa. Faltan otros y varios. Y ante el descalabro del proyecto en esa zona,  las culpas y las acusaciones irán y vendrán. Comenzarán entonces a desfilar por las pasarelas de las fiscalías y los juzgados muchos de los grandes cacaos de esos otros departamentos costeños que aún no han sido tocados por la Corte.

Por otro lado, muchos en el norte del país deben estarse preguntando: “Ajá… ¿y por qué todos costeños? ¿Acaso no fueron los cachacos de Antioquia los que se inventaron esta vaina?” Y entonces volverá a aparecer  el efecto dominó. Los que cantarán Tutaina Tuturumaina en la cárcel también cantarán otras cosas. Luego le ayudarán a los técnicos de la Fiscalía a desencriptar la información del computador de Don Berna. Y entonces le sacarán a Antioquia los trapos sucios al sol y veremos una fila de gente prestante haciendo fila en la Corte Suprema de Justicia.

Por último: Álvaro Uribe tiene, ante todo, la gran responsabilidad de apoyar las investigaciones sin que se le desbarate políticamente el país. Y para eso va a tener que armar un nuevo gabinete que represente ya no a los ocho millones de uribistas sino a los 42 millones de colombianos. Porque ya no le corresponde solamente salir airoso frente a la guerrilla. Ahora le corresponde también no dejar morir un país en el que la clase política decidió suicidarse. Claro que para eso tendrá que rodearse mejor. Porque con semejantes amigos ¿para qué enemigos?

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