25 noviembre 2006

¿Y después qué?


El aparato “para” se desmorona y es un simple problema de tiempo antes de que todo termine. ¿Y cuándo va a terminar? Cuando el último político “para” rinda cuentas. Las razones son tres. La primera es que la Corte no se metió en esto para quedarse a mitad de camino. Va a seguir porque su labor es necesaria. De hecho, no se veía hace rato un órgano con la capacidad y el valor de destapar la olla como lo están haciendo los magistrados de la Sala Penal.

Sólo ahora que la Corte está mandando la parada en las investigaciones, los Organismos de control del Estado han prendido motores en la materia. Primero la Procuraduría, que está empezando a investigar la paramilitarización de la función pública y luego la Contraloría, que decidió ponerle el ojo a la contratación estatal regional para ver hasta dónde la plata del Estado ha ido a parar a las arcas de los bloques combatientes. ¿Se imaginan lo que se va a encontrar?

La segunda razón para que la Corte no pare en su búsqueda de la verdad  es que el Presidente parece estar dispuesto a que nada se quede engavetado. Ha llamado la atención para que hasta el último político enredado ponga la cara. Esto es saludable pues, aunque la Corte demostró que no necesita ningún paraguas ni apoyo para hacer lo que está haciendo, que el Ejecutivo se decida a darle un espaldarazo a la investigación es sano para la democracia.

Y la tercera razón para adivinar que la investigación no se quedará a mitad de camino es que los jefes paras, los que bajaron del monte, me refiero, anunciaron que no están dispuestos a dejarse “hacer la cirugía” así como así, paraditos y solitos, sino que quieren que quienes los armaron, impulsaron y se lucraron políticamente de sus acciones, los acompañen en las consecuencias que se deriven de la creación del monstruo que encarnan. Y esto sí es definitivo. Porque su comunicado, más que una noticia de prensa, fue una notificación formal para la clase política paramilitar de que a los jefes de lo bloques se les acabó la paciencia y contarán todo.

Surge así otra pregunta muy importante. ¿Qué tan grande será el hueco que quedará en la política nacional? Muy grande. Porque con las cosas como van la dirigencia de muchos departamentos tendrá que ponerse a dar explicaciones ante los tribunales y tendrá que dejar de lado la política. La actividad proselitista empezará a tener que limpiarse de la influencia paramilitar y tendrá que dar respuestas reales a las necesidades de sus regiones. En ese momento, que no está lejos, habrá una gran oportunidad para que nuevos grupos políticos llenen los espacios vacíos.

El problema es que con la polarización del país esos espacios pueden verse colmados por una política que no entienda que lo que se necesita es una visión de la sociedad que no sea excluyente. En otras palabras, un verdadero centro que tenga análisis en su función pero que no sea personalista. Que entienda que en la vida el gris es a veces un color válido. Y qué mejor oportunidad para empezar esa labor que las próximas elecciones de gobernaciones y alcaldías.

Hay que llenar los espacios que queden con política real y no pasional. Con sueños, pero también con soluciones. Con gente que entienda que el poder no es una religión. Porque más temprano que tarde la parapolítica será parte del pasado. ¿Y después qué? Después tiene que haber un centro. Uno que incluya y no desprecie. Que sea moderado. Sí. Un centro real. Un Nuevo Centro.

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