24 junio 2006

Gol a la política


Cada cuatro años por esta época el país se paraliza y las razones son principalmente dos. La primera es la elección de presidente. Hay expectativa, se hacen cálculos sobre quiénes serán los ministros, la gabinetología se impone. En el campo del Congreso se empiezan a armar las bancadas, se discute sobre las comisiones, es como si el país político entero se preparara para un espectáculo de talla mundial y de cuatro años de duración.

La segunda razón que paraliza al país es el mundial de fútbol. Si Colombia participa, acordémonos de lo bonito que era cuando eso pasaba, la “Fiebre amarilla” nos contagia a todos. Banderas, balones, todo es “Que viva mi selección”. Y si, como sucedió en este mundial, nuestro país se queda por fuera, la euforia es menor pero también alta. “Hay partido esta tarde, llevemos televisión a la oficina…”.

En esta oportunidad, sin embargo todo parece distinto. En el ambiente político algo pasa. Es como si la política hubiera entrado en un letargo profundo, como si estuviera moribunda, como si nada en ella fuera interesante. ¿Qué puede ser si al fin y al cabo no es el síndrome de la selección? Fácil: es el síndrome de la reelección.

Desde que Uribe ganó ya era claro que por más “Uribe versión recargada” que hubiera, no mucho iba a ser distinto, por lo menos en el ambiente. Y la cosa se confirmó con el anuncio del nuevo gabinete. Cierto, este es un gabinete de verdad, con ministros de verdad y no con ministricos, como antes. Aún así, con más política y menos micropolítica (aunque hay que ver si el estilo personal del presidente de abarcarlo todo da para eso), aún con políticos talla XL en los primeros puestos, la política parece hibernando por estos días.

Por lo anterior los ojos se pegan a los televisores y al fútbol. Por eso cuando se habla de “El Conejo” ya no se piensa en un corregimiento de algún municipio del sur del país para hacer el acuerdo humanitario. Tampoco en la faltoneada del gobierno en el proceso de paz y mucho menos en el alias de un jefe paramilitar. Se piensa, de pronto, en el argentino Saviola. Eso…

Hoy se habla más del descalabro de Francia que del descalabro del Partido Liberal. Se le apuesta más a la “oposición” de la selección de Gahna que a la oposición del Polo democrático. Y sobre todo, díganme si no, ya no es Uribe el que mete los goles. Ahora es Ronaldo.

Pero este gol del fútbol a la política es temporal. Porque ida la dicha, pasado el encanto que nos producirá a todos ver a nuestra Shakira divina moviendo en el estadio olímpico de Berlín sus caderas que nunca mienten, se desvanecerá el sueño y volveremos a la realidad. Entonces veremos a Uribe posesionándose como presidente por segunda vez, a Carlos Holguín como ministro del Interior y al Alto Comisionado viendo a ver qué se inventa para no tener que extraditar a Mancuso. Sí. Volveremos a la realidad. Volveremos a la política. Y ojalá esta vez el “nuevo” gobierno sí le meta la mano al fútbol. A ver si podemos volver algún día a un mundial.

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