23 junio 2007

Enlamala.com

Desde el miércoles pasado varios usuarios de Internet empezaron a experimentar fallas en el servicio. Un pesquero de profundidad, en las aguas de Centroamérica, dañó el cable Arcos, que conecta con fibra óptica los países del Caribe, las Antillas y Centroamérica con los Estados Unidos. Esto hizo que el tráfico internacional de datos (lo que se envía y se recibe por Internet), se viera muy disminuido. El acceso a servidores fuera de Colombia, principalmente a los localizados en los Estados Unidos y Europa, fue totalmente intermitente, y en algunos casos, imposible.

La falla es la tercera del año y es ya un campanazo que puso sobre la mesa una realidad: que Colombia no está preparada para un apagón de Internet de magnitudes importantes. Posiblemente no se tengan datos concretos de las pérdidas que generó este hoyo negro que, realmente, fue pequeño. Al fin y al cabo en muchos negocios es difícil calcular el porcentaje de importancia de la red en el proceso de producción. Pero quedó claro que, si se cayera Internet por largo tiempo, el país podría quedar en buena parte, paralizado.

La razón es muy sencilla. La importancia de la red es que acorta distancias y velocidades. Y en un mundo globalizado, como el nuestro, eso se mide en dinero. Por eso la conectividad marca la diferencia. La comunicación rápida y eficaz se utiliza mayormente para interrelacionarse con otros países y mantener el flujo económico y las cadenas de producción en las compañías. Por eso, que el servicio se corte y se paralice el intercambio de información con el extranjero, resulta caótico.

Los más importantes proveedores de Internet entendieron esto y están abriendo los ojos. Si en este momento del país, en el que el comercio electrónico es incipiente, ocurre semejante cosa por cuenta de un barco pequero en Nicaragua, ¿cómo será cuando el comercio electrónico tenga un porcentaje mayor en el componente económico de la nación? ¿Qué va a pasar cuando las bolsas de valores estén interconectadas y los giros bancarios viajen en un mayor volumen por fibra óptica? Ya los operadores están buscando soluciones que permitan estar preparados para una futura situación similar o más grave. Esperemos que las encuentren pronto.

Pero no debe ser sólo la empresa privada la que entienda esta realidad y le busque soluciones, sino que hay que entender que la conectividad hace parte de la seguridad nacional. Así como el petróleo es un bien que requiere el país para subsistir, así como la energía eléctrica y el agua no pueden faltar al ser bienes y servicios de primera necesidad, Internet también debe estar en un puesto privilegiado en la agenda de los gobiernos locales y nacional.

Desde el Estado debe asegurarse la conectividad a fin de mantener los niveles de producción de la economía. Y para eso se necesita revisar la dependencia de nuestro país de las responsabilidades ajenas. Hay que ser autosuficientes en materia de interconexión de datos y por eso no es una locura pensar en tener cables submarinos propios o contratos de suministro exclusivos, que nos permitan estar tranquilos en esta materia.

Colombia es un país que no se cansa de pensar en tecnología. Pero ahí debe estar presente la conectividad nacional, como parte fundamental de la supervivencia del Estado. De lo contrario, podríamos volver en cualquier momento a quedar fuera de línea por algún accidente o, lo que es peor, que la conectividad empiece a ser un factor de presión política. ¿Se imaginan eso? Ojo porque en materia política, en el continente, el palo no está para cucharas. Y si la interconexión empezara a depender del vaivén de los intereses de poder de la región, ahí sí podríamos quedar todos y, definitivamente, fuera de línea.

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