19 mayo 2007

Semana movida

Esta semana hubo tres hechos políticos que revolcaron todos los avisperos. El primero fue la declaración de Mancuso ante la justicia, en la que habló de lo divino y lo humano. El segundo fue la noticia de que, desde hace más de dos años, las autoridades venían pinchando los teléfonos de políticos, periodistas y empresarios. Y el tercero, la propuesta pública del gobierno de liberar guerrilleros de las Farc a fin de facilitar el intercambio humanitario.
Mancuso divulgó que el paramilitarismo era una política de Estado, denunció pagos de empresas y acusó al vicepresidente de haberle propuesto la creación de un bloque para Bogotá. Sin embargo, los testimonios del comandante tienen que tener algún otro tipo de soporte para poder gozar de credibilidad. Porque, hasta ahora, sólo hay certeza de algo que no es reprochable sino digno de aplauso: que, ante la crisis en la que estaba el país durante el gobierno de Samper, Juan Manuel Santos le propuso un plan integral de paz que, hoy se ve, habría cambiado la historia del país.
Habrá que ver con qué se vienen los demás comandantes que, pareciera, no están dispuestos a seguir callados. Es probable que Jorge 40 siga con el ventilador y resulte manchada mucha más de la dirigencia política de los departamentos de la costa. En el caso de El Alemán, muchos políticos antioqueños ya están temblando. Y así pasará con cada comandante y con cada región.
Respecto de la pinchada de teléfonos, hay que darle crédito al gobierno por haber destapado la olla como lo hizo. Pero esto no puede quedarse ahí. Es importante que se sepa quién y por orden de quién se grabó. También, que se conozca la lista de las personas a las que les hicieron las grabaciones. Esas personas tienen derecho a saber que las grabaron y a que se les devuelvan las grabaciones de sus conversaciones. Es difícil devolverle a alguien la intimidad rota, pero esta es una manera de empezar a hacer justicia.
Sobre la iniciativa del gobierno de liberar guerrilleros, hay que decir varias cosas. Lo primero es que quedó claro que Yolanda Pulecio, la mamá de Ingid, tenía razón. Dijo que la experiencia muestra que, sin negociación previa, la voluntad de Uribe no basta y que la liberación de los guerrilleros no llevaría a las Farc a liberar a los secuestrados. Y, preciso, las Farc dijeron que no. Uribe ha dicho que insistirá en el recate militar y me parece algo propio de su carácter decidido. Pero, mirando la experiencia hasta ahora, es fácil adivinar ni el rescate tendrá éxito, ni las Farc cambiarán de posición.
El policía John Frank Pinchao se les escapó a las Farc después de nueve años de cautiverio y lo que contó es aterrador. Esta es una prueba más de la necesidad de hacer el intercambio cuanto antes. Con las experiencias de las iniciativas frustradas, con el conocimiento del comportamiento de las partes en conflicto en estas situaciones, con Francia estrenando un nuevo presidente decidido a jugarse el todo por el todo en esta materia, el terreno está abonado para negociar el intercambio.
El acuerdo humanitario sería bueno por las víctimas, que volverían a sus casas. Por el país, porque volvería a tener esperanza. Y por la paz, porque podría ser el principio de un proceso de reconciliación serio y con vocación de éxito. Además valdría la pena que el momento nacional tuviera un ingrediente amable y distinto del de la parapolítica. Y cuál mejor que el de la libertad.

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