En medio del caos de la guerra, del agite político del país, del dolor que nos causa a todos la muerte de los diputados del Valle, la Revista Semana cumple 25 años. Muchos han elogiado su función dentro de la política actual, su participación como actor real de buena parte de la historia patria del último cuarto de siglo y su papel vital en la sociedad. Y es apenas natural, porque cuando se piensa en Semana, se piensa en política. Pero se va más allá. Porque se trata de una revista que no se lee sólo para saber qué está pasando, sino también para saber y entender que es lo qué va a pasar.
El éxito de Semana tiene nombre propio: Felipe López Caballero. Es su fundador y ejerce su función de Publisher como un controlador de vuelo que, desde la torre de control, logra guiar al piloto a buen puerto a través de una tormenta. Ojo, Colombia es país de tormentas, especialmente en lo político. Y Felipe interpreta bien los factores de vuelo de la nación. Cada día, con la ayuda de Mireya Durán, su maravillosa e incansable secretaria, Felipe va urdiendo la siguiente edición de la revista Semana que siempre da de qué hablar.
Pero Felipe no sólo es controlador en tierra. También se sube al avión y pilotea cuando hace falta. Hace llave con su director en una relación en la que, muchas veces hay enfoques distintos, pero al final, siempre se funde todo para el lector en una sola voz. Esto enriquece el contenido. Pero Felipe, también ejerce otro papel. De encontrarlo necesario, no duda en ponerse, lápiz en mano, a hacer reportería para encontrar lo que busca o considera que hace falta. Una especie de asistente de vuelo en su propio avión.
Precisamente, conocí a Felipe en ese papel. En razón de mi profesión de abogado, debí responder unas preguntas para la revista sobre un tema político que fue titular durante algunos años. Y el reportero, fue él. Desde entonces lo admiro en lo profesional y en lo personal. Fue Felipe, precisamente, quien me hizo periodista de prensa escrita. Desde ese día me enseñó la magia de las frases cortas y de los puntos seguidos. Gracias a él aprendí a pensar en el lector, la importancia de algunos títulos y, sobre todo, el poder del análisis. En el proceso nos volvimos amigos. Luego me convirtió en el editor político de su revista, donde me inicié en este oficio y pude tener una experiencia muy grata: vivir Semana por dentro.
Pero el éxito de los vuelos también es del piloto. En sus años al frente de la dirección de Semana, Alejandro Santos ha sabido manejar el avión impecablemente. Sabe leer con precisión el aire político, interpretar los vientos del poder y logra cuajar siempre una revista indispensable. En los últimos años ha integrado un equipo de mucho peso a la hora de analizar la coyuntura para prever qué puede pasar. Y, sobre todo, ha mostrado aplomo y ecuanimidad en un país y en una labor en los que, por puro instinto de conservación, es difícil no tener agenda propia. La agenda de Alejandro, cada día entre lunes y domingo, se llama Semana. Desde aquí, van para él y su equipo, mi saludo, mi reconocimiento y mis felicitaciones.
A Felipe López, feliz cumpleaños, porque él es la revista. Y, también, muchas gracias por todo. Entre otras cosas, porque fue quien me presentó a Gonzalo Córdoba, quien me trajo a esta casa mía que es El Espectador, donde he podido poner en práctica lo que aprendí en la revista Semana.
El éxito de Semana tiene nombre propio: Felipe López Caballero. Es su fundador y ejerce su función de Publisher como un controlador de vuelo que, desde la torre de control, logra guiar al piloto a buen puerto a través de una tormenta. Ojo, Colombia es país de tormentas, especialmente en lo político. Y Felipe interpreta bien los factores de vuelo de la nación. Cada día, con la ayuda de Mireya Durán, su maravillosa e incansable secretaria, Felipe va urdiendo la siguiente edición de la revista Semana que siempre da de qué hablar.
Pero Felipe no sólo es controlador en tierra. También se sube al avión y pilotea cuando hace falta. Hace llave con su director en una relación en la que, muchas veces hay enfoques distintos, pero al final, siempre se funde todo para el lector en una sola voz. Esto enriquece el contenido. Pero Felipe, también ejerce otro papel. De encontrarlo necesario, no duda en ponerse, lápiz en mano, a hacer reportería para encontrar lo que busca o considera que hace falta. Una especie de asistente de vuelo en su propio avión.
Precisamente, conocí a Felipe en ese papel. En razón de mi profesión de abogado, debí responder unas preguntas para la revista sobre un tema político que fue titular durante algunos años. Y el reportero, fue él. Desde entonces lo admiro en lo profesional y en lo personal. Fue Felipe, precisamente, quien me hizo periodista de prensa escrita. Desde ese día me enseñó la magia de las frases cortas y de los puntos seguidos. Gracias a él aprendí a pensar en el lector, la importancia de algunos títulos y, sobre todo, el poder del análisis. En el proceso nos volvimos amigos. Luego me convirtió en el editor político de su revista, donde me inicié en este oficio y pude tener una experiencia muy grata: vivir Semana por dentro.
Pero el éxito de los vuelos también es del piloto. En sus años al frente de la dirección de Semana, Alejandro Santos ha sabido manejar el avión impecablemente. Sabe leer con precisión el aire político, interpretar los vientos del poder y logra cuajar siempre una revista indispensable. En los últimos años ha integrado un equipo de mucho peso a la hora de analizar la coyuntura para prever qué puede pasar. Y, sobre todo, ha mostrado aplomo y ecuanimidad en un país y en una labor en los que, por puro instinto de conservación, es difícil no tener agenda propia. La agenda de Alejandro, cada día entre lunes y domingo, se llama Semana. Desde aquí, van para él y su equipo, mi saludo, mi reconocimiento y mis felicitaciones.
A Felipe López, feliz cumpleaños, porque él es la revista. Y, también, muchas gracias por todo. Entre otras cosas, porque fue quien me presentó a Gonzalo Córdoba, quien me trajo a esta casa mía que es El Espectador, donde he podido poner en práctica lo que aprendí en la revista Semana.
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