15 abril 2005

Los tres mosqueteros

En Colombia sólo tres personas están haciendo verdadera política: Uribe, López y Gaviria. El presidente anda en campaña por cuenta propia cada fin de semana en los consejos comunitarios, y por cuenta ajena, a través de sus voceros. El botón de muestra, Fabio Echeverry ante la grabadora de María Isabel Rueda: desafiante, duro, fiel representante de quienes tienen por Uribe esa admiración mesiánica que tanto daño le ha hecho a él y al país.

López, por su parte, anda convertido en todo un profesor de política contemporánea. Lúcido, visionario, parte de lo fundamental para hacer sus planteamientos. Le recuerda constantemente al gobierno y a buena parte del Congreso que la constitución no es un catálogo de buenas intenciones, que hay distintos sistemas de gobierno, que para poder hablar de reelección es necesario replantear el Estado.

Pero no para ahí. Repite constantemente, afortunadamente, que la humanidad ha aprendido de sus errores, que por eso ha creado normas de convivencia recogidas en las instituciones de derecho internacional y que esas normas y esas instituciones tienen validez. Y algo más: que todos esos son, hoy en día, elementos importantes a tener en cuenta a la hora de gobernar y hacer política.

César Gaviria, por su parte, anda en algo distinto pero muy importante. Está armando su partido para que sea la verdadera, y a este paso la única, opción de poder frente a las aspiraciones reeleccionistas de Uribe. Dicho de otro modo, el exsecretario de la OEA está preparando el terreno para llevar a cabo, en concreto, lo propuesto por López, en abstracto: una cruzada institucional, un frente común y democrático, para defender la Constitución en el campo electoral.

Gaviria está actuando como un verdadero estratega y sus recientes declaraciones lo demuestran. Está midiendo los tiempos y calculando las palabras. Aspira sin aspirar, ejerce sin ejercer, manda sin mandar, se impone sin imponer. Los cuadros liberales, incluso los uribistas, lo miran y entienden que está fijando derroteros, tirando línea, haciendo política dura. Saben que no podrán ignorar su peso específico a la hora de decidir y que, en buena parte, de él depende el futuro de su partido. Por eso lo oyen y lo respetan.

Estos tres mosqueteros no están unidos, pero por cuenta suya, el Partido liberal se va a reactivar. Uribe careó a todo el mundo y por eso todo el mundo se le va a ir encima, con el liberalismo como principal tanque de guerra. Al final, es posible que el Polo Democrático se sume a la causa y a una campaña en la que van a llover truenos y centellas.

¿Quién se queda por fuera de este análisis? Ah… sí… el Partido conservador. Bueno, o lo que queda de él. Hombre, es que a este paso el Partido conservador se está quedando no sólo por fuera de este análisis, sino también por fuera de la política. Qué vaina.

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