12 mayo 2007

El derecho a la verdad

Esta fue una de las semanas con más hechos políticos desde que empezó el año. Dentro del mar de acontecimientos cabe resaltar, sobre todo, dos. El primero es la metida de pata del vicepresidente Santos quien, la iba embarrando como nunca. Salió a decir que las relaciones con Estados Unidos deberían ser revisadas si no nos ayudan y esto cayó muy mal. Ya teníamos suficiente con Gore y Pelosi en contra como para rematar ahora con semejante chambonada. Por ponerse a hablar más de la cuenta, le pegó una innecesaria pedrada en el ojo a los americanos.
Como si fuera poco, en su afán mediático, Santos causó también una tormenta en el congreso. Dijo que estaba seguro de que la tercera parte de los parlamentarios terminará pagando cárcel por enredos con los paras. Claro, se le iba embolatando la coalición de gobierno y pues le tocó recular y aguantarse un regaño presidencial.
Pero esto último no es sólo una chambonada vicepresidencial sino que del episodio surgen preguntas. ¿Qué información tiene el vicepresidente realmente sobre los congresistas? ¿Es información que interesa a la justicia? Ojo, porque las consecuencias políticas de la declaración no pueden ser un obstáculo y muchos menos un pretexto para que esa información no llegue a manos de los jueces.
El segundo hecho para resaltar esta semana es la declaración de Mancuso a Un Pasquín (www.unpasquin.com). Dijo que hay mucha gente queriendo que no cuente cómo se dio el amarre pecaminoso entre los paras y la sociedad. La conclusión, entonces, es tremenda: la clase dirigente de Colombia le tiene miedo a la verdad.
Es temor de esos colombianos que un día decidieron amancebarse con los paras, se contrapone al derecho de muchos otros a conocer la verdad. Son gentes que tienen derecho a una verdad como individuos y como cuerpo colectivo. Cada víctima tiene derecho a saber qué fue lo que afectó su vida, qué le causó daño y cuáles fueron los hechos reales que determinaron su menoscabo actual.
También como sociedad, Colombia tiene derecho a la verdad porque es algo que determina su historia. Hay derecho a saber que hay un conflicto armado y cuáles fueron sus causas. A que no se nos diga lo contrario como si fuéramos estúpidos, a saber quiénes financiaron los primeros guerrilleros hace cincuenta años, quiénes siguieron en la guerra desde los escritorios de las ciudades y quiénes apoyaron a los paras de hoy. Derecho a la verdad colectiva histórica se llama eso.
Pero la verdad no es sólo para el pasado sino también para el futuro. Porque de ahí surgirán responsabilidades que, necesariamente, juegan hacia adelante. El país tiene derecho a saber si quienes se presentan ante él como candidatos han estado bebiendo del mismo caldo que los paramilitares.
Mancuso hablará ante los tribunales esta semana. Ojalá diga todas esas verdades que, aparentemente, tantos quieren que calle. Existe la posibilidad de que, finalmente, se honre el derecho a la verdad individual y colectiva. Pero también la de que la entrevista de Mancuso sea un simple aviso para que, de alguna manera, los poderoso terminen ayudándoles a los paras a resolver su situación personal. Ojalá que no.

No hay comentarios: