El primer recuerdo que tengo del Perú es el de Teófilo Cubillas cobrando un tiro libre en Argentina 78. Gol. La línea roja diagonal en la camiseta se me grabó en la frente y desde entonces empecé a admirar ese país. Luego vino lo apasionante de su política. Tanto ir y venir en materia de poder. El último episodio, acaba de posesionarse por segunda vez (ojo: no consecutiva) Alan García como su presidente.
Cuando “el cholo” Toledo se enfrentó a García en 2001 sucedieron dos cosas. La primera fue que llegó la esperanza de un país mejor luego del desastre de Fujimori. Y la segunda es que García asombró al mundo. Luego de ser uno de los presidentes más desprestigiados del continente y de pasar por los rigores del exilio, casi gana otra vez.
Era el anuncio de que no estaba acabado. Durante los años en que Toledo se dedicó a reconstruir el país García logró una fuerza importante. Supo esperar y ante el temor que despertó Ollanta Humala, García también metió un gol: ganó las elecciones.
Toledo y García tienen más similitudes que diferencias. Toledo peleó en las calles y probó el polvo de los andenes cuando el régimen de Fujimori le robó las elecciones y le echó el ejército encima. García mientras tanto sufría los rigores del exilio. Los dos se formaron dentro de esquemas académicos similares. Son inteligentes y carismáticos. Ambos creen que la vida les dio la oportunidad histórica de salvar a su país.
Cuando asumió Toledo las esperanzas estaban puestas en él. El Perú tenía destrozada la gobernabilidad y la corrupción reinaba en todos los estamentos. La política olía a alcantarilla y “el cholo” supo lidiar la situación. Las expectativas eran enormes y tal vez por eso no las colmó. Pero le entrega a García un país posible. Como sucede a menudo en la vida entre rivales, con el tiempo alguno termina pasándole la antorcha al otro.
Alan García tiene tres retos importantes. El primero es que debe cumplirle a su partido. La consolidación de los partidos políticos en las democracias adolescentes es un signo positivo. La del APRA lo es para el Perú. Pero ese proceso no comienza con la posesión presidencial sino cuando culmine el gobierno y se mida su gestión.
El segundo reto es con el pueblo peruano. La reconstrucción no está terminada. Hay mucho por hacer y poco lugar para equivocarse. En lo externo también hay trabajo. Perú será un jugador importante en el pulso entre ideologías que se libra en el continente.
El tercer reto de García es cumplirse a si mismo. Tiene un historial de errores por corregir y lo sabe. A pocos políticos la vida les da la segunda oportunidad de estar en el poder después de besar la lona. Por eso, sin duda, muchas de sus actitudes serán diferentes a las del pasado.
Después del gol de Teófilo Cubillas pasó el tiempo y vino mi gusto por la música de Chabuca Granda. También por el ceviche peruano. Empecé a moverme entre “La flor de la canela” y el Pisco. Bueno, y cómo no, también a soñar con el “suspiro de limeña”. No me refiero a una mujer. Es un postre. Se los recomiendo. Es una maravilla que en Bogotá se come en un sitio que se llama Mi Perú.
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