09 junio 2007

El nuevo amigo

Eso de que la política es dinámica es totalmente cierto. Quienes en un momento eran amigos, por circunstancias de la lucha de poder, terminan enfrentados. Y quienes no lo eran y hasta ventilaban sus disputas en público, pueden terminar abrazándose y haciendo equipo. Esto tiene una explicación y es que la política, como el arte de buscar el poder, es una actividad de intereses individuales (los políticos) o colectivos (los Estados). Y por lo tanto, esos intereses determinan muchas veces con quién se está y cuándo, dependiendo del momento histórico y, sobre todo, de la ideología. Es lo que nos está pasando ahora con Estados Unidos y Europa.

El presidente George Bush y Álvaro Uribe son parecidos en todo. De ahí, precisamente, su identidad. Ambos son de derecha, ambos apoyaron sus respectivas campañas de elección y reelección en la seguridad, ambos son capaces de nadar contra la corriente a pesar de las aguas fuertes. Por eso mientras que Bush mandaba en Estados Unidos, Colombia gozaba de todos los privilegios de hijo preferido. Plata, políticas conjuntas, pocos condicionamientos, etc.

El gran opositor de Uribe, hasta hace poco, era el gran opositor de Bush: Europa. Basta recordar los viajes del presidente colombiano teniendo que enfrentar sillas vacías en el Parlamento Europeo, protestas en las calles, y hasta desplates de los jefes de Estado. Pero, repito, la política es dinámica, y por eso, los amigos de ayer son los contradictores de hoy y quienes antes miraban con desconfianza a Uribe ahora lo felicitan.

Hoy que en los Estados Unidos los que mandan son los demócratas, Uribe pasa las duras y las maduras en Washington. Al Gore le hace desplantes, Nancy Pelosi lo pone a rendir cuentas, le embolatan el Tratado de Libre Comercio, le dan a Colombia tratamiento de hijo calavera. El presidente va y da la pelea, pues es gallito fino, pero eso no basta. Y, para rematar, Barak Obama, aspirante a la Casa Blanca al que no le va nada mal en las encuestas, firma una carta haciéndole el feo y sacándole trapos al sol.

Contrasta esto con la posición del Grupo de los ocho países más fuertes del mundo reunidos en Alemania. El recientemente elegido presidente francés, Nicolás Sarcozy, ha liderado la iniciativa de que, desde la cumbre del G8, se aplauda a Uribe por su iniciativa de excarcelar a los guerrilleros de las FARC como gesto de buena voluntad. Con el resultado del viaje a Estados Unidos esto es importante para Uribe desde el punto de vista político. En el fondo de todo está que Ingrid Betancur es francesa, pero sin duda, el fuerte componente conservador del grupo juega un papel.

La semana deja, entonces, un nuevo escenario político para el presidente Uribe. Los amigos de entonces, los americanos, le reclaman. Y quienes lo atacaban, lo aplauden. Por eso es momento de virar hacia el viejo continente y hacerse al lado de quienes allí cierran filas con Colombia. Sin embargo, las agendas en Europa son más complicadas, tienen un mayor componente social, implican un mayor esfuerzo diplomático. Por eso no es raro que las relaciones con los países europeos se afiancen ahora mucho más. Europa es el nuevo amigo. Uribe lo sabe, lo entiende y, por eso, veremos mucho más énfasis en la relación con el Viejo continente. Así será, por lo menos, mientras se sabe cómo quedamos cuando termine la campaña a la presidencia en los Estados Unidos y tenga que replantearse la política de la relación con ese país.

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