En medio de todo este impulso unilateral a favor del intercambio humanitario que, ojalá me equivoque, terminará en una nueva frustración al no ser producto del acuerdo, camina lentamente la moción de censura contra el ministro Juan Manuel Santos. Las causas de la moción son principalmente el manejo del escándalo de las interceptaciones ilegales, el malestar de Venezuela y la supuesta conspiración para tumbar a Samper.
La salida de los 10 generales de la policía por la chuzada de teléfonos se hizo sin explicaciones mayores. Sin embargo, no se aclararon quiénes fueron los responsables, quiénes en realidad las víctimas, y menos cómo se supo del tema. Por eso en la opinión quedó la sensación de que el gobierno esconde algo. Y por eso la oposición se fue lanza en ristre contra el ministro.
Sobre la molestia de Venezuela contra Santos, pues es natural que exista. Santos públicamente aplaudió la caída de Chávez en el golpe y eso al presidente venezolano no se le olvida. Sin embargo, esa no puede ser razón para que Santos salga. ¿De cuándo a acá un gobierno extranjero pone y quita ministros?
Respecto de la conspiración de 1997 contra Samper, debe verse la cosa desde los puntos de vista político y el judicial. En lo político es evidente que era una salida válida para hacer la paz y recuperar la institucionalidad de un país aislado y tan profundamente en crisis. Claro, a los samperistas no les gustaba porque pasaba por la salida de su jefe por la puerta de atrás. Pero la verdad es que, de haber resultado, la historia del país hoy sería otra. Plantea Juan Fernando Cristo que si hoy se hiciera lo mismo la reacción del gobierno sería fuerte y radical. Pero en aquel entonces también lo fue. Samper se atornilló al gobierno. La verdadera diferencia es que en ese momento Santos era oposición y hoy es gobierno.
En lo judicial es absurdo hacer de la actitud de Santos un caso penal. Se proponía la renuncia de Samper; su salida era institucional en favor de la paz. Cuando un presidente se cae por política hay un presidente débil pero no un delito. Otra cosa es que lo saquen a través de las armas pero, en este caso, se trataba de silenciar los fusiles y no de usarlos. Esa la razón por la cual el tema no se judicializó nunca a pesar de ser público. Si Samper sintió que había delito, ha debido denunciarlo y el Fiscal de entonces ha debido el proceso y no lo hizo.
Pero pasemos a la política. Las cuentas alegres dicen que el Polo y el liberalismo no alcanzan solos a tumbar al ministro, y que por lo tanto, el éxito de la moción de censura está en manos de Cambio Radical. Si los congresistas de Germán Vargas deciden apoyarla, habrá mayoría. Esto le da a Germán un poder de negociación inmenso. Puede negociar con Uribe y salvar a Santos (si eso es lo que Uribe quiere), puede negociar con Santos y puede negociar con la oposición. Lo que es claro es que, de la decisión que tome, dependerá su futuro político. Porque Juan Manuel saliendo bien de la crisis termina crecido y como principal contendor de Vargas Lleras en su carrera por la presidencia. Por eso vale la pregunta: ¿Qué ira a pasar?
La salida de los 10 generales de la policía por la chuzada de teléfonos se hizo sin explicaciones mayores. Sin embargo, no se aclararon quiénes fueron los responsables, quiénes en realidad las víctimas, y menos cómo se supo del tema. Por eso en la opinión quedó la sensación de que el gobierno esconde algo. Y por eso la oposición se fue lanza en ristre contra el ministro.
Sobre la molestia de Venezuela contra Santos, pues es natural que exista. Santos públicamente aplaudió la caída de Chávez en el golpe y eso al presidente venezolano no se le olvida. Sin embargo, esa no puede ser razón para que Santos salga. ¿De cuándo a acá un gobierno extranjero pone y quita ministros?
Respecto de la conspiración de 1997 contra Samper, debe verse la cosa desde los puntos de vista político y el judicial. En lo político es evidente que era una salida válida para hacer la paz y recuperar la institucionalidad de un país aislado y tan profundamente en crisis. Claro, a los samperistas no les gustaba porque pasaba por la salida de su jefe por la puerta de atrás. Pero la verdad es que, de haber resultado, la historia del país hoy sería otra. Plantea Juan Fernando Cristo que si hoy se hiciera lo mismo la reacción del gobierno sería fuerte y radical. Pero en aquel entonces también lo fue. Samper se atornilló al gobierno. La verdadera diferencia es que en ese momento Santos era oposición y hoy es gobierno.
En lo judicial es absurdo hacer de la actitud de Santos un caso penal. Se proponía la renuncia de Samper; su salida era institucional en favor de la paz. Cuando un presidente se cae por política hay un presidente débil pero no un delito. Otra cosa es que lo saquen a través de las armas pero, en este caso, se trataba de silenciar los fusiles y no de usarlos. Esa la razón por la cual el tema no se judicializó nunca a pesar de ser público. Si Samper sintió que había delito, ha debido denunciarlo y el Fiscal de entonces ha debido el proceso y no lo hizo.
Pero pasemos a la política. Las cuentas alegres dicen que el Polo y el liberalismo no alcanzan solos a tumbar al ministro, y que por lo tanto, el éxito de la moción de censura está en manos de Cambio Radical. Si los congresistas de Germán Vargas deciden apoyarla, habrá mayoría. Esto le da a Germán un poder de negociación inmenso. Puede negociar con Uribe y salvar a Santos (si eso es lo que Uribe quiere), puede negociar con Santos y puede negociar con la oposición. Lo que es claro es que, de la decisión que tome, dependerá su futuro político. Porque Juan Manuel saliendo bien de la crisis termina crecido y como principal contendor de Vargas Lleras en su carrera por la presidencia. Por eso vale la pregunta: ¿Qué ira a pasar?
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