02 julio 2006

Ola ¿Qué más?


Se vendió Ola. Bueno, o por lo menos su control. Bogotá y Medellín sentirán el alivio de tener un socio con buena billetera. Como consecuencia, las respectivas empresas de telecomunicaciones descansarán un poco de la gran carga económica que les estaba tocando asumir para permanecer en la guerra de la telefonía móvil.

Pero lo económico no es lo único que hace de la operación un gran acierto. Con la entrada del socio estratégico también se hace viable la compañía desde el punto de vista de su permanencia en el negocio. Se dispondrá de recursos para atender un pasivo que cada vez era mayor y también de plata fresca para mantener el ritmo de gasto que se requiere.

No es que Ola no viniera siendo un actor importante en el mercado de telefonía móvil. Claro que lo ha sido y, de hecho, ha metido varios goles. Basta recordar que fue tan exitosa su promoción inicial, que en poco tiempo se desbordó su capacidad técnica y administrativa. La compañía salió airosa de esta crisis y a la postre alcanzó sus metas de ventas. Pero hacía falta la platica para seguir en la batalla y finalmente llegó.

Algunos han criticado la operación pues sostienen que Ola era el único operador cuya propiedad era en su totalidad colombiana y que esa identidad se perdió. Pero esta crítica parte de un nacionalismo que desconoce el mercado. En un universo en el que la comunicación entre los polos de la tierra depende de la velocidad con la que marque un número, este argumento es una ingenuidad. Es como si Santa Fe rechazara tener a las estrellas del Real Madrid por ser jugadores extranjeros.

En Colombia juegan los actores más importantes del mundo en materia de telefonía celular y eso es importante. La competencia es dura y tiene consecuencias positivas, especialmente para el consumidor. Una es que estamos a la vanguardia en tecnología. Cada día hay más innovación y son más los servicios a los que un colombiano cualquiera tiene acceso con su celular. Los mensajes de texto son un ejemplo claro.

Los bajos precios han masificado la telefonía móvil. El celular es prácticamente un artículo de la canasta familiar. Lideramos la carrera de la venta de celulares en el continente. Vemos el celular como algo personal. Cómo suena, dónde lo llevamos, para qué lo usamos, etc., se ha convertido en parte de nuestra personalidad. Hoy nos interrelacionamos de manera distinta. Hasta de serenatas por celular he tenido noticia. Por todo esto, para las compañías de telecomunicaciones nuestro país es un gran mercado.

Con este panorama, que Ola se haya viabilizado, es importante. Pero ahora viene lo bueno. Se espera que los portafolios de productos y servicios se amplíen a paquetes que incluyan soluciones integrales de comunicación. Y una vez más, el gran beneficiado será el consumidor. Por eso, bien por Bogotá y Medellín, bien por Ola y bien por sus competidores. Queda en el aire una pregunta: ¿se mantendrá la marca Ola o se presentará al público la compañía con otro nombre? Una decisión nada fácil de tomar y para la cual habrá que esperar.

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