09 abril 2005

El dedo en la llaga

Muchas voces se han levantado frente a la idea del expresidente Alfonso López de hacer frente común para derrotar al presidente Uribe. El gobierno y sus amigos fueron los primeros en revirar: que ni más faltaba, que nadie quiere saltarse la institucionalidad, que el presidente ha sido siempre respetuoso de la Constitución… Otros fueron más allá. Turbay, por ejemplo, habló de cinismo intelectual. ¿Pero por qué tanto revuelo? Elemental: porque López, como nadie antes, puso el dedo en la llaga, y dolió.

Lo de López es el desarrollo natural de la línea trazada en sus columnas y tiene varios elementos sumamente fuertes. El primero es una reflexión sobre la reelección misma en Colombia, que no es buena, pues la forma de gobierno, presidencial, no da para que lo sea.

El segundo es la terquedad de Uribe de quedarse en el poder. El presidente ha dejado de gobernar por buscar su reelección, a costa de lo bueno de su gobierno, que es bastante. Por eso desde hace rato no hay presidente sino candidato y, quien lo iba a pensar, candidato emproblemado. Bastó con ver la entrevista que le hizo Álvaro García para notarlo. Un Uribe distante, eludiendo preguntas, sacándole el cuerpo a la política.

El tercer elemento es la necesidad de respetar la Constitución. López tiene razón cuando pide ese respeto, porque lo único que al gobierno y sus mayorías parlamentarias no les ha importado nunca es la Constitución. Sin embargo, López se quedó corto, porque no se trata sólo de defender la institucionalidad, sino también el salto cualitativo constitucional que se dio en 1991. Dicho de otro modo, no basta con defender la división del poder público sino también la concepción humanista del derecho y del Estado que, gracias a Dios, hoy todavía resiste los embates oficiales.

Tal vez por esto a la respuesta de López sobre el momento en que se enfrentó al Frente Nacional y a la constitución del 86, le faltó. Cuando algunos desafiaron como candidatos ese experimento constitucional, lo hicieron para defender principios y valores que se pretendía desconocer entonces. Pero lo de los amigos de Uribe hoy es distinto. Ellos, lo que pretenden es saltarse la Carta porque su texto les molesta y les impide imponer su voluntad, que con encuestas propias, confunden con la del pueblo.

Mientras que el Frente Nacional institucionalizaba la repartición mezquina del poder y del Estado entre liberales y conservadores, la Constitución del 91 lo que garantiza es que no se abuse de ese poder y de ese Estado. Por eso en ese momento era legítimo levantarse contra aquel pacto excluyente y por eso ahora es delictivo y subversivo pretender pasarse por la faja la Constitución.

Lo que propone López no es la defensa de una ideología. Es la defensa de un escenario en el que caben todas las ideologías. No es la defensa de un partido. Es la defensa de una estructura de poder, de un Estado, en el que podamos legítimamente competir en condiciones de igualdad, democráticas y dignas, todos los colombianos.

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