02 abril 2005

¿Qué nos pasa?

La reciente visita de Rodríguez Zapatero permite hacer algún tipo de paralelo entre la política en España y Colombia. Es cierto que ambos países tienen gobiernos ideológicamente distanciados y formas de Estado y de gobierno distintas, pero no menos cierto es que también tienen un marco constitucional en el que los principios y los valores supremos, heredados en ambos casos del constitucionalismo alemán, se identifican.

En España la lucha es ideológica, partidista y parlamentaria. En Colombia las ideologías se definen en torno al tratamiento que se le da a la guerra y a la relación con los Estados Unidos. Hasta ahora estamos aprendiendo para qué sirven nuestros partidos políticos que están tan desprestigiados que a mucha gente le da vergüenza identificarse con ellos.

En la Madre Patria el escenario natural del debate público es el parlamento. Aquí el en el Congreso escasamente se definen políticas de Estado. Allí los medios de comunicación son el canal que permite que la política llegue a la gente mientras que en nuestro país la gente, lo único que no quiere en los medios, es política.

Para los políticos españoles, independientemente de cuál sea su postura ideológica, la constitución es sagrada. Lo fundamental está aceptado, definido, y no tiene discusión. En el marco de la constitución se dan las batallas, siempre ciñéndose a sus postulados y nunca pretendiendo desconocerlos. Allí al Control constitucional se le admira; aquí se le presiona y hasta se le burla.

En Colombia, mientas tanto, para muchos políticos la Constitución es un obstáculo para su actividad y por eso la irrespetan de pensamiento, palabra, obra y omisión. Para la muestra dos botones. El primero, la propuesta de Mario Uribe, el primo del presidente, de votar por Uribe en las próximas elecciones así no haya reelección. Por Dios, ¿Qué nos está pasando? Este planteamiento no sólo es una absoluta locura sino además es un total irrespeto a la democracia, la constitución y el electorado. ¿Hasta dónde están dispuestos a llegar los amigos del presidente?

La segunda perla que adorna esta corona del ridículo es la propuesta de la castración para los violadores. La idea es absolutamente inconstitucional y atenta contra los tratados internacionales. A propósito, ¿cómo se aplicaría si la delincuente es una mujer? ¿Con la ablación? ¿Será que lo que sigue es proponer que a los ladrones les corten las manos? ¿Para qué el derecho penal que tanto le ha costado desarrollar a la humanidad?

Lamentablemente a muchos políticos criollos les es muy difícil aceptar que la constitución no es un simple discurso bienintencionado sino una verdadera norma con superioridad jerárquica que los obliga. Los españoles lo entienden y lo han asimilado en su vida como algo que no se discute. En Colombia, sin embargo, parece que a algunos los dejó el tren de la historia y todavía sueñan con los tiempos en que el poder y las razones de Estado estaban por encima del derecho y de la dignidad de la persona humana. Una verdadera vergüenza.

No hay comentarios: