02 julio 2005

Hechos y palabras

Dice un amigo mío que las palabras son las palabras y los hechos son los hechos. La frase, simple y sabia, tanto como aquella de Pambelé de que es mejor ser rico que pobre, tiene plena vigencia frente a dos temas importantes de la política esta semana. El primero es la reciente discusión sobre la actitud que ha tomado el Ecuador ante al problema fronterizo con nuestro país y el segundo es la concepción que tiene el gobierno colombiano de la guerra.

En el primer tema hay que decir que las relaciones internacionales entre Estados están marcadas por formas y maneras. Esto lo llaman los entendidos, diplomacia. La diplomacia es, al fin y al cabo y siguiendo la frase de mi amigo, simple palabrería bonita. Y las palabras son las palabras, que en este caso pueden ir y venir, pero los hechos son los hechos que siempre están en frente: los ecuatorianos sienten que los colombianos cruzan la frontera para delinquir y que la visa es una solución. No es raro entonces que en unos meses el requisito de la visa sea una realidad.

Sin embargo, y aquí es donde se equivoca el gobierno ecuatoriano, la visa para los colombianos no va a solucionar el problema. Ningún delincuente va a utilizar los canales regulares para llegar al vecino país. Si el inconveniente fuera de inmigración, como lo era con Costa Rica o España, vaya y venga. Pero no. Por eso el argumento ecuatoriano de que con la visa habrá más control termina siendo chimbo. Por el contrario, y en esto tiene razón nuestra canciller, se van a entorpecer mucho las relaciones comerciales.

En el segundo tema, en el de la concepción que tiene el gobierno nacional de la guerra, la cosa frente al Ecuador funciona así. Los ecuatorianos dicen que se mantienen neutrales frente al conflicto armado y los colombianos contestamos que ningún país puede ser neutral frente al terrorismo. Aquí, evidentemente, el problema es de percepción. Para el Ecuador hay una confrontación bélica entre dos partes, mientras que para Colombia hay una amenaza terrorista.

Las palabras son las palabras. Diciendo que el conflicto no existe el gobierno presenta la guerra como un simple tema de policía que tiene su raíz en el ánimo de lucro ilegal y en la voluntad de crear pánico y zozobra. Pensar así puede ser bueno para el ánimo nacional e incluso para la economía. Pero los hechos son los hechos. Esta guerra nuestra tiene un componente social muy profundo. Entendiendo la cosa en su justa proporción, se podría decir que se trata de una particular lucha de clases desde la ilegalidad armada.

Desconocer las realidades no siempre es malo. Muchas veces en la vida pensar que lo que es no es, puede llevar a sobrellevar mejor una pena, a ver más lindo el panorama, a pasar mejor un trago amargo. Pero en la política la cosa es diferente y más cuando lo que está de por medio es la defensa de la Nación. Rendirle culto a las palabras es tan peligroso que puede llevar a cerrar los ojos frente a la realidad y por lo tanto a equivocaciones muy costosas. Es que al final las palabras, nos guste o no, siempre se estrellan contra los hechos.

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