29 enero 2005

Catalina llena eres de gracia

La nominación de Catalina Sandino para el premio OSCAR no sólo es tremendamente positiva para el ánimo nacional, sino también muy merecida. El premio, porque la nominación ya es el premio, tiene una doble característica. Por un lado es un homenaje a la actriz en términos artísticos, y por otro lado, es un reconocimiento a una realidad absolutamente política.

Desde el plano del talento Catalina se sobró. La representación de María es tremendamente impactante. La niña del pueblo, la que termina embarazada, la viajera, muestra más con su silencio que con sus palabras. Dice más con sus miradas que con sus frases. Pero la cosa no para ahí. Su actuación también rompe de un golpe todos los esquemas de la industria del entretenimiento local. Porque Catalina brilla por su enigmática belleza carente de bisturí. De pronto por eso la rechazaron cuando quiso hacer una telenovela acá en Colombia.

Pero el análisis político de su actuación, o mejor de su película, también es interesante. Cuando María lucha por su supervivencia en Colombia la vida no le sonríe porque el entorno no la deja ser. El Estado le ha fallado. Como a tantos. Por eso María tiene que lanzarse a su loca aventura de mula echando mano del entorno malo de su sociedad. Luego los Estados Unidos son al mismo tiempo el país agredido y el país salvador: es la autoridad gringa la que la respeta por estar embarazada; es el oficial americano, policía del mundo, el que confía en su palabra; es el gobierno americano el que no la detiene.

María siente la dureza de las calles neoyorquinas pero son esas mismas calles las que la acogen; las mismas que le han dado posibilidades a tantos que en su tierra no tienen esperanza. Es el sistema de salud americano el que le muestra su bebé antes de nacer, es Nueva York la que la deslumbra con su arquitectura y le enseña el poder de la moneda dura. Es el mismo país agredido el redentor de su pecado; el que la salva de su pueblo olvidado, de su novio con el que probablemente sólo le espera una vida de violencia familiar; son los Estados Unidos los que, a pesar de sufrir el impacto de la coca en su sociedad “por culpa” de miles de Marías, le cambian su futuro sin futuro. En términos uribistas, es el corazón grande de la mano firme del mundo.

Esta visión cinematográfica es ficticia. María se vuelve mula por necesidad, por falta de oportunidades, por falta de Estado, pero que nadie se equivoque, quienes realmente padecemos el cáncer de la droga somos los colombianos. El campesino que siembra coca para sobrevivir, ese mismo al que le fumigan las vacas y los hijos con glifosato, los soldados que combaten en las montañas las balas de los grupos que se financian con la venta de la droga, el colombiano del común que se enfrenta a la corrupción y a la sociedad cuya escala de valores ha sido distorsionada por la mano perversa del dinero sucio, el viajero que sin deber nada suda cuando entrega su pasaporte en un puesto de inmigración extranjero, el hombre de la calle, cada colombiano, a su manera, es una víctima del flagelo del narco. Y lamentablemente, ese mensaje, no queda registrado tan claramente en la película.

María, víctima y victimaria, según la visión que se tome, es un ejemplo diario de una realidad política atroz. En la película Catalina Sandino la lleva de la mano, la crea, la recrea y se la muestra al mundo. Pero ojalá el mensaje de esta magnífica actuación llegué bien. Porque no se puede pensar que la demanda de coca generada en los Estados Unidos no es parte del problema del narcotráfico y tal vez la parte más importante.

Si la nominación de Catalina Sandino a mejor actriz sirve para que más y más gente vea la película y para que el mensaje llegue como debe llegar, ahí sí no sólo habrá que aplaudir sino también muy probablemente habrá que gritar, no sólo María, sino Catalina, llena eres de gracia.

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