22 enero 2005

El zumbido

Los americanos, que tanto saben de política, tienen una frase maravillosa: “Politics stops at the water’s edge”. Con esto quieren decir, literalmente, que la política termina en la orilla del agua. Mejor dicho, que por más diferencias políticas que tengan internamente, por más pólvora que se queme en la batalla partidista, a la hora de hablar de los Estados Unidos en otro país, las rencillas se dejan atrás.

Esa regla se seguía hasta hace poco al pie de la letra. Pero la globalización y la polarización llevaron a que las cosas cambiaran. Alguna vez Bill Clinton, ya convertido en ex presidente, le lanzó varios vainazos al presidente Bush en el congreso del Partido Laborista inglés. Esto, inimaginable anteriormente, fue visto como algo normal en los Estados Unidos, porque lo que estaba sobre la mesa era el tire y afloje entre la libertad y el orden, y eso es algo que, más que político, es existencial.

Los colombianos, que también sabemos de política pero tenemos un lenguaje distinto, diríamos: “La ropa sucia se lava en casa” o “Hermano, lo que está en el rancho déjemelo en el rancho, ¿listo?”. Pero eso en la teoría, porque en la práctica, en materia política siempre hemos hecho todo lo contrario. Como aquí lo extranjero descresta, los impulsos externos terminan convertidos en armas políticas.

De lo anterior pueden ponerse dos claros ejemplos. El primero, Uribe y su arenga internacional de que aquí no hay guerra y de que la oposición comulga con el terrorismo (¿remember la campaña del referendo?); y el segundo, la iniciativa de algunos opositores de crear un mal ambiente internacional contra el Presidente. ¿Que la ropa sucia se lava en casa? Ni tan cierto...

Hay momentos, sin embargo, en que a pesar de que entren en juego factores internacionales, todos cierran filas en torno a la misma causa. El mejor ejemplo acabamos de vivirlo. Seis ex presidentes que durante años se han dado duro y parejo, se sentaron a la mesa para unir esfuerzos en torno a la postura que se debe asumir frente a Venezuela. Y el resultado, en un acto de solidaridad sin precedentes: todos para uno y uno para todos. Como si jugara la selección; con razón o sin razón, con posibilidades o sin posibilidades, todos con la camiseta y a una sola voz.

Esa reunión, sin embargo, no puede llevar a engaños. Porque dentro de los bordes de las aguas, aquí en el país, es mucho lo que pasa y mucho lo que se gesta. Cuando baje la marea, Belisario volverá a sus libros y la cultura. Es cierto. Pero no los demás. Porque todos ellos retomarán lo suyo y la política se volverá a calentar.

López seguirá luchando a brazo partido por el acuerdo humanitario y la inconstitucionalidad de la reelección. Turbay seguirá insistiendo en que Uribe debe ser candidato liberal y que existe la posibilidad de que haya una Patria Nueva más uribista que el Ubérrimo. Samper seguirá con su mente en el ajedrez, moviéndose de aquí para allá, midiendo y calculando, y Pastrana, que ya probó el agua viniendo dos veces, ya sabe que está perfecta para él. Por eso se irá, pero sólo para volver.

Mientras tanto, Uribe seguirá en campaña: la economía, la salud, el trabajo, todos los temas importantes de gobierno serán temas electorales. Pero, ojo: es probable que por cuenta de las encuestas al Gobierno le dé por seguir zumbándole al oído a Chávez y, Dios no lo quiera, la cosa puede ponerse peor. Ahí las aguas ya no sólo habrán dejado de ser para siempre el borde de la política, sino de pronto, esperemos que no, por cuenta de ese zumbido pueden terminar siendo un escenario en el cual el diferendo con el hermano país empiece a discutirse a las patadas. Eso, simplemente, es algo que no puede pasar.

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