Se han oído voces diciendo que hay que perdonar a todo el mundo, con una amnistía general. Otras han pedido una ley de punto final para los políticos, porque, se dice, sólo actuaron conforme a la realidad de sus regiones. El Presidente, sin embargo, le salió al paso a todos. Habló ayer y dejó sobre la mesa un plan para sacar al país del caos.
El planteamiento, desde el punto de vista macro, consiste en convertir la crisis actual en una oportunidad para la paz. Por eso, dentro del contexto general del planteamiento, hay iniciativas distintas para paramilitares, parapolíticos y guerrilleros. En general, las ideas son valiosas y tienen, sin duda, la gran voluntad de alcanzar la reconciliación. Sin embargo, algunas de ellas son mucho más complejas de aplicar que otras y por eso es necesario analizarlas independientemente.
Los paramilitares están entregados. Mejor dicho, ya entraron en un proceso, aparentemente sin reversa, que está caminando. La vía ha sido la Ley de Justicia y Paz. Al fin y al cabo, este marco jurídico fue hecho a la medida para ese grupo ilegal, así permita que se aplique a otros. Esta es la solución ideal frente a los ‘paras’, parece, pero veo difícil que lo sea también para parapolíticos y, mucho más, para la guerrilla.
En el caso de los parapolíticos, el planteamiento es la excarcelación a cambio de la verdad. Como idea no es mala. Sin embargo, se pone sobre el tapete la interrupción de los procesos judiciales y, por lo tanto, el sacrificio del impulso que hasta ahora lleva la Justicia. La pregunta que surge, entonces, es si el precio de la paz es, en algo, la impunidad. Y la respuesta es que de otra manera esa paz no se lograría. Mejor dicho, con tantos daños que causa la guerra es imposible que haya una paz perfecta. El que haya una muerte política para los implicados, en algo compensa la cosa.
Respecto de la guerrilla, creo que todo es distinto y mucho más complicado. A pesar de la sensación general de seguridad fruto de la política del Gobierno en esta materia, la guerrilla parece no estar derrotada. Esto lleva a que las concesiones y los actos de buena voluntad puedan no tener la respuesta esperada. Una excarcelación de guerrilleros presos, como la que dijo el Gobierno que hará, es algo difícil políticamente y sin duda muestra voluntad del Presidente. Pero la experiencia indica que, si no se negocia, si se realiza un acto unilateral, podemos estar en el umbral de una nueva frustración. Ojalá no fuera así. Ojalá esta vez se lograra el intercambio humanitario como prolegómeno de un proceso de paz.
Si todo funciona podría llegarse a buen puerto. Pero echo de menos alguna salida para los miembros de la fuerza pública involucrados en paramilitarismo. No parece lógico, dentro del esquema planteado por Uribe, que se les deje por fuera de este plan. Al fin y al cabo, ni son paras puros, ni son parapolíticos ni tampoco son guerrilleros. ¿Entonces? ¿Cuál es la iniciativa para ellos?
No hay comentarios:
Publicar un comentario